IX

No me destierres de tu amor.

No podría dormir sobre la noche,
si mis ansias, que conocen tu alma
y tu cuerpo florecido,
las perdieran para siempre.

Como ahora, que soy en ti,
el que puebla y ordena...
déjame ser como ahora
que me alegro en descansar
sobre tu piel
mi ardiente sueño...


X

Y hundir mis manos en tu cuerpo de seda
como estrella que hunde su luz dentro del agua.

Tú,
que eres la ciega palpitación de mis tinieblas,
recibe dulcemente esta acogida,
que yo no fuera yo por ser mis manos
y no vieran mis ojos  sino por tu mirada.

Pero mis palabras no dan para este canto.
Son flacas como hojas amarillas,
como culebras argentadas  se resbalan.
No llegan a ser la burbuja trasparente
de una playa,
no son un pie desnudo
y mi pensamiento
el zapato que las calza.
Son lejanas...   lejanas.
Son pequeño límite que anhelo,
están en el fondo del pozo  en la garganta,
al borde de mis labios
y no estallan!

Se me escapan como peces.
Como sombras se me escapan.
Como tú me rehuyen las palabras.


XI
                
Hay   cuerpos    que   no   deben   repetirse
                           Federico García Lorca


Hoy.   Tres días después.
                      Martes.
Cercado de ausencia.
Carcomido de sombra y nostalgia.
Pienso  y siento en el olfato
un olor puro a golondrinas.
Pienso  y siento entre las manos
una falta de beso y caricia.
 Fuera de mí
 los árboles
 en su quietud
 parecen comprender
 que estoy pensándote.
Grito.  Exijo que te acerques.
Exijo las mismas golondrinas
que había el domingo.
Beso el aire.  Busco tu boca
para sostener o multiplicar
las pocas ganas que tengo de vivir.
Ahora, atardeciendo el martes, me ahogo.
¡Tu pelo negro!  Tus mejillas.
Tu cuerpo de amor que no debo repetir
me llenan la memoria con tres días
y obligan a cerrarse mis ojos y mis puños.


XII

Distancia...
Tu alma muy lejos de mi ser.
Como el primer rocío sobre la hoja: seco.
Como el sonido-eco
que repite la conciencia
y propaga tu nombre
en el ámbito matinal.

Distancia...
Tus blancas manos
se abren por otros vientos...
y tu voz-trino
gorjea una canción...  l e j o s ...

Aquí,
en esta soledad,
hay un olor a geranio muerto...