(Hernani 1911-Madrid 1991) Poeta español, cuyo verdadero nombre era Rafael Múgica. Estudió ingeniería en Madrid, y en la Residencia de Estudiantes conoció a García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Guillén, Diego y otros, que determinaron su vocación literaria.

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
que golpea las tinieblas.


Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades;
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas

que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,

piden ser, piden ritmo,

piden ley para aquello que sienten excesivo,

Con la velocidad del instinto,

con el rayo del prodigio,

como mágica evidencia, lo real se nos convierte

en lo idéntico a sí mismo.


Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos, dar un sí que glorifica.


Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.


Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quién no toma partido
partido hasta mancharse.


Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren,
y canto respirando.
Canto y canto y cantando más allá de mis penas,
de mis penas
personales, me ensancho.


Quiero daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso, con técnica que puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesia: poesía-herramienta

a la vez que latido de lo unánime y ciego.

Tal es, arma cargada de futuro expansivo

con que te apunto al pecho.


No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.

Es algo como el aire que todos respiramos

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo

como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

A VUESTRO SERVICIO

Me he acercado hasta el puerto.

Chillan hierros mojados y una grúa resopla.

Los obreros trabajan y maldicen a ratos.

-¿Un cigarro, buen hombre?

Buen hombre me ha escupido su silencio.

Buen hombre me ha plantado

con unos ojos claros todo su desprecio.

Los hombres tienen hambre.

Los hombres tienen miedo.

Mas no nos piden pan.

Mas no nos piden sueño.

Gritaré lo que quieran por no sentirme odiado.

Gritaré lo que quieran por no sentirme odiado.

Cuando me fusilen

quizás alguien me ponga un cigarro en los labios.

TODAS LAS MAÑANAS, CUANDO LEO EL PERIÓDICO

Me asomo a mi agujero pequeñito.

Fuera suena el mundo, sus números, su prisa,

sus furias que dan a una su zumba y su lamento.

Y escucho. No lo entiendo.

Los hombres amarillos, los negros o los blancos,

la Bolsa, las escuadras, los partidos, la guerra:

largas filas de hombres cayendo de uno en uno.

Los cuento. No lo entiendo.

Levantan sus banderas, sus sonrisas, sus dientes,

y una belleza ofrece su sexo a la violencia.

sus tanques, su avaricia, sus cálculos, sus vientres

Lo veo. No lo creo.

Yo tengo mi agujero oscuro y calentito,

Si miro hacia lo alto, veo un poco de cielo.

Puedo dormir, comer, soñar con Dios, rascarme.

El resto no lo entiendo.

A José Ortega, pintor ibero

 

La vida tercamente cargada y explotada:

la fuerza de la tierra surgente: la evidencia,

los hombres alineados como espigas que apuntan

y un mal viento quisiera derribar en miseria.

Mas crecen, siempre, creciendo se reinventan,

no ponen su presencia con dolor trabajada

contra el turbión que azota, parece que les borra.

Mas sólo es un elipse. Y sigue, y dura, y graves

los rostros que carcomen amarguras arcaicas

y el transcurso del llanto que sobre el barro-madre

va señalando surcos y gestos de hombre ibero.

¡Tiren si a tanto llegan, al pimpampum! Veremos.

Aquí están de uno en uno, propuestos, dolorosos,

salidos de la nada, mirándonos de frente,

materia levantada con su herida, luz y ojos,

orgullo y más ¿Qué pasa? duración transcendente,

los hombres del momento, los dioses insurgentes

y aun sin nombre que anuncian los dolores gloriosos.

Unas límpidas gotas, penúltimas, redondas,

como un verso precioso de no resuelta joya,

y a veces sólo sangre, sal y sudor de miedo,

depositan temblando su exceso en un extremo.

¡Disparen pimpampum. Disparen si no advierten

que en esos mil y un rostros, mil y un dioses emergen!

Sobre una horizontal, iguales y distintos,

con toda la tormenta metida en su silencio,

mirándonos de frente, mirando como solo

se mira con el rayo que se para en su exceso,

estos hombres, tus hombres, los hombres cien mil veces,

José Ortega, distintos, mas por igual sufriendo,

los hombres de tus cuadros, el cuadro de mi España,

y yo como un idiota tirado por los suelos,

mordiéndome los puños, pensando mi verguenza,

saliendo de colores, me sacudo los sueños.

¡Disparen pimpampum al pueblo tentetieso!

y contemplen - si pueden - sin temblar su silencio.

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