Con tu RABIA REVELADA,
tu grito de virar la mesa
y el cielo de tu amor
manifestado;

entiendo y siento
los fríos
que has tragado...
Y me atrevo recibir

tu miedo con su gracia,
tu pequeño beso
de relámpago,

el continuo riesgo,
en la luz de la ciudad,
de tus días más livianos...