Vamos a entrar ahora en el bosque
donde ya han esperado tanto tiempo los pájaros
tu presencia y la mía.
Vamos a oír las voces
del viento que en los árboles
se hermanan con los cantos de los pájaros.
 
Vamos a entrar cantando
hasta encontrar la hebra
del primer trino en algún árbol.
Vamos a entrar despacio
hasta el follaje denso
donde el sol llega apenas en jirones,
dorando la tierra y las raíces de los cedros.
 
Tu presencia y la mía
en el bosque la esperan hace tiempo los pájaros.
 

Manuel Felipe Rugeles1

1. Sensibilidad, Creación y Vocación

1.1. Creación y Vida

El Humanismo Integral, que procura el equilibrio entre lo pragmático y lo teórico, entre la ratio technica y la verdad o razón alethéitica, anhela, igualmente, que "la ciega investigación de la verdad científica no olvide su responsabilidad humana y su dignidad". (Einstein)2 . Pone el acento en el espíritu crítico y la creatividad, dentro de un momento científico, en donde la prospectiva es la utopía más la verificación, en donde la cibernética misma apela, como medio de investigación y descubrimiento, al razonamiento por analogía considerado por mucho tiempo como del dominio exclusivo de la poesía.3 Creatividad que, se ha evidenciado, exige un pensamiento crítico, científico, a veces dado con la anuencia o complementariedad del pensamiento alógico, incluso, no racional, circundado por una razón poética como visión del mundo, en acechanza permanente del "asombro" que hoy se llama "creación", invención.

De donde, más que nunca, la razón poética ha de asistir a la razón científica, y viceversa, en aras de una unidad de conocimiento humano sobre la base del diálogo y la unidad de las ciencias.

De donde, urge decidirse por la sensibilidad artística en función del Proyecto de Vida, del Proyecto Creador, en los que cada hombre ha de afianzar su vocación, al interior de un contexto, comprometido, crítica y participativamente.

1.2. Sensibilidad Externa e Interna

Atento el hombre a su vibracionalidad, en cuanto eje y flecha de la evolución, inmerso en el gran flujo de creación de la humanidad; entre ansiedades, inseguridades, angustias y hecatombes, un día da con la luz o la luz da con él.

Llámese metanoia, conversión, encuentro personal, cambio interior, íntima revolución en sinergia fecundante de co-creación, manía humana ha sido siempre la de captar y realizar la unidad de la persona que llevamos, que exhibimos en heterorrelación constante, dentro de la mántica encarnada en la simpatía filo-ontogenética de la razón humana.

Materializando el espíritu o espiritualizando la materia, damos con nuestro yo, esa sensibilidad humana comprensible sólo al interior de un sistema total orgánico, donde convergen por igual las distintas facultades espirituales. Capacitado para sentir, susceptible al sentimiento y la emoción, dotado de voluntad, intelecto e imaginación, el hombre es capaz de auto-conciencia, de sensibilidad, en cuanto germen ésta de racionalidad, pasaje de lo sensible a lo racional en gradual continuo.

A partir de la percepción, suma selectiva de sensaciones, como por ensayo y error, por tanteo, el hombre va desde una sensibilidad externa a una interna, alcanzando una genérica - sintética, gracias a su tacto personaltacto seguro (aisthésis) del que depende que podamos fijar la sensación de nuestra existencia, la radiografía de nuestra humanidad, en búsqueda de estrategias vitales de auto - realización, dentro del mejor autodiagnóstico existencial, en comunión con los demás hombres.4

En un como vaivén existencial, el sentido del tacto -fundamento del entero comportamiento humano- nos permite permear el real hasta aproximarnos o adentrarnos en nuestro fuero personal interno, dar con los fundamentos de esa "fuerza que tiene el espíritu de ponerse en contacto, de una manera u otra, con el ser cirunstante, penetrarlo y posesionarlo", es decir, dar con su sensibilidad, la que a la larga le permite someterse a la prueba del real para confirmar su propia naturaleza emocional sensitiva, donde el "sentido común" emerge como el vértice de una sensibilidad externa, al tiempo que umbral de la sensibilidad interna.5

La memoria como conciencia del pasado, influye en nuestro presente, junto con todas las huellas psíquicas hechas rutinas y hábito, aprendizaje, código y clave de comprensión socio-humana. La imaginación en cuanto facultad de representación de los objetos y fenómenos ausentes, inexistentes, dota a la memoria de una carga imaginativa que va configurando al hombre de fantasía o de imaginación creadora gracias a nuestras potencialidades intrínsecas. Surge, entonces, el momento de la emoción y el sentimiento, esa afirmación espontánea inmediata de quien percibe lo que percibe, de quien constata su ser, en orden a un juicio particular de valor, la vis aestimativa o cogitativa considerada punto supremo de sensibilidad, inicio de la racionalidad. Fuerza estimativa que evoca la antigua "caña pensante" que, al interior del sentimiento, configura el juicio estético, dándole validez a la sensibilidad interna con toda su peculiaridad de representación, conciencia e inclinación.6

El sentimiento, así, recoge en una unidad singular los datos de los sentidos externos y todas las síntesis parciales de los internos, gracias a esa "ratio particularis", fuerza totalizadora de la esfera de las operaciones sensibles del hombre que, quiérase o no, inflama de racionalidad a las facultades sensitivas, dándole significado a las operaciones endógenas y exógenas, transformándolas en signos expresivos de interioridad del sujeto. Fuerza que, desde otro ángulo, va a ser "la capacidad de participar en las emociones de los demás o de simpatizar", más aún, de participar y acoplarse con la totalidad de humor que colorea las expresiones socioculturales anímicas de una época, un aquí y un ahora. 7

M. Blondel atribuye a la sensibilidad un rol propedéutico con relación al conocimiento racional y científico, donde la vida psíquica humana es el resultado de una ósmosis entre hombre y cosmos, estando la vida consciente precedida de aquella inconsciente y fisiológica siendo los sentidos externos puntos de partida psicológicos. Justamente, el punto de partida real no puede ser dado sino por el cuerpo, globalmente considerado a través del encuentro del yo con el mundo; estado real y complejo del cual, en sinergia constructiva, fecundante, nacen las diferentes energías preliminares que dan vida a la conciencia.8

De donde, con el italiano Sante Babolin, podríamos concebir la sensibilidad humana como "aquella tendencia del espíritu, radical, originaria, única e indeterminada, que funciona, actualizándose y especificándose, en todas las facultades humanas, sensitivas y racionales, como un denominador y vínculo de unidad". Siendo así que aquel algo de común existente entre las potencias de nuestra animación -sentir, conocer y querer- manifiesto en la actividad perceptiva, es lo que configura la sensibilidad humana, la nota esencial y constitutiva del espíritu humano, equivalente a la misma naturaleza humana singular. Diríase que el mundo de las cosas y el de las ideas, lo sensible y lo inteligible, encuentran en la sensibilidad la clave gnoseológica en la que converge la explicación del conocimiento.9

1.3. Proyecto de Vida y Proyecto Creador

A partir de estas premisas, cabe indagar acerca del papel de la sensibilidad en la persona humana, en la búsqueda de la visión del mundo de cada hombre. La sensibilidad debería ser la plataforma real que nos permita la toma de la conciencia del ideal interior junto con el descubrimiento y posesionamiento de los medios expresivos, del lenguaje adecuado al diseño de nuestro Proyecto de Vida, a partir del reconocimiento de nuestras propias potencialidades, en una genuina libertad que nos permita pronunciarnos frente al propio destino. A través del papel activo de la sensibilidad externa, por medio de abstracciones y selecciones perceptivas, podrá el hombre alcanzar el mejor desenvolvimiento de su ratio particularis, de su diferencia individual en consonancia con el contexto existente inmediato y mediato.

Dentro del más racional reconocimiento del sufrimiento y flexibilidad humana, progresivamente, el hombre debería ir despejando las incógnitas de su propia creación y destino; de su auto-creación, desindividualización, co-creación y socio-creación. Allí es donde, en sano Humanismo Integral, la creación artística puede llegar a ser objetivación de la experiencia estética en aras de creación global. La vocación humana estribaría en una gestión de vocación artística en función del Proyecto Creador de cada hombre.

La gloria del vivir nacería, entonces, desde el corazón del hombre como fruto de su misma sensibilidad, de su templanza y perseverancia, de su valor y entereza; de la conciencia de ese gran dolor en viaje, de esa lúgubre letanía del dolor humano, donde sólo el liviano equipaje de la libertad le permitiría pronunciarse frente al propio destino, hasta alcanzar algún día la explosión del triunfo.

Surgiría, así, la visión de un hombre artífice de su propio destino, arquitecto de su propia vida, de manos con la lámpara de la sensibilidad, dando cada día con su arte, con su mejor yo. Entonces, podría corroborarse que el paradigma real de la existencia humana no sea otro que la sumatoria de los intríngulis conscientes signados por la sensibilidad en función de Vocación Creadora. Tarea del hombre sería vivir en permanente búsqueda de completitud humana, en creciente realización. La vocación podría entonces ser definida como la permanente atención que el hombre brinda o depara al llamado personal, sociogénico, con miras a un sinérgico desarrollo colectivo.

1. 4. Evolución y Metanoia

Inmerso en el gran flujo de la creación de la humanidad, el hombre asiste hoy a una de las más convulsionadas épocas de su historia, la "era de la ansiedad". Inseguridad individual, desestabilidad familiar, amenazas de hecatombe atómica, angustia generalizada, galopantes crisis, constituyen la urdimbre, la estofa, la trama del Universo, con complejidad creciente. (T. De Chardin).10

Frente a esta realidad, se nos exige una tarea, un objetivo en nuestra vida, el desempeño de una misión que, por contraste, ante la unificación, ubiquitariedad, instantaneidad y omnicontemporaneidad histórica de la "Aldea Global", ante la interactividad, movilidad, convertibilidad, conectabilidad, omnipresencia y mundialización - claves del futuro ecuménico planetario - obliga a una diversificación de funciones, dada la impresionante especialización requerida. Lo que demanda una adecuación continua, una permanente "puesta al día"; inventar en cada ocasión una tarea, una función, un papel nuevos. Como si se tratara de tener que vivir varias vidas en una sola o en "renacimientos sucesivos".11

Difícil, entonces, pretender ser "de una sola pieza" en un mundo en mutación constante. Los llamados o llamamientos unívocos de ayer, tórnanse hoy plurívocos o pluridimensionales. Un ingeniero o arquitecto, por ejemplo, no entienden fácilmente a un abogado, a un financiero o a un médico, quedando la vocación cada día más signada por un enfoque interdisciplinario de "tolerancia positiva" enriquecedora, donde la interacción es base del progreso consciente, sinérgico y solidario. Sería como referirnos a una heterogeneidad dentro de una organización centrada en complejas interioridades compartidas, interdependientes. Todo lo cual nos llevaría a la configuración o formulación de un Proyecto de Sociedad Alternativa capaz de una real liberación mediante decisiones innovadoras dignas del escenario globalizado que actualmente nos circunda.

