LA ROSA EN LA ESCALERA

MI CUARTO

No quiero terminar en un número mis días. La columna que aguanta mi existencia es más fuerte que el aire y la luz que arden afuera. Un quinqué apagado en nuestro cuarto, dos figuras que apenas si se besan, la mariposa libando en tus caderas.

Las paredes del baño se quieren ir abajo. Las locetas absurdas se desprenden. Las aves, que no tienen aire para sus alas sino papel, se miran y tropiezan.

El viento de este cuarto es ancho y nuevo. La música en la radio se detiene. El entreabierto guardarropas, muestra las camisas ordenadas. En mi escritorio, el libro que tiene las palabras, el disperso poema de mis días. Afuera se mojan las raíces mientras espero el centro mismo de la alegría, anhelo los 30 sonetos que Marcos prometiera... Se esfuma mi cansancio... Suena la rumba obre el techo. Llueve y Pablo Armando debe regocijar los ojos en cada gota. En la pared, Fabelo entrega una flor más grande que su mano a quien lo mira.

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