Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

1 Las hormigas y el tanque

Un tanque teledirigido asolaba los hormigueros. Aprovechando una semi-reforma política, las hormigas eligieron a unas cuantas para que arreglaran el asunto. Las elegidas se montaron en el tanque, que siguió asolando teledirigidamente los hormigueros y ellas se pasaban la mitad del tiempo haciendo como que lo dirigían y la otra mitad, persuadiendo en los mítines a las demás hormigas de que dentro de tres años las cosas irían mucho mejor.

2 Los escarabajos, el puño y la rosa

Aprovechando una semi-reforma política, un grupo de escarabajos se pintaron en el lomo un puño y una rosa y subieron a lo que la gente llamamos el poder Pero, en vez de guardar la rosa para los pobres y enseñar el puño a los ricos, ofrecieron la rosa a los ricos y machacaron con el puño a los pobres. No se sabe cuántos años más seguirán en lo que la gente llamamos el poder.

3 El somormujo y los obreros

Un somormujo, secretario general de un partido de somormujos obreros, fue elegido presidente de¡ gobierno y una bandada de somormujos ocuparon los puestos directivos con un sueldo medio de cien obreros cada uno, Gracias a este pequeño detalle, resultaron inmunes a las críticas, ya que, en vez de mirar el sueldo de los obreros, miraban la cantidad de obreros de su sueldo y se seguían considerando un auténtico partido de somormujos obreros.

4 La gata y el amor monopolista del estado.

Una gata cariñosa y de buen ver descubrió inopinada mente la flor de su amor eterno a un gato de mediana edad amigo suyo. Pero la flor del amor eterno tenía un tallo injerta do en el amor monopolista de Estado. Y cuando el gato fue obsequiado con aranceles, policía, celos, aduanas, etc., hizo fú, aunque siguió siendo milagrosamente amigo suyo a media distancia.

5 El gorgojo disidente.

Un gorgojo disidente vivía descontento de la organización dominante en su jardín y en todos los jardines en general, a la que consideraba opresora, funesta, omnipresente y muy difícil de sustituir, especialmente después del fracaso de experiencia. colectivistas en los jardines próximos. Hasta que un día cayó en, la cuenta de que detrás de la fachada televisiva de la organización, nacían los nuevos jardines del futuro y se murió contento.

6 Los gusanilos amorosos.

Dos gusanillos amantes (más amante la gusanilla que el gusanillo, justo es reconocerlo) siguiendo la opinión de Augusto Monterroso, decidieron que su amor no lo fuera del todo para que lo siguiera siendo. Así vivieron permanentemente en el dulce estado de imbecilidad transitoria del enamoramiento, es decir, en el limbo, cuando precisamente el limbo acababa de ser retirado por el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica del depósito de las verdades perennes de la fe.

7 El grillo matamático.

Un grillo medianamente cariñoso y atractivo que cultivaba la matemática amorosa pensó que quizás se debería cambiar el clásico triángulo de dos vértices masculinos por otro con dos vértices femeninos e incluso introducir otras variedades de polígonos. Pero, al cabo de un tiempo, advirtió que sobre el plano de los triángulos ideales gravitaba un campo de vectores reales no controlados, y, mientras evitaba ser el centro de una multiplicación inexplicable de polígonos arrojadizos, pensaba seriamente en dedicarse a la geología.

8 El mirlo y los insultos.

Un mirlo militante, para desahogar su corazón y afirmar su celo, insultaba frecuentemente a los opresores llamándolos cabrones e hijos de puta; pero, con el tiempo, cayó en la cuenta de que los cabrones podían ser un anticipo de la socialización del sexo y que, según el evangelio, las putas irán delante de nosotros al reinado de Dios, y desde entonces llamó a los opresores aristócratas y burgueses de mierda, que es lo que debería haber hecho desde el principio.

9 La agencia de viajes.

Una agencia de viajes hacia el mundo del futuro consiguió un respetable monopolio quemando vivos a los empleados de las agencias rivales. A partir de ese momento, los empleados se limitaron a hacer propaganda de la agencia, entregando preciosos folletos a los clientes reunidos en confortables salas donde cantaban a coro su fe, en primer lugar, en las excelencias del viaje y, finalmente, en las excelencias de la agencia, relativamente contentos, aunque (o quizás porque sabían que nunca irían a ninguna parte).

10 El Búho ministro de Hacienda.

Un búho que permaneció muchos años al frente de la Casa de la Riqueza (que es como llaman en los países árabes a la Hacienda Pública) recomendaba en los años buenos no subir el sueldo de los obreros para no recalentar la economía y contener la inflación; y en los años malos recomendaba lo mismo, para permitir así la recuperación de la economía y que vinieran otra vez los años buenos y volver a recomendar no subir los sueldos para no recalentar la economía y contener la inflación, etc..

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