A pesar de que sepamos que la "humanidad nace sobre todo en las horas de crisis", difícil para el hombre de hoy elegir, encontrarse a sí mismo, participar en la hechura de un mundo cada día más violento, donde la misma "economía del conocimiento" nos presenta una ingente brecha. Entre tanto, el éxito del hombre estriba en entrever su propio sueño, en llegar a un cambio interior, a una conversión, a una metanoia, en lenguaje paulino, capaz de llevarlo a una revolución de su estado de conciencia, en función de una sinergia optimizadora de su realización colectiva.12

Equivaldría a una experiencia de liberación capaz de plasmar una autenticidad, una unanimidad y una verdad, dignas de trascendencia y de advenimiento histórico. Es decir, un real estado naciente entendido éste como "un estado de transición del social en el que se constituya una solidaridad alternativa y una exploración de las fronteras del posible dentro de un cierto tipo de sistema social, a fin de maximizar lo que de aquella solidaridad sea realizable en un momento histórico determinado".13

Estado Naciente que respondería a un real Humanismo Positivo Integral, caracterizado por una individualización (ego-creación), una desindividualización (co-creación) y una contextualización o creación social (socio-creación).

Para ello, es indispensable el concepto de autoestima: esa energía, fuerza interna, proveniente del organismo mismo, que organiza todos sus procesos, les proporciona sentido y dirección, les ordena y orienta, dando lugar a la experiencia, integrándola a su contexto propio individual. Energía que se afianza en dos sub-sistemas interdependientes: el sí mismo y el contexto, representado en el tiempo, el espacio, los aprendizajes, las experiencias del otro, las alternativas, los recursos, valores y normas: un campo de fuerzas que proporciona actualidad, especialidad, originalidad y creatividad a nuestra experiencia total.14

Sistemáticamente, a partir del sí mismo y del contexto individual, de pareja, familiar, organizacional y social, en orden a niveles de complejidad creciente, respondemos a una cultura y a una ecología, donde la autoestima, conscientemente entendida y vivida, nos libera de cualquier catástrofe, individual o social, permitiéndonos llegar a ser, es decir, encontrarnos, hacernos, realizarnos en optimismo existencial, en Humanismo Integral, lejos del miedo al universo o a lo humano mecanizante y absorbente.15

1.5. Vocación y Campo Intelectual

Diríamos que el asunto de la vocación, el impulso vital del hombre, pudiera enfocarse desde tres ángulos: el ontológico que sería la razón de ser que la ubica dentro de la sustancia raizal de su identidad; el estético o la vocación de ser, que atañe a la percepción de sus relaciones sensibles, en coherencia funcional; y el ético en cuanto voluntad de ser que preside los alcances connotativos de su contenido, dentro de una genuina autenticidad y finalidad.16

Focalizando aún más, diríamos que la vocación es el llamamiento, la inclinación o afición que acompaña al hombre hasta signarle definitivamente su vida. El deseo vehemente de querer vivir, ser hombre, alguien en la vida. Aliento vital, moldeamiento del instinto, de las pulsiones humanas. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Hacerse como razón última de la persona. Darse formas nuevas. Crearse a partir de lo que fuimos, somos, hacemos y seremos. Progreso hacia sí mismo. Madurar, cambiándose incesantemente. Advertencia de la posibilidad de las potencialidades. Intuición del oficio vital. Determinación, elección de nuestra corriente existencial. Establecimiento de una racional vibración del hombre consigo mismo y con todo cuanto lo rodea.17

En otras palabras, conciencia inmediata, deseo de duración, trascendencia, auto-realización, auto-responsabilidad. Pesquisa sobre el Proyecto de Vida Personal. Tendencia actualizadora, direccional, hacia la totalidad, dentro de un tropismo ascensional positivo. Estado Naciente, no transitorio sino proactivo, permanente. Movimiento productivo centrado en sí mismo. (Carlos Rogers). Búsqueda del ritmo propio. Meditación sobre el ¿qué somos? ¿por qué estamos? y ¿para qué servimos?

Impulso vital que desemboca en la evolución creadora que ha de definir nuestra energía espiritual.18 Impulso existencial. Conjugación de lo real extensivo con lo concreto intensivo. Socialización de expansión y de comprensión. Alternativas de explicatio y complicatio: de desbordamiento y recogimiento.19 Espíritu de simplicidad. Sinergia evolutiva. Llamado histórico. Memoria histórica. Compromiso de cumplir la promesa.20

Tarea para la que fuimos llamados por la naturaleza y hasta por Dios. Aptitud, ocupación básica, inclinación imperiosa, goce espiritual por una ocupación, arte, estudio u oficio. Magnetismo proveniente del campo intelectual, del sistema de líneas de fuerza que en un momento dado del tiempo estructuran, apuntalan el Proyecto Creador. Atracción del campo cultural dotado de un peso funcional específico. Participación y acoplamiento con la tonalidad de humor que colorea las expresiones culturales anímicas de una época.21 Aceptación de la circunstancia única e ineludible: de la nación y del tiempo que nos tocó en vida, el aquí y ahora nuestros.22 "Lograr realizar algún día lo que constituyó nuestro sueño primordial desde que fuimos jóvenes, es decir, ser poetas… (por ejemplo)" (Ludovico Silva).

En una palabra, trátase de una completitud del fenómeno humano, de un henchimiento pleno de la vida, sin pérdida de tiempo. A pesar de que a todos, al final, pueda correspondernos sobre nuestras tumbas el epitafio italiano: "Qui giace un uomo che poteva fare di piú".

2. La Cueva de los Suspiros

2.1. Objetivo

A la luz del anterior marco ideológico, referencial y en aras del establecimiento de una racional vibración del hombre consigo mismo y con cuanto le rodea, en pro de una auténtica completitud del fenómeno humano; conscientes de que el arte puede constituir medio para completar la insuficiencia emocional latente en cada hombre, así como de que una genuina educación puede orientar en lo estético estimativo, en nombre del fortalecimiento de la integridad social, nos disponemos ahora a rendir cuenta de la experiencia ecopoética obtenida a través de las "experiencias vividas" en La Cueva de los Suspiros, una de las diez estaciones que integran el Taller Ecológico del Parque Natural Paramillo de la UNET, Universidad del Táchira - Venezuela, a partir del año 1989 hasta nuestros días.

La Cueva de los Suspiros del Taller Ecológico del Parque Natural Paramillo, ubicada en los predios de la UNET, tiene como objetivo el aprovechamiento del medio ecológico como escenario vivencial para la reflexión, la creatividad y la animación espiritual.

Reflexión, creatividad y animación enmarcadas dentro del concepto de sensibilidad y el papel fundamental que ésta presenta en el fenómeno y la realización de la vida humana. Sensibilidad que, en cuanto tendencia del espíritu que actualiza y especifica las facultades humanas como vínculo de unidad, constituye la plataforma que permite la toma de decisiones personales, la toma de conciencia del ideal interior junto al descubrimiento y dominio de los medios expresivos, del lenguaje como cuerpo viviente del diseño de nuestro Proyecto de Vida, a partir del reconocimiento y desarrollo de nuestras potencialidades.

Dentro de la concepción del Humanismo Integral, la estación La Cueva de los Suspiros pretende que la creación artística llegue a ser objetivación de las experiencias estéticas, vitales y ecológicas, en búsqueda de un Proyecto Creador donde emerja la posible Vocación Humana, el llamado personal, con miras a un sinérgico desarrollo colectivo, en donde el hombre, artífice de su propio destino, responda al campo intelectual de su tiempo societal.

2.2. Metodología

La Cueva de los Suspiros se caracteriza por procurar el equilibrio entre lo pragmático y lo teórico, entre la razón técnica o verdad científica y la razón poética o verdad de creación. En ella tienen cabida, por igual, tanto la reflexión como el asombro y la verificabilidad por vivenciamiento, creación, osadía o invención.

La animación espiritual, en tiempo de un legítimo ecosistema natural humano, considera al diálogo y a la participación como energía cósmica primordial entre el amor y la solidaridad creadora del hombre. Entre los parámetros de la Educación Integral surge, entonces, la interdisciplinariedad como pilar y razón de psicosíntesis, ya sea en el orden interpersonal o de integración sociogrupal, ya sea en la ego-creación, la co-creación o la socio-creación. Se trata de enfatizar la interobservabilidad como clave de lectura humano-social. De promover la tolerancia positiva, permitiendo cada uno de los lenguajes sin complicación de contradicción, oposiciones, egoísmos o mezquindades de ninguna índole.

A través de una visión holística, integral, la imaginación creadora, la concentración mental, la reflexión, la intuición, la meditación y la inspiración, hacen que aflore la serenidad en medio de la frescura del bosque natural ecológico y que, gracias a un relajamiento programado, cada quien obtenga un encuentro consigo mismo, con sus otros, con su entorno, sus ideas y aspiraciones. En fin, se trata de una experiencia ecopoética que procura construir y reconstruir el sueño, los sueños, desde el balcón en que nos llamamos cada madrugada. Vueltos de cara hacia la espesura de la Vida.

A través de microvivenciales que facilitan la valoración, el descubrimiento y la comprensión de la situación existencial propia y ajena, junto con sus problemas y roles, se alcanza una clara fusión de lo aspiracional con lo inspiracional de la naturaleza humana de los participantes, tendente a la búsqueda, desarrollo, consolidación y mantenimiento de una sociedad altamente creadora, enriquecedora, ecológica, no opresiva.

Frente a un mundo duramente distorsionado, alienado, traumatizado, hambreado, en permanente crisis y catástrofe, La Cueva de los Suspiros pretende ser una contribución, un real aporte para el reencuentro humano creador, al interior de la Educación Integral Permanente, en aras de un desarrollo sostenido, sustentable, con base en una autosustentación personal-colectiva en pro de la optimización de la Calidad de Vida.

2.3. Ejercicios

A manera de muestra de los ejercicios desarrollados en La Cueva de los Suspiros, transcribimos algunos de los textos poéticos utilizados con el fin de generar una respectiva dramatización y un análisis por parte de los asistentes, con sus correspondientes vivencias personales y grupales.

