DEL DULCE FRUTO DE OTRO TIEMPO

Quien me agrede es un árbol enfermo.
No le pido la paz pues aunque quiera no me podrá ofrecer el dulce fruto de otro tiempo...

¡Herido en mi interior,
no cargo música ni canción enhebro.
Un desgarrado estruendo lo estremece,
carcome sus ternuras; me hace gritar que duelo!

Después de la rosa en la escalera
debieras conocerme los silencios...
Saber las terribles realidades
que me asfixian
siendo piedras filosas en el pecho.

Perdona las paredes con tu nombre.
Los altos gritos que no escuchas cuando tiemblo.
La más caliente llama por mi cara.
Pregúntale a Jesús: ¿Qué ve en mi centro?
¿Cómo sufre mi corazón desde hace tiempo?
¿Cómo también llora conmigo
cada vez que te recuerdo,
cada momento solo y sin salida
en que tengo que hablarle a labio abierto?

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