La lluvia es un horizonte

que se derrama,

otra hoja que cae

cuando sale el sol

o llega la noche.

 

No te atormentes con mis palabras.

De nuevo ascenderá al tacto

el odio de otra teoría perfecta

y tendremos que volver a las guerras

que destruyen al hombre,

en nombre de la paz.

 

Mi corazón,

por ejemplo,

un día vio a la lluvia caer

sin reposo, sobre vastas multitudes

olvidadas por los humanistas.

 

Ahora,

nadie habla,

mientras los rostros se esfuman

entre los bosques petroleros

ocupados por la codicia.