·  ejercicio
de
soledad:
cuente
solamente
hasta
uno

*

Rompa a martillazos
el aire que le rodea

Luego
salga tranquilamente


*


música
añeja:

recuerde
un
ruido
que
se
produjo
años
atrás

*

en una noche

·  muy oscura


hable

·  con claridad


*

Para que la esencia de este poema
pueda ser asimilada

debe ser leído
por toda la humanidad a la vez

*

apriete
este libro
con mucha fuerza


hasta
que todas las palabras

mueran


*

Lea este poema

sin hacer uso del tiempo


*

·  Escriba:

la palabra segundo en un segundo

la palabra minuto
en un minuto

la palabra hora
en una hora

la palabra día
en un día

la palabra semana 
en una semana

la palabra mes
en un mes

la palabra año
en un año

la palabra vida
en una vida23

2. 4. Resultados

Dentro del sub-programa Poesía Colectiva que suscribe la Poesía, Sociedad Anónima de Gabriel Celaya, a partir de una previa instrucción y convivencia, dentro de un sinérgico co-aprendizaje creador, se obtienen resultados como éste de una composición poética in crescendo:

·  Hoja
insignificante volandera
débil y hermosa
respiras sollozante en soledad
mientras el viento te circunda
mientras nosotros a tus pies dormimos

O como el siguiente que gira alrededor de la metáfora:

·  Gota de luz
Fogoso trino
Lluvia de cristal
Fósforo de canto

Compás de tiempo

·  Violento aplauso
Gozoso instante
Ojos de la sed soñando

Nota

·  y origen

·  y nacer

·  y triunfo

·  y muerte

O en el caso de una mariposa en aras del amor heroico:

·  Mariposa solitaria luchadora cabalgando
jadeando coronando sin bridas sin espuelas
arrancando de raíz al Héroe
para hacerle mirar a las estrellas

O el de un simple verso guardado en el bolsillo:

·  Amor que no puedes caminar como una hoja

2.5. Conclusiones

Cueva de los Suspiros para la temprana inspiración. Para respirar el aire que quedó en la infancia. Para la hojita verde con sol que sintetiza el afán… Para juntar todos los pasos y oír la algazara de los sueños. Para los silencios de las sombras que esconden a su dios. Para el azul que ennegrece en las colinas. Para la Luna de Paramillo. Para la aldea sin molinos, para sus casas de cal, sus floridos cafetales, sus veredas, sus esquinas húmedas de llorar por dentro, de tanto ser testigo.

Cueva de los Suspiros para el silencio de la arboleda. Para el regreso a la hospitalaria cuenca de la infancia vegetal. Para la hojarasca vagabunda. Para recorrer los cielos del mundo en busca de praderas florecidas. Para espiar cada aurora y comprobar claramente que el día no existe, que la noche se apoderó del mundo, que jamás hubiéramos creído que tanta muerte pudiera estar junta.

Cueva de los Suspiros, concebida como una poética del "pasar transindividual", uno para el otro, con el otro y en el otro. A modo de Poesía, Sociedad Anónima, a partir de una Función Uno: el yo aislado; hasta diluirse en una Función Ene: los otros, el colectivo; dentro de una Equis: el implacable e incomprensible orden de las leyes o reglamentos no humanos. Es decir, transindividualización en pulsión inagotable de cocreación y sociocreación. (Gabriel Celaya).

Cueva de los Suspiros, donde lo poético es la vivencia, el sentir lo que las palabras y la vida tratan de decir; donde revalorizamos las formas de soñar, de reír, enmudecer, conversar, meditar, gesticular, gritar; donde abogamos por la Vida; donde no se trata de vivir de la poesía o para la poesía, sino de vivir a secas la Poesía. (Rafael Cadenas).

Cueva de los Suspiros para enredar las trinitarias con el melindre, la harina y el azúcar del silbido agudo, penetrante, de la flauta pequeña de los ángeles. Pausa breve para cantarle al hombre, a la fogata, a la floresta y a la vida. Para ensayar todavía la palabra. Para ensayar el último suspiro con que tengamos que despedirnos de esa sombra que supo de nosotros. Para la cósmica energía de la solidaridad del hombre. Para la serena mirada de la abeja en medio de la plegaria de la violeta y del responso apacible de la araña. Para ese párpado de hormiga andando por la vida que apenas somos. Para ese paso de una sombra que apenas parecemos.

Cueva de los Suspiros para el hombre triste, sin palabra y sin llanto, que anda por las veredas con su vara y su perro, apacentando sueños detrás de los rebaños. Para la verde luz del campo, la gravedad del pino que se curva ya viejo sobre la tierra. Para las grietas del arado. Para entrar en el bosque donde ya han esperado tanto tiempo los pájaros tu presencia y la mía… Para entrar cantando hasta encontrar la hebra del primer trino en algún árbol. (Manuel Felipe Rugeles).

Cueva de los Suspiros para alimentar los sueños. Para cifrar las formas de las cosas. Para el ruedo de la vida. Para emprender jornadas. Para fijar partida. Para construir y reconstruir el sueño. Para el balcón desde el que nos llamamos cada madrugada, sin que nadie nos conteste. Para templarle la cuerda a la esperanza en busca de un pedacito más de vida.

Cueva de los Suspirosexperiencia ecopoética, para saber quiénes somos, por qué estamos; para qué servimos. Cuál nuestro grito, nuestra palabra, nuestra propuesta. Cuál nuestro compromiso, nuestro proyecto, nuestra evolución creadora. Para reconocer que sin emociones no ha habido, no hay ni puede haber búsqueda humana de la verdad; y que el libre desarrollo de cada individuo debe llegar a ser la condición del libre desarrollo de todos. Para convencernos que el arte, en cuanto "arma de la historia", debe constituir real alternativa de transformación, de cambio social; tal como de la exploración del universo físico deberíamos llegar a la exploración de nuestro humano fondo.

Notas:

  1. Rugeles, Manuel Felipe. Poesías. Caracas, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, 1961. pp. 24 - 25.
  2. Laloup, J. La Ciencia y lo Humano. Barcelona, España, Editorial Herder, 1964. p. 289.
  3. Garaudy, Roger. La Alternativa. Buenos Aires, Argentina, Editorial Tiempo Nuevo, 1972. pp. 101 - 116.
  4. Jaeger, Werner. Paideia. México, Fondo de Cultura Económica, 1985. p. 800.
  5. Babolin, S. Il Ruolo della Sensibilitá nella Persona Umana. En: Rivista di Scienze dell ' Educazione. Torino, Italia, año XII, Número 2, mayo - agosto, 1974. pp. 164 - 171.
  6. Idem.
  7. Idem.
  8. Idem.
  9. Idem.
  10. Esposito, Rosario F. La massificazione non essiste. Roma, Italia, Edizioni Paoline, 1978. pp. 94 - 100.
  11. Alberoni, Francesco. El Árbol de la Vida. Barcelona, Gedisa, 1985. pp. 96 - 114.
  12. Barroso, Manuel. Autoestima: Ecología o Catástrofe. Caracas, Galac, 1987. pp. 463 y ss.
  13. Alberoni, Francesco. Movimento e Istituzione. Bologna, Societá Editrice il Mulino, 1977. p. 45.
  14. Barroso, Manuel. Op. cit. pp. 239 y ss.
  15. Ibidem. Pp. 85 - 145.
  16. Guédez, Víctor. Colette Delozanne: La raíz ontológica, la coherencia estética y la autenticidad de su obra. En: Culturales, Diario El Universal, Caracas, 8 de mayo de 1988. Cuerpo 4. p. 3.
  17. Bergson, Henri. Obras Escogidas. Madrid, Aguilar, 1959. pp. 17 - 43.
  18. Idem.
  19. Spranger, Eduardo. Cultura y Educación. Buenos Aires, Espasa - Calpe, 1948. pp. 86 - 87.
  20. Alberoni, Francesco. Las Razones del Bien y del Mal. Barcelona, Gedisa, 1986. pp. 139 - 150.
  21. Pouillon, J. et alii. Problemas del Estructuralismo. México, Siglo XXI Editores, 1971. pp. 135 - 182.
  22. Ortega y Gasset, José. Historia como Sistema. Madrid, Revista de Occidente, 1950. p. 70.
  23. AA. VV. Texto Poético 8. Valencia, España, 1985.

Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo. 

César Vallejo 

 

Ya la alta noche cae sobre la lámpara

desde el silencio redondo de la tierra.

Hacia el insomne foco aquí a mi lado

confluye el curso de los nocturnos vuelos. 

Eugenio Montejo 

40

A esta altura de mis sueños y mis hombros

pienso que uno se va llenando de papeles

de ratos de viajes y de libros

Todo en cambio debe ir con acento

cuando la vida de regreso llama

Las palabras copulan y fornican

avientan vendaval y madrugada

viven gritan se abrazan y soportan

al pie del laberinto la palabra

Debe haber silencio para darle paso a la luz

Debemos ir despacio hacia la muerte

Buscaremos todo

al final nuestro asombro encontraremos

Y nos elevaremos como las aves

ala con ala sueño con sueño

para dejar esta tierra debajo

perdiéndose en la lejanía

Encaminarse a una estrella

                                        solamente esto

41

                            En memoria de Dionisio Aymará

Me basta con ver los árboles

con oír los pájaros

con ese gran milagro de estar vivo

y caminar entre la gente

y saludar al sol profundo

que brilla en el corazón de los humildes

 

42

Puesto que sólo son tres cuatro tragos

sin que el sol caiga en cuenta

desgarraré mis ataduras

agregaré luceros a la tarde

irrumpiré contra mi propia angustia

mis veredas vegetales

mis yertos pasos desolados

hasta sembrar de altos girasoles

el lujurioso vientre de la tierra

 

 

43

En aquel cuarto de mi aldea he muerto

Ayer estuve sólo de pasada

A cántaros llovía en mi camino

¿Será que muerto voy por estos lados?

¿Por qué esconder el alma en los cimientos?

 

La orfandad tiene oídos de mujer

También un día iré al entierro mío

La vida gozo aurora errabundaje

zaguán para esperar la muerte

Mi locura   

               la antigua soledad de la tristumbre

 44

 

 

   a Luisa Futoransky

Turín Monza Lisboa y Estoril

preciosas colindancias seculares

fontanas en valijas escondidas

apacentando siglos en labranzas

¿Las calles de Madrid Segovia y Sintra

en cuál de tantas guerras soñarán?

Cuánto diera por una tarde en Grecia

Cuánto la tarde por un Pablo en gracia

 

           Brumosos los recuerdos

                maúllan hasta el amanecer

 

45

Oh destino el de Pablo

haber sido una tarde de Turín

de Córdoba Milán Sevilla y mar

haber envejecido en arenales

haberse descubierto en muchos puertos

lejos de los bajeles de la infancia

y no haber visto nada o casi nada

sino el rostro fugaz de una luciérnaga

engarzado en las sogas del insomnio

Oh destino tal vez no más que el tuyo

haber vivido haber amado sido

haber ido feliz haber tocado

el viviente Jardín siquiera un día

cerca de la tristeza de la errancia

en medio de hojarascas y desiertos

bajo un trémulo sol de cafetales

 

46

Me moriré en abril con aguacero

un día que la lluvia ya recuerda

aunque nunca escuchemos las campanas

irán aquella tarde a nuestro entierro

Seguro un jueves como es hoy de abril

un día de este siglo que amanece

seguramente un día a la intemperie

o sábado o domingo un día de estos

Pablo ha muerto dirán las pomarrosas

la aldea lo sabrá sus cafetales

el limonero y el amor ardiente

También los cangilones y Vallejo

almácigos insomnios aspavientos

la soledad la lluvia los caminos...

 

47

 

 

 a Ramón Ordaz

Juan Griego ahora me has vuelto más camino

tengo miedo de mí cuando me escucho

Juan Griego compañero de vigilia

cuando esta mar levante llamaradas

cuando Bolívar vuelva por aquí

sabrás que también soy de tu familia

que no hay más magia que el papel en blanco

ni don mayor que el premio de la vida

Juan Griego insomne como el Mar Caribe

margariteño abrazo azul marino

garita en vuelo en su canción de arena

Juan Griego mar garita vuelo y rima

mientras Bolívar torne peregrino

en tu mar bramará mi poesía

48

Di una vuelta a la luna y regresé con vida

Si supiera cuánto hay de aquí a la muerte

                             el tiempo que demore

                                  el resto de la vida

                             simplemente  muerte         

                            pero no he ido todavía

 

 

49

La calle 4...  donde  me  lanzó  la  aldea con  dos viejos,  tres

hermanos y cuatro reales de por medio, donde conocí las lágrimas del sauce, donde conseguí el amor a tiempo, la de aquella Gruta, aquella Cueva que me enseñó la cara de la vida, la del Cristo que me mostró el color tostado de la piel cuando se va la guerra, la de Rafael, guindando de un árbol para siempre, la de Ofelia y sus alegres mamarrachos perdidos en no sé sabe qué botija, la de Doña Jabiela curando de maldeojo a tanto rico y pordiosero, la que me llevó a la Ermita, la de mi padre apacentando sus canarios, la de las madrugadas en busca de oración, la de María Bonita, Muela 'e Gallo, Pedro Chapuzas, Media Vuelta y María la de verde siempre con su eterno olvido, la de Elio y las primeras rimas, la del viejo seminario de mi padre, con sus calificaciones siempre en rojo, la de Pedrito el de Vanguardia, el que se fue al cielo a cobrar sus prestaciones, la de ahorcar los hábitos para irnos por la vida a hacer la guerra. La calle 4, para emprender el viaje por el mar y por la nieve, la de la más alta pesadilla, el día que se perdió mi sobrinita, la de la monjita española que lucía tanto camino de la misa o del altar, la del primer artículo y el primer poema, la del poema Azul de Salmerón Acosta y el Soneto Enamorado de Francisco Luis Bernárdez; la del Dios deseante y deseado de Juan Ramón Jiménez junto al Fausto de Goethe, los Poemas Humanos de Vallejo, las Residencias en Tierra y el Canto General de Neruda; la de Mayakovsky, Hernández, Pound, Whitman y Pavese; la de Dante, Huidobro, Benedetti, Cardenal, Cote Lamus y Gaitán Durán, Fidel, el Che, Camilo, Ojeda, Ugarte Pelayo y Argimiro...   la de Pedro Pablo, Dionisio, Olivera, Ilia,

Carrero Mora, Beroes y Manuel Felipe; la de Rubén, Michelangeli, Castro Medina, Mendoza, Alviárez, Agustín o Brun Detuski, Rafael o Carlos Guérin, Myriam, Pereyra, Campos y Ulacio; la de la Ópera Carmen junto al anafre de las cinco de la  tarde, la de la primera clase en el Santa Teresita, el de las dulces onzas  y puntales, la del Santísimo, quien me ayudó a no perder la fe, la de las hermanas Alix y Graciela Ruiz con su Album de la Rotunda de  1902 y versos de 1800, la de las Hermanas Ocariz de Rubio, la de la luna de tres de la madrugada, la del napalm  a  la  hora  de  cantar  el  gallo para emprender el viaje a Cannes y los Alpes. Donde una tarde me fui en busca del amor y me encontré el monumento de la Francia. La calle 4, con misiles rusos, cubanos, Radio Habana, fusiles y guerrillas, la del 23 de Enero y el Cuartel Moncada y el Mayo del 68 en Turín con frío. La del negro Julián venido de no sé sabe dónde; la de La Bota Negra por donde mi madre bajó y subió, subió y bajó con su matriz al hombro mientras yo insensato tarde la noche con mi amigo parla y parla.  La calle 4 No. 12-122.  La calle 4 No. 11-61.  La calle 4 No. 10-36 subida, bajada y brinco por la vida.  La calle 4 No. 15-13.  La calle 4  No. l5-l5, la lucha clandestina, el confinamiento de la vida.  La calle 4 y pico No. 1-59 Las Acacias, esperando lo que venga, agazapado en el rincón de un cuarto, donde parece ancló mi vida, para irse cualquier día de repente si no es que viene un hijo de puta de la CIA a llevársela antes de tiempo...  o algún toche policía a jodernos la paciencia...  La calle 4 No. 10-36 frente a un par de leones de tramoya... La calle 4 y  pico, digo... Las Acacias, echando vaina todavía, al compás de este insomnio terminal.

 

La vida nos acecha

nos remeda hamaca enreda amarra amasa enselva

insomnia y nos enlluvia

la lluvia nos borrasca ventana enhoja ennagua

y aguitarra

la guitarra nos cimienta astilla ampara nos arma

nos desalma

el alma nos enrumba embala huracana y nos enrama

la rama nos empalma enllanta nos enlucha

la lucha nos estrella

la estrella nos asombra

la sombra nos desgarra

la garra nos enguerra

la guerra nos destierra

la tierra nos entierra

nos desentierra y nos desecha

  

      Freddy Pereyra

“Recae sobre el hombre la responsabilidad de asignarle a la ciencia metas humanizantes; lo importante es humanizar la ciencia. Tal vez, entonces, se podría hablar de un humanismo tecnológico en proyección.”1

Pablo Mora. “Proyección del humanismo tecnológico”. En: Revista Divulga. U.N.E.T. Marzo, 1979.

I. HACIA EL HUMANISMO TECNOLÓGICO

El futuro del hombre

¿Seremos víctimas de nuestros propios inventos? ¿Será la tierra víctima de sus propios hijos? ¿Habrá desembocadura posible? Ciertamente aquello que es imprevisible encierra siempre una amenaza latente y potencial. En este orden de ideas, se presentan tres alternativas. La primera consiste en creer que el destino del hombre está infaliblemente garantizado por la evolución cósmica o por el progreso tecnológico. Bergson sostenía que el mundo está construido como “una máquina para hacer dioses”. Teilhard de Chardin, que el hombre es como una flecha que indica la dirección inevitable de su desarrollo biológico hacia una Unidad de Pensamiento de Dimensiones Planetarias; es decir, una comunidad espiritual que acoja a todos los hombres de la tierra. Otros científicos creen que las máquinas mismas terminarán por ocuparse atentamente del hombre y harán para él toda clase de proyectos, hasta resolverle sus propios problemas.

La segunda alternativa es aquella de la protesta permanente o endémica, de la denuncia indiscriminada de todas las estructuras del saber y de la sociedad, y de la renuncia a todo proyecto o proyección, porque no se puede confiar en los datos existentes ni utilizar sus posibilidades efectivas a mediano ni largo plazo. La tercera, la de la responsabilidad. Así como el hombre ha creado técnicas instrumentales, mecánicas y organizativas, puede crear las que le permitan la previsión probable de los efectos colaterales o indirectos de todas sus iniciativas o proyecciones logradas en cualquier campo. A través de nuevas técnicas interdisciplinarias el hombre podría controlar su incesante proceso de proyección, pararlo en un momento dado, extenderlo en otro, coordinarlo de manera de poder evitar los peligros que representan para la supervivencia o la dignidad humana. En este caso, sus selecciones -responsables-, en el campo del saber y de la actividad práctica, estarían preventivamente orientadas por el cálculo, al menos aproximado, de las ventajas y desventajas que ellas podrían ocasionar.

Si se lograse disponer de tales técnicas, el futuro del hombre podría ser previsto a corto plazo con una cierta probabilidad, y los peligros más graves e inminentes no nos encontrarían desarmados o impreparados. Es de esperar que esta última postura, la única adaptada a las dimensiones humanas, acabe por prevalecer. Su predominio sobre las demás no puede ser producto de la autoridad o de la violencia, sino de la libre búsqueda y decisión de la gran mayoría de los hombres. Antes que esclavitud, hemos de exigir "un desarrollo ético y moral por encima de la innovación tecnológica" (Davis, Gregory H.). Con Ricardo Fernández Muñoz, Miguel Ángel Davara y tantos otros, compartimos “la esperanza de un humanismo tecnológico donde el hombre acierte a utilizar la técnica y la tecnología al servicio del hombre,” donde no se separe “como día a día se va haciendo, tecnología de humanismo; por el contrario es conveniente unir ambos términos para lograr una interrelación que justifique el progreso de la sociedad junto a su característica básica: el carácter humanitario de la persona”; donde “el desarrollo tecnológico debe ir así avanzando, en paralelo, haciendo siempre referencia al bien del género humano.”2 Donde, definitivamente, se comprenda y acepte que “la especialización mata la inquietud humanística hasta casi producir verdaderos analfabetos funcionales... que la ciencia ejercida al margen de un sentido humano y fuera de su servicio es una ciencia muerta... y que lo que importa es que el centro de la preocupación sea el hombre y su destino.”3 Entonces, se podría hablar de una Democracia Universal a medida de hombre. De un Fondo Humanitario Internacional, retomando el camino del humanismo, ante la desbocada violencia global.

¿Es previsible el futuro del hombre? ¿En qué medida es previsible? Preguntas presentes en toda discusión de futurología, entre científicos, sociólogos, políticos, industriólogos y filósofos, sin que exista para todos una misma respuesta ni una misma significación. A los políticos industriales, a los tecnólogos, interesa obviamente el futuro del hombre a corto plazo, en cuanto responda a sus proyectos inmediatos y específicos. Para otros, en cambio, el futuro del hombre es algo mensurable a largo plazo, indefinido, y se relaciona estrechamente con la suerte misma del hombre, sus transformaciones eventuales, biológicas y mentales, es decir, con los modos de vida, los sistemas sociales, en fin, con la supervivencia o no del hombre mismo en el mundo.

Ciertamente el humano siempre ha deseado conocer su propio destino. Los antiguos creían en la “mántica”, en el arte de predecir el futuro, y todavía los astrólogos, adivinos, quirománticos, hacen su agosto tratando de responder a estos deseos. Pero cuando se discute sobre el futuro del hombre, no nos referimos a este ámbito solamente; sino a aquellas transformaciones que el género humano podrá completar y vivir en un futuro más o menos lejano, si ciertas tendencias, campeantes ya, continúan su empeño y su éxito a un ritmo acelerado.

En efecto, jamás la ciencia había tenido tan vertiginosa avanzada. Es en este sentido en el que el futuro del hombre es todo un problema contemporáneo. Y nos demuestra cómo el hombre es algo todavía -en parte al menos- por hacer. De ahí que esté evolucionando a diario. Su mérito principal lo constituye la cultura: el conjunto de instrumentos que él ha construido para responder a sus responsabilidades. Claro está que tales instrumentos no son sólo las máquinas y útiles para el trabajo o la producción, son también los medios de comunicación, las hipótesis y teorías científicas, las diversas doctrinas filosóficas, las nuevas tendencias morales y religiosas. Instrumentos estos en rápida transformación. Y es esto lo que inquieta, lo que hace presente la pregunta sobre el futuro del hombre.

Frente a un hombre que parece caminar a la extinción o autoextinción, sea que, en orden a las alternativas humanas, preveamos demasiado en forma optimista, dentro de “un destino aparente”; sea que no preveamos nada y nada dejemos al hombre para hacer a modo de nihilismo irracional; hemos de pensar seriamente en la responsabilidad de un auténtico humanismo tecnológico, entendiendo por humanismo “la doctrina que pone al hombre en el centro de la reflexión y la filosofía que asume al hombre como su preocupación fundamental... la doctrina en virtud de la cual se confiere al ser humano un lugar central en el universo.”4

Es indudablemente cierto que toda transformación que se produce en un determinado campo de la actividad humana, tienda a modificar, en alguna medida, la mayoría de los otros. Las nuevas técnicas del trabajo y de la producción influyen en las maneras de vivir, en los usos y costumbres, en los comportamientos morales de los grupos humanos. Toda modificación en un cierto campo del saber no permanece en una sola área, sino que en un determinado lapso es utilizada en otras esferas; y así tiende a turbar o cambiar el equilibrio siempre inestable del ordenamiento general de la vida humana.

Es relativamente fácil para el hombre utilizar sus posibilidades y facultades para proyectar nuevos instrumentos mecánicos, nuevos medios de producción, de distribución y de comunicación, nuevas formas de organización social que respondan a tal o cual objetivo. Se trata en estos casos de servirse de las técnicas adaptadas por sus propias investigaciones científicas. Es decir, todo es producto de la selección adecuada de las combinaciones posibles. Sobre estas bases, el éxito o el fracaso de cualquier proyecto se puede prever con suficiente probabilidad. Lo que no se puede predecir con la misma probabilidad es el feedback, la retroacción o retroalimentación que tendrá el proyecto, no sólo en el campo mismo en el cual se ha realizado, sino en los otros campos más o menos conectados. Porque, en general, las técnicas que han hecho posible un determinado proyecto no están en grado de orientarnos sobre su retroacción. Así sucede que el logro de un nuevo plan influye en menor o mayor cuantía sobre los proyectos ya en acto, y de una manera imprevista o imprevisible sobre la vida del hombre.

Estando así las cosas, mientras pareciera que el futuro del hombre se tornase cada día menos previsible y más abrumador, tremenda es la tarea que le espera al científico hoy ante el futuro de la humanidad. Los avances tecnológicos obligan a reestructurar los pensa de las más calificadas disciplinas o facultades universitarias. Muchos de los problemas contemporáneos pueden hacer del Ingeniero -entre otros profesionales- un responsable inmediato. De donde se precisa una atención a los contenidos programáticos universitarios. En efecto, los más destacados estudiosos del asunto piensan en un nuevo tipo de Ingeniero: el Ingeniero Social, quien a través de una formación intertransdisciplinaria de lo más variada y eficaz logre diseñar mejor el cambiante mundo en que se desenvuelve.

Importante, entonces, en aras de un humanismo tecnológico, humanizar la ciencia. Recae sobre el hombre la clara responsabilidad de asignarle a la ciencia definidas metas humanizantes. “Un saber comprometido con lo humano, en el que también deberíamos incluir una nueva manera de entender la ciencia, una ciencia comprometida con lo humano.”5

Hacia el humanismo tecnológico

Ante la “era del conocimiento” y los nuevos lenguajes de la modernidad tecnológica, delante del “saber tecnológico” o nueva manera de pensar, estamos de acuerdo con Inés Aguerrondo en que no queda sino redefinir la cultura humanística, teniendo en cuenta las exigencias de la nueva sociedad, del pensamiento tecnológico, que supone modos específicos de operar la mente y cuyas disposiciones, según Tishman, son: la disposición a ser amplio y aventurero, a tener capacidad de asombro, a la búsqueda de problemas y a la investigación, a construir explicaciones y comprensiones, a hacer planes y a ser estratégico; a ser intelectualmente cuidadoso, a buscar y evaluar razones, a ser metacognitivo. Lo que implica, entre otros propósitos: ir más allá de lo obvio, encontrar y definir enigmas, misterios e irregularidades; estimular la capacidad de inquisición, construir comprensiones profundas de tópicos, ideas, objetos y eventos a través del uso activo del conocimiento; establecer estándares y metas y perseguirlas estratégicamente, ser responsable de la gestión y de la evaluación del propio pensamiento.6

“Este estilo de pensamiento -en decir de Aguerrondo- supone modos específicos de operar la mente, y también modos de aprender. Es la base que redefine la manera de entender el aprendizaje en el paradigma clásico y también la base que hace posible el desarrollo de las competencias. Requiere, también, el desarrollo de adecuadas propuestas de enseñanza y de organización de la tarea de aprendizaje dentro y fuera de la escuela.”7

Por todo ello, es necesario plantearse un nuevo paradigma educativo. Toda la sociedad en cuanto atañe a la educación se ha de proponer una mirada a largo plazo, de cambio de paradigma, en cuanto supervivencia del modelo de nueva sociedad que se está gestando. Paradigma que en mucho ha de fincar los saberes, las competencias, el nivel político-ideológico, el nivel técnico-pedagógico, el nivel organizacional, el servicio educativo en general, la responsabilidad profesional, y toda otra transformación posible, integral y consensuada, en el humanismo tecnológico, en cuanto línea maestra capaz de estructurar el porvenir de una sociedad volcada hacia el futuro, hacia las fronteras del posible con miras a una reconstrucción o edificación histórica, donde verdad y praxis liberadora sean razón del tiempo y tiempo de la razón.

Ciencia y humanismo

Antes que seguir confiando en el desarrollo tecnológico y en las reformulaciones meramente políticas o económicas como geniales panaceas, se ha de pensar en el proyecto de un hombre que quiere salvarse a sí mismo, reconocerse a sí mismo, en función de una convivialidad creadora. “La medida humana es una regla de vida con la que cada quien debe contar en el momento en que “proyecta” para realizarse en el concreto de la comunidad a la que pertenece”.8

La “finitud” humana hace que caigamos en cuenta de los otros, con quienes debemos establecer una relación que al tiempo que corrobora nuestra existencia, nos obliga a buscar un modus vivendi con el prójimo, con el otro, antes que límite y confín, dilatación y propuesta de infinito. Se trata de “meterse de frente con la realidad, analizarla, interrogarla, de encontrar en ella elementos que puedan constituir la plataforma sobre la cual construir la alternativa concreta”9 de nuestra realización personal, colectiva, generacional.

En decir de Abbagnano, “frente a la amenaza de una alineación de masa de la cual nadie se salva, el hombre ha redescubierto aquella que yo llamaría su vocación existencial, es decir, la necesidad de proyectarse en una medida individual, autónoma, que obviamente considere todos los factores constitutivos de la propia existencia”.10 En el encuentro del hombre consigo mismo, con su propia medida, con el sentido del propio existir en el mundo, comienza lo que Abbagnano llama la “tercera vía”: “el reconocimiento del hombre en la dramática y exaltante ambigüedad de su destino finito”.11

Se trata de que cada hombre enmarque su proyecto personal dentro de un real proyecto colectivo donde, encontrándose a sí mismo, se encuentre con el aliento histórico proveniente del hormigón humano, el cual le permita conquistar el Nuevo Tiempo inserto dentro de un genuino Humanismo Científico Creador.

En este orden de ideas, hoy por hoy, dentro de la mejor weltanschauung, hemos de proponernos una visión del mundo enmarcada en el Humanismo Científico Creador adscrito a la naturaleza humana, dentro de las óptimas posibilidades y proyecciones del hombre; que implique la plena consideración de sus capacidades para perfeccionarse a través de sus propios esfuerzos, perspectivas y proyectos. Humanismo que a su vez requiere que el hombre desarrolle sus virtualidades y que trabaje para convertir las fuerzas del mundo físico en instrumentos de su libertad.

Ciencia del hombre

Existen dos tipos de ciencias: Las ciencias naturales o naturwissenschaften y las ciencias del espíritu o geistwissenschaften. La palabra alemana geist, que no es traducible a otros idiomas adecuadamente, significa “espíritu”, “cultura”, “civilización”, pero todo ello a la vez. Las ciencias naturales se ocupan de los fenómenos repetitivos de la naturaleza. Aquí se somete a un número finito de variables, a un análisis cuantitativo -caso de la física. La mente, en cambio, no es lo mismo que la naturaleza. De aquí que el estudio de la misma no puede abordarse con la metodología propia de las ciencias naturales. El mejor ejemplo de una ciencia mental o espiritual quizás sea la historia. A diferencia de la física que se ocupa del estudio de las partes de aquellos fenómenos repetitivos, la historia estudia el fenómeno en su totalidad, es decir, estudia de una vez por todas el geist. Las ciencias naturales son un estudio de las partes, mientras que el estudio del geist consiste en la contemplación o abordaje del todo. Cuando se hace un estudio experimental o estadístico del geist se está revelando una incomprensión básica del tema abordado. En psicología, por ejemplo, cuando se insiste en aplicar sólo técnicas de las ciencias naturales, lo que se está haciendo es limitarse a los fenómenos periféricos de la neurofisiología y de la anatomía. Para estudiar la mente, el espíritu, etc. se requiere de cierta capacidad para ver el significado, la estructura -la gestalt- y la configuración del mundo de los fenómenos, lo que no deja de exigir una habilidad para aprehender las cosas y los fenómenos simbólicamente.

De lo anterior, se colige que tanto las ciencias naturales como las del espíritu son ciencias del hombre; de donde mal se puede hablar de “ciencias del hombre” sólo para aludir a las ciencias del espíritu.

Investigar en ciencias sociales o del espíritu es más difícil que investigar en las ciencias naturales, porque mientras en éstas la estructura está patente, delante de la experimentación; en las primeras la estructura se presenta encubierta a través de símbolos que irán revelándose paulatinamente mediante percepciones mucho más depuradas o audaces. Generalmente, las ciencias sociales exigen avivar un sujeto que puede ser histórico, colectivo, intangencial, a manera del élan vital bergsoniano, lo que implica un rescate simbólico.

Así que deben preocuparse los estudiosos de las ciencias sociales por ver debajo del pavimento, por descubrir los segundos significados, lo subterráneo. Por abordar interdisciplinaria, holísticamente, sus objetos de estudio.

Sin embargo, una nueva ciencia abre sus puertas hoy: la ciencia de lo superficial, según investigaciones de un grupo de importantes expertos, con patrocinio del Massachussets Institute of Technology, bajo la dirección de Herbert A. Simon, Premio Nobel de Economía de 1978, a partir del concepto de “inteligencia artificial”.

Ciencia de lo artificial que como la ingeniería y la arquitectura “no se ocupan de lo necesarios sino de lo contingente” -no de cómo son las cosas, sino de cómo podrían ser-. En resumen: del diseño o proyecto”. De hecho, “el mundo en el que actualmente vivimos es más un mundo creado por el hombre, un mundo artificial, que un mundo natural. Casi todos los elementos que nos rodean dan testimonio del artificio humano”. Así que mientras la ciencia natural tendría como estudio el conocimiento de los objetos y fenómenos naturales, la ciencia de lo artificial se ocuparía del conocimiento de los objetos y fenómenos artificiales. Es decir, que “el ingeniero se ocupa de cómo debieran ser las cosas para conseguir unos fines y funcionar”.12

Ciencia del diseño

A partir de Humanismo Científico Creador propuesto, convendría apuntar hacia un equilibrio entre lo utilitario, entre lo pragmático y lo teórico. Entre la ratio técnica y la verdad o razón alezéutica en el sentido de alezeia. A sabiendas de que la ciencia de lo artificial es una ciencia en cierne que puede consolidarse o esfumarse, preferible sería hablar de la ciencia del diseño, en cuanto “un cuerpo de doctrina intelectualmente ardua, analítica, parcialmente susceptible de ser formalizada, parcialmente empírica, que permita ser enseñada en relación con el proceso del diseño”.13

En una palabra, se trata de abogar por la ciencia como elemento del humanismo, como parte integrante del humanismo. Caer en cuenta que ninguna ciencia puede valerse por sí sola, que ninguna de ellas por sí sola tiene finalidad y valor. Sólo todas a la vez, si van unidas. De hecho, “el saber aislado, conseguido por un grupo de especialistas en un campo limitado, no tiene ningún valor, únicamente su síntesis con el resto del saber, y esto en tanto que esta síntesis contribuya realmente a responder al interrogante: ¿qué somos?”14

La especialización antes que una virtud parece ser un mal inevitable. “Se va imponiendo el convencimiento de que toda investigación especializada únicamente posee un valor auténtico en el contexto de la totalidad del saber”15, interdisciplinariamente entendido.

En definitiva, una weltanschauung, una concepción del mundo y de la vida, al interior del Humanismo Científico Creador y de la experiencia vital (lebenswelt), requiere de una integración racional de las distintas ciencias en que discurre el acontecer científico contemporáneo en aras del reinado del mejor Humanismo Tecnológico.

Estructura del ingeniero

Para sólo tomar un ejemplo que nos ilustre la concreción pragmática de lo planteado, sea que nos refiramos al ingeniero de investigación, de concepción, de realización, de gerencia o de docencia, todo ingeniero ha de estar en capacidad de resolver problemas de carácter multi e inter-transdisciplinario; revestido de aptitudes para lograr lo concreto con lo abstracto; capacitado para la invención e innovación, es decir, para forjar ideas nuevas a partir de un espíritu particularmente dotado de imaginación creadora.

Los proyectos industriales cada día están requiriendo un ingeniero de concepción con sobresalientes capacidades de inteligencia creadora; antes que de virtudes para la producción o fabricación solamente. Cada día se precisa más de la invención de una solución original que facilite la concepción de los medios para ponerla en práctica y realizarla. Así que la cuestión de que si un ingeniero se puede formar como a un poeta, cobra importancia, si es que a los poetas se les forma o puede formar.

Pudiera pensarse que si en el porvenir cada hombre será un creador, un poeta; con más razón el ingeniero tendría que serlo, en una “metamorfosis del destino en poema”. Si bien es respetable la secuencia natural de una concatenación de conceptos que no pueden ser aprendidos sin una jerarquía; sin embargo, estamos convencidos que antes que debilitar la estructura del ingeniero o introducir alguna frustración en su formación, la poesía, en cuanto esfuerzo y ejercicio de la imaginación creadora; en cuanto creación, creatividad en sí, es más que pertinente en la formación del actual ingeniero.

A partir de la raíz “ingenium”, el ingeniero tiene que ver básicamente con inteligencia, talento, genio, fantasía, invención, inspiración. De donde, el ingenio tiene más fuerza productiva respecto a la razón que lo que comúnmente se piensa. De tal modo que si al “hombre” hoy se le exige dar todo lo que tiene, todo lo que es, al ingeniero lo mínimo que se le podría pedir es dar lo que él implica: el poeta que lleva en sí. Más pronto que tarde, el ingeniero se las ingeniará para ser y hacer el “ingenio” de los tiempos por venir, hasta que la “ingeniación” dé con el verdadero ingenio que la imaginación creadora reclama y reclamará. Indudablemente, entre productividad, acumulación y creatividad ha de establecerse un vínculo racional, capaz de realizar la liberación del hombre, a través del justo rango que recobra la ciencia y la creación frente a la tecnología y la comercialización.

Lo que preocupa es que, en nombre de la “eficiencia”, nuevos managers de la educación, de la ciencia de lo artificial o ciencia del diseño, sustituyan el Humanismo Integral, la Educación Integral, por la relativa “productividad”; que en aras de una “pedagogía de la eficiencia”, la autonomía académica, universitaria, pueda verse supeditada a “ofensivas pedagógicas” descontextualizadas de la realidad, donde la “producción” reemplace a la “concepción”, a la “inteligencia creadora” a la altura de las necesidades inmediatas.

A sabiendas de que la planificación inteligente y la previsión de futuros desafíos son “bienes” fácilmente transables en mercados utópicos, aislados de los parámetros de crecimiento, cualquier proceso de innovación universitaria debería estar enmarcado dentro de un nuevo tipo de “significación social”, capaz de explorar los futuros colectivos deseables y sus respectivas acciones, dentro de una auténtica medida humana, fincada en el pensamiento creativo, antes que en un cómodo “aprender a emprender” a modo de trampolín de insignificantes aprendizajes en función de “producción” tan sólo, a todo costo.

Esencia del valor artístico

Conviene que nos preguntemos si la óptica científica cabe en la razón poética o viceversa: si la razón poética tiene que ver con la razón científica. Trátase de cotejar el pensamiento científico con el pensamiento poético, si se quiere. Observar sus características y complejidades en cuanto realidades, ambas, inmersas en el proyecto creador del individuo y las organizaciones, por ende, al interior de un campo intelectual, con la intencionalidad de aprehender omnicomprensivamente el universo entero.

En efecto, desde tres ángulos diversos puede concebirse la Poesía: como estímulo o participación emotiva; como verdad o como modo privilegiado de expresión lingüística.16

A modo de presupuesto conjetural, o avance hipotético, preguntémonos si el non sense -el no-sentido-, la sinrazón, el disparate generalizado, característicos del clima epocal, no representan acaso razones primarias del deterioro lingüístico, manifiesto en el comportamiento diario de nuestra juventud actual, donde creatividad, anormalidad y desviaciones convergen en una patogénesis conductual que se refleja directamente en el acto lingüístico, desde el coloquio cotidiano hasta la vida testimonial de los mass-media.

Mientras todo acontece de modo patente a nuestros ojos, hay quienes como Burgess que sostienen que “hay tanto sentido en el no sentido, como no-sentido en lo que creemos que tiene sentido”.17

Siendo, pues, la obra de arte un fenómeno multilateral, multifacético, el valor artístico que de ella se origina, derívase de la interacción de diferentes funciones a partir de diferentes aspectos, angulaturas.

Brevemente, analicemos cada uno de éstos. En primer lugar, en el arte podemos señalar un aspecto reflejo-informativo y un aspecto creador. Ellos dos expresan de manera distinta la interacción del objeto con el sujeto y su unidad. La unidad de entrambos, los principios reflejo-informativo y creador, forma lo que podríamos llamar modelación artística de la realidad.

En el sistema individuo-sociedad se descubren, en el arte, aspectos distintos, aunque interconectados, tales como el psicológico y el social. La psicología del artista, su percepción del mundo, constituyen el “prisma” que refracta el haz de información procedente de la realidad, y forma un peculiar “espectro” de valoraciones. Por tal razón, el aspecto estimativo del arte puede representarse como interacción de lo psicológico y lo reflejo-informativo.

También el arte ejerce una influencia educativa sobre el hombre, siendo el aspecto educativo del arte resultado de la unión de lo social y lo reflejo-informativo.

Al igual, la creación artística da origen al “lenguaje” penetrando en la conciencia del lector, espectador u oyente, a través de un aspecto sígnico (semiótico), en cuanto expresión de un determinado significado social en el producto de la creación.

Aún ha de señalarse otro aspecto del arte, el hedonista, la capacidad que posee la obra artística de proporcionar alegría, placer, satisfacción estética.18

Yendo al plano funcional, tenemos que los aspectos del arte reflejo-informativo, psicológico y estimativo apuntalan la función cognoscitivo-estimativa. Los aspectos social, creador y sígnico originan la función comunicativa. Los aspectos psicológico, hedonista y creador determinan la función creadora-educativa. Mientras los aspectos reflejo-informativo, educativo y social responden por la función social-educativa. (Cfr. Fig. 1.)

Fig. 1.

A pesar de todos estos supuestos teóricos, con relación a la esencia del valor artístico, sus aspectos y funciones, si bien las emociones, en el arte, son precisamente la expresión de la relación estimativa en el mundo, sin “emociones humanas”, según palabras de Lenin, “no ha habido, no hay ni puede haber búsqueda humana de la verdad”. Aunque en los resultados de la investigación científica ésas no entran de manera necesaria, sin embargo, con todo ello, para muchos científicos, la sensación de la belleza de la verdad tiene un gran valor heurístico para el conocimiento de esta última.19

Como a muchos poetas, al físico, por ejemplo, le parece estar buscando la “verdad”. Claro que define la verdad de acuerdo a su propio sistema de reglas, y no piensa mucho en cuáles son éstas. “Por eso acaso se sorprendería tanto como el poeta al saber que algunas de esas reglas tienen que ver con la belleza. Una idea tiene que ser más que cierta, tiene que ser también bella, si ha de causar mucha excitación en el mundo de la física.”20

A la luz de este cúmulo de principios, pudiéramos sostener con Stolovich que, a pesar de las diversas concepciones acerca de las posibilidades cognoscitivas de los juicios de valor que expresan una relación estimativa, sabido es que Kant y así los célebres pensadores, niegan categóricamente el carácter cognoscitivo del juicio del gusto, del juicio estético, si bien suponen que son el juego y la armonía de las facultades cognoscitivas del hombre lo que da origen al placer estético.21

Educación y valores estéticos

Indudablemente que una de las funciones sociales capitales de la educación estética, y así de la educación en general, estriba en la formación de una relación estética del hombre con la realidad natural y social. La educación -particularmente la estética- ha de avivar y formar en el hombre cualidades y propiedades tales que ellas mismas posean valor humano.

Diríamos que en la vivencia estética que es vivencia en razón de creación, en razón de imaginación, actúan en orgánico entrelazamiento todas las facultades espirituales básicas del hombre: las sensaciones, las emociones, la voluntad, el intelecto y la imaginación.

El arte, y el arte implícito en la ciencia educativa, en el acto creador educativo, ha de ser capaz de realizar las dos funciones capitales de la educación estética: la de orientación estimativa y la de valoración creadora.

Lo importante, lo ideal es que, interrelacionadamente, se puedan cumplir tanto los intereses de las personas como los de la sociedad: es decir, el desarrollo de las potencias creadoras al interior de un Humanismo Científico Creador; así como la orientación estético-estimativa de los individuos en nombre del fortalecimiento de la integridad social.

Gracias a que la relación estética del individuo con el mundo une armónicamente todas las facultades espirituales del hombre, la educación estética, y así la educación en general, en razón de creación, constituye un importante medio de formación de la personalidad íntegra y armónicamente desarrollada, supremo valor estético, que viene dando la razón a la convergencia de la razón poética con la científica y de ésta con aquélla.22

II. HACIA UNA UTOPÍA CONCRETA

¿Por qué utopía?

El sentido de la gran metáfora -metáfora latinoamericana al menos- que somos es pensarnos en la dimensión de futuro; rescatar el valor movilizador de la utopía, en cuanto integrador de todo discurso de futuro, puesto que el pensamiento social latinoamericano, en cuanto proceso de conciencia para sí, ha estado signado por una tradición utópica significativa.

En este sentido, para Yohanka León del Río: ”Si nos ubicamos desde lo que conocemos como América Latina: un gran mosaico étnico, social y político, y lo tomamos como una totalidad concreta construida y constituyéndose en el curso de una polémica y controvertida historia, y su expresión en el pensamiento social, podemos determinar dos formas generales y centrales, dos figuras, en las que se ha expresado la utopía al interior de este pensamiento, las que han estado y son subyacentes a la complicada conformación y evolución de las sociedades latinoamericanas: La utopía de la unidad latinoamericana y la utopía de la liberación latinoamericana. La utopía de la unidad latinoamericana: Es el ideal que define el sentido de América Latina a partir de su unidad como una sociedad identificable en su identidad (lingüística, religiosa, cultural e histórica) y es el medio eficaz para enfrentar a las fuerzas foráneas, agresivas y destructoras, históricamente identificadas como la colonia española y hoy la presencia económica del capital norteamericano. Es el sueño de una gran comunidad de pueblos unida por el espíritu de la libertad y en el cual la diversidad de razas y culturas haga olvidar todo odio entre naciones al ser el sedimento donde crezca la convivencia humana... La utopía de la liberación: Otra figura que adopta la utopía en América Latina es la utopía de la liberación. Ella ha caracterizado básicamente todo el pensamiento y la acción social y política en las diferentes etapas de la historia de América Latina. La liberación como ideal, horizonte de sentido de la praxis y la teoría, se ha visto como proceso de humanización general del hombre latinoamericano desde el plano político, económico, cultural y espiritual. Esta utopía ha encontrado diferentes mediaciones en proyectos de emancipación tanto de las estructuras sociopolíticas, como del pensamiento y la cultura. Los movimientos políticos emancipatorios de América Latina han promovido y promueven hoy en la emergencia de los nuevos movimientos sociales un espectro amplio de dimensión utópica que ameritaría un profundo estudio histórico de la permanencia y revitalización de lo que podríamos calificar, con Hellio Gallardo, como utopías populares. Estas dan cuenta de un testimonio de esperanza, compromiso y sentido de la utopía muy compleja, que se vincula estrechamente con un estudio y análisis de la problemática de la subjetividad.”23

Indudablemente la utopía, en cuanto clave de lectura, en el ámbito de la racionalización de la vida social, ubicada siempre dentro de los lindes del análisis histórico social, según Arturo Roig, cuenta con tres funciones, dentro del pensamiento latinoamericano: crítica, reguladora y liberadora en cuanto anticipadora del mejoramiento humano y la vida futura, en cuanto búsqueda de la unidad y de la liberación latinoamericana.24

Universidad, técnica y humanismo

En este orden de ideas, entra la Educación Humanista al interior de la Universidad, corroborando cómo el movimiento humanista se ha manifestado, en los últimos tiempos, en todos los aspectos del pensamiento humano y de la interacción humana, además del aprendizaje experiencial y vivencial más significativo para la persona, enfatizando de modo particular el cultivo de cualidades tan profundamente humanas como la conciencia, la libertad y elección, la creatividad, la valoración, la autorresponsabilidad y autorrealización, en cuanto opuestas a un pensar sobre los seres humanos en términos meramente mecanicistas y reduccionistas, preocupándose ante todo de la Profesión del Hombre: del hombre como tal, tratando de llevarlo hacia la más alta y noble profesión que es la de ser hombre25. En una palabra, haciéndose eco de un real Humanismo Científico Creador, enfatiza las posibilidades y la potencialidad que lleva consigo cada ser humano: trata de identificar estas potencialidades y ayudar a desarrollarlas al máximo, ya sea en sus aspectos personales como de interacción social.

Educación Humanista que, en nuestro caso latinoamericano, hará siempre honor al “nuevo espíritu” enarbolado por la ideología reivindicadora de la histórica reforma universitaria de Córdoba de 1918: espíritu nuevo, entendido como espíritu revolucionario, con una universidad capacitada para el cumplimento de su “función social”, en donde el hombre y su destino sea el centro de toda preocupación, en cuanto razón misma de su existencia. Todo porque ante una época en la que la práctica revolucionaria conduce a la construcción de un nuevo orden, la educación correspondiente a un Humanismo Integral, debe ayudar a construir un nuevo futuro al servicio de las fuerzas sociales que levantan el nuevo orden social.

Humanismo pedagógico integral que resulta de la simbiosis entre la utopía y el orden -y orden nuevo-, entre la lógica racional y lo fantasioso, que pretende hurgar en la cara desconocida de la verdad y del universo. La supervivencia y evolución del hombre requieren que se profundice en la comprensión del universo interior y del universo exterior. (R. Walsh). Puesto que: “La evolución es un ascenso hacia la conciencia... El hombre ocupa la cresta de la ola evolutiva. Con el se produce el paso de la evolución inconsciente a la consciente”. (Teilhard de Chardin). “La evolución de la conciencia es el motivo central de la existencia terrestre”. (Aurobindo). Así que nunca como hoy, la humanidad entre la psicosis y el despertar, reclama una educación al servicio de la conciencia del hombre. Sólo una inteligencia capaz de captar la dimensión planetaria de los conflictos existentes puede enfrentar no sólo la complejidad de nuestro mundo sino también el desafío presente de una posible autodestrucción material y espiritual de la especie humana, mediante un sano humanismo tecnológico, mediante una idea compartida del enriquecimiento humano a través de múltiples aplicaciones de plataformas virtuales, uniendo tecnologías con experiencia humana, con dignidad humana, antes que oponiéndolas.26

Conviene, entonces, establecer los deslindes necesarios entre el humanismo y la técnica, entre el hombre y la técnica, dentro de una universidad ubicada en un mundo tecnológico y empeñada en la creación de un hombre nuevo.

A la luz del pensamiento de Ernesto Mayz Vallenilla, “en lugar de individuos que entren en posesión de un saber que los capacite para enfrentarse con auténticos problemas, y lejos de fomentar e impulsar en ellos un verdadero pathos por los enigmas que la verdad plantea, la universidad intenta exclusivamente formar “profesionales” -valga decir, tecnitas- homo technicus tecnita que reviste y protagoniza “una profunda y radical alineación” en cuanto hombre “portador, agente y usuario de la ratio technica, convertido en un simple medio para el propio hombre, transformado en un simple instrumento al servicio de la voluntad de dominio de otros hombres.”27

Entre tanto, la universidad, respetando “los cometidos técnicos que le impone la época, debe luchar para que ello no signifique la pasiva entrega y sumisión del hombre a la alineación que lo amenaza.” 28 La universidad debe anteponer los deberes y fines éticos de una conciencia que está más allá de los efectos meramente técnicos. La universidad debe preocuparse por dotar al hombre de una formación integral que le permita reconocer y entender su entorno, a partir de la cual praxis y teoría concurran para su progresiva transformación y enriquecimiento.

Se trata de que el hombre, el universitario, sin renunciar a su acción y pasión de tecnita, pueda reconciliar el afán práctico que lo caracteriza e impulsa dentro de un auténtico ámbito humanístico. Tarea de la universidad es la de encarar tal misión de autognosis y autorrealización como su más elevada tarea humanista.

Indudablemente el logos vertebral que alimenta la nueva modalidad de la razón es la de la ratio technica, dentro de una nueva weltanshauung: la tecno-logia y la tecno-cracia que impregnan la realidad y el devenir del mundo contemporáneo. Ratio technica que influye directamente en el proceso educativo en cuanto formación del hombre -y hombre nuevo- de hoy.

Es entonces cuando, a partir de la voluntad de poder de la técnica, el hombre como una creatura más de la ratio technica, corre el peligro de ser manipulado de acuerdo con los planes y designios de ella misma, pasando a ser “objetivado como un simple medio cual si fuera un instrumento, con el propósito de lograr potestad y control sobre su vida.”29

Ante estas posibilidades, a sabiendas de que, quiérase o no, se ha de vivir en medio de un mundo tecnificado, “debemos innovar la técnica, sobre todo en aquella esfera -la educativa- donde esa técnica asume un papel de extraordinaria importancia en la tarea de forjar y modelar al hombre. Innovar significa, en tal sentido, cuestionar la técnica y la educación tecnificada en sus propios fundamentos con la expresa finalidad de modificar sus efectos y aprovechar el sentido de la labor formativa hacia nuevos derroteros y horizontes.”30

La transustanciación del estado de ser, creación marxista, la creación del colectivo a partir de la creación social, implícitas en el humanismo integral, Mayz Vallenilla las comparte, cuando invocando una conciliación de la técnica y su voluntad de poder con la manifestación de una racionalidad superior que actúe a manera de síntesis, encuentra que tal principio no es otro que el eros o voluntad de amor, como fuente humanizadora del afán posesorio del hombre.”31

Sentido de los estudios clásicos

Se argumenta, en torno a los estudios clásicos, la razón de que ellos, en una época cada vez más absorbida por la técnica, proporcionan un equilibrio formativo dentro de los mejores parámetros humanos. Al respecto, nuestro profesor de humanidades, el insigne humanista Horacio Cárdenas, señala: “Al hombre contemporáneo, extravertido y presuroso, la educación clásica le rescataría de su enajenación, concediéndole ratos de sosiego, de diálogo consigo mismo, de ensimismamiento... Complemento del ser humano, la cultura clásica arguye su justificación también como modelo de conducta, de experiencia secundada por el sentido de las cosas que los autores griegos y latinos infunden con su pensamiento y palabra. El hombre actual, se piensa, puede apaciguar el desasosiego de la vida mecanizada si recibe y asimila la herencia de la cultura clásica antigua... Para no asemejarnos al robot autómata, la educación clásica nos atempera contra las demasías del tecnicismo automatizado y deshumanizador... Por tratar de saber mucho de un conocimiento y pavonearse de su profesionalismo, el hombre ignoró lo más importante: el saber vivir en paz consigo mismo... La mecanización de la vida, la tiranía que impone la celeridad y el mito del rendimiento y del progreso, han hecho olvidar todo cuanto de integridad existe en el hombre.”32

Insiste Horacio Cárdenas en que justamente es la tradición clásica la marginada en todo reparto de programas educativos. Mientras que cada vez más hay consenso en lo fundamental e indispensable de la “Paideia” en cuanto ideal helénico de formación del hombre: “La Paideia condujo al griego a la posesión de su propio ser, lo erigió en dueño de su mundo y de su perfil inconfundible. En ello radica el verdadero sentido de la cultura clásica, su renovado drama que nos alecciona y admira, el impulso agonal entre la naturaleza y la acción del hombre por humanizarla; el individuo con todo su yo libérrimo pero conviviendo con su prójimo en el seno de la comunidad.”33

Horacio Cárdenas, al preguntarse concretamente: ¿tienen sentido en Latinoamérica los estudios clásicos? y consciente de la reiterada y viva discusión en el ámbito de la cultura latinoamericana del tema en cuestión, concluye su ensayo taxativa, categóricamente, consciente de anteponer al caos de nuestra tropicalidad las bondades de la Paideia: “La Paideia nos plantea quizás el más inquietante y hondo problema que asedia nuestra existencia personal y colectiva de latinoamericanos: el advenimiento real de nuestro propio ser existencial y de nuestra cultura.. La verdad de un ser es la verdad de poderse manifestar, de hacerse patente y palpable bajo el arco de la luz cotidiana. De instalarse, familiarmente, en su mundo; de dejar oír su voz sin parecerse a nadie y que sus palabras sólo sean las de su más entrañable experiencia.”34

Entendida, así, la educación humanística como la búsqueda de la mejor formación integral del individuo, con particular incidencia en los ámbitos intelectual, estético y moral, es decir, como la auténtica educación cuyo fin primordial es conseguir la plenitud del hombre mediante el cultivo de los valores genuinamente humanos, el estudio de la tradición -de las lenguas clásicas- representa un gran valor en la formación académica, donde sobreabunda, por el contrario, dentro de nuestro torbellino tropical el estudio de materias “útilmente” pragmáticas como el inglés y el japonés, debido a las pretensiones imperiales de hoy. Se trata de volver la mirada a las fuentes de donde brota el impulso creador, llegar a moldear el verdadero hombre dentro del hombre, hasta hacer que triunfe el hombre dentro del hombre. Sabemos que el problema fundamental de la cultura contemporánea es el de conciliar las exigencias de la "especialización" con la de una formación humana total o por lo menos suficientemente equilibrada. Al respecto, entre nosotros, ha sido Andrés Bello uno de los defensores de los estudios clásicos, argumentando a su favor los benéficos resultados que acarrean en disciplina mental y en previo y correcto manejo del idioma. Hay pleno consenso en que con un poco de cultura clásica tal vez se lograría domeñar el lomo arisco de los ímpetus criollos que el propio Bello, en su época, sentía arreciar en carne propia.

En este orden de ideas, también nuestro coterráneo, el ilustre maestro Mariano Picón Salas, al reflexionar acerca de la Humanitas, sobre la concordia entre las Humanidades y la Ciencia y la Técnica, pensaba que “semejante debate se colora del unilateral prejuicio de que unos valores excluyen a los otros, como si el goce y seguridad con que se maneja una máquina debiera inhibirnos de leer a Cervantes... Y el sueño y añoranza de una "Humanitas" que consuele la angustia del hombre, que lo haga partícipe, sobre los siglos, de la sociedad de otras almas, no ha de desaparecer aún entre las más logradas invenciones de la Cibernética. A través de bellos versos y bellos cuentos, pensando de nuevo en Gilgamesh, en Prometeo, en Fausto, verá el hombre un espejo de la eterna zozobra y tentación de la diáspora terrestre. Si el hombre en comunidad necesita una máquina, el hombre en soledad acaso prefiera un poema. Hasta el aséptico Mr. Babbitt cantaba una trivial canción al afeitarse todos los días. Y los novelistas, los poetas, los dramaturgos y hasta los psiquiatras, saben bien que por las calles de nuestras ciudades populosas, todavía pueden encontrar Edipos y Orestes como en una tragedia clásica.”35

Hacia una utopía concreta

Producto de épocas en crisis social, expresión de capas sociales desesperadas, ubicadas ya en el espacio, ya en el tiempo de los deseos, en cuanto conciencia anticipadora de la realidad; excluida hoy de las ciencias y de las letras; de la economía y de la política; de la filosofía y de la teología; debatiéndose entre la antigua pugna de la razón utópica versus la razón instrumental; la utopía, fuerza de la transformación de la realidad, aparece como auténtica voluntad innovadora que, estando en la base de toda renovación social, representa una corrección o integración ideal de una situación político-social existente con miras a un cambio en prospectiva positiva. Proyecto o ideal de un mundo justo a partir de la crítica del orden presente, la utopía representa un modo específico de conocer la realidad a través de la proyección ideal de la misma, trascendiendo el presente mediante un modelo ideal de futuro, constituyéndose en el sueño del verdadero y justo orden de vida.

Siempre la humanidad se ha sentido impulsada por anhelos de progreso, mejoramiento y perfección, alcanzando tan ilimitado punto sus aspiraciones, que se han confundido con lo imposible, desconocido e insospechable. La utopía: lo que no está en ninguna parte, lugar que no existe, que no hay, podría, de la mano de Tomás Moro o de Ernst Bloch, recordarnos hoy el sueño de un porvenir cuajado y labrado dentro de la mejor prospectiva de nuestro proceso histórico renovador, dentro de una humanización capaz de darle cauce a un desarrollo sostenido a medida de hombre en cuanto proyecto factible de utopía concreta, donde teoría y praxis se apuntalen, unifiquen o confundan a partir del principio de esperanza (Ernst Bloch) puesto que vivimos rodeados de posibilidad, somos seres-en-esperanza (J.J. Tamayo) con la suerte aún no echada, frente a las infinitas fronteras de lo posible, oyendo, esperanzados, la melodía del futuro.

Como en la isla desconocida de Moro, soñar en que todo puede ser común dentro de nosotros. En que todos deberíamos trabajar. En que los ocios son enemigos del orden social como lo son igualmente los ladrones y delincuentes. En que lo mío y lo tuyo son los causantes de los crímenes, las injusticias, las desigualdades y maldades que reinan entre los hombres. Soñar concretamente en que una de las principales causas de la miseria pública la configura "el excesivo número de nobles, zánganos, ociosos, que viven del trabajo y del sudor de los demás". Soñar en un Estado Futuro, en una Porvenir Posible a través de un Proyecto Preciso, en espera de verlo realizado un día. En medio de la miseria y el crimen, el engaño, la lucha y el sufrimiento cotidiano, soñar y proponernos de veras, con nuestra imaginación creadora, un mundo nuevo, un hombre nuevo.

Convencernos de que nuestro más grande error fue el empeñarnos en entregar al Estado nuestro don más caro: la libertad; de que a pesar de que la Libertad parezca utópica ilusión, la utopía es la realidad, de la cual aquella nace; de que las raíces de la utopía están en los propios hombres, provienen de lo más profundo de su ser-en-esperanza; se originan en el alma humana, en la estructura fundamental del hombre, de sus pueblos e ideales.

Con muerte o sin muerte de las utopías, la utopía ­-imagen movilizadora, horizonte orientador de la praxis, instancia crítica de la realidad, visión dialéctica abierta- eternamente regirá el destino humano y, así, el destino de los pueblos, puesto que sin utopía el presente carece de futuro o de sentido. Con imaginación, "con qué facilidad sacaríamos de la nada un mundo". Un mundo, un hombre, de verdad, de justicia, de amor y de paz. Siempre habrá de haber tiempo para un orden nuevo. No en balde Giulio Girardi enfatiza que "la paz no consiste en la tranquilidad del orden existente, sino de un orden nuevo mediante la acción solidaria de los hombres... En este sentido, la paz pasa a través de la revolución, La revolución integral tiende a realizar una humanidad nueva... un futuro nuevo, un hombre y un pueblo nuevos... No es cuestión de explorar la tierra nueva, sino de crearla... Es la hora de la creación, de la esperanza y del riesgo... La hora de asumir personal y comunitariamente el riesgo de la aventura humana y afrontar con fortaleza la eventualidad del fracaso... Sólo una tierra distinta hará menos increíble el cielo."36

Sólo una tierra distinta hará menos increíble toda democracia o utopía. Sólo entonces la esperanza, alzada desde el fondo de la caja de Pandora, podrá subir y esparcirse por todos los cielos en la única paz que garantizan las transformaciones profundas y las conquistas que nos faltan.

Para Giambatista Vico, dentro de un sistema cíclico por el que transitan las naciones, cada pueblo pasa por distintas etapas (corsi) que modelan toda su actividad hasta llegar a la decadencia, la que a su vez conduce a recomenzar el proceso (ricorsi) en un plano distinto y superior. Antonio Gramsci, por su parte, acuñó el concepto de "crisis orgánica", para referirse a esos momentos históricos en que a las fuerzas dominantes se le fracturan las relaciones entre la sociedad y el Estado, entre la economía y la política, y no pueden ejercer su dirección del modo habitual: "La crisis consiste precisamente en que muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo". Circunstancias en que el bloque ideológico dominante tiende a disgregarse y a perder su capacidad de impulsar el capitalismo hacia adelante, contando aún con fuerzas que pueden moderar la situación e impedir un desenlace revolucionario.

Al respecto, Jorge Alberto Kreyness, al referirse a la crisis orgánica del capitalismo, basándose en Gramsci, sostiene que el elemento decisivo de toda situación es la fuerza, permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo, que se puede hacer avanzar cuando se juzga que una situación es favorable ( y es favorable sólo en la medida que una fuerza tal existe y está impregnada de ardor combativo). En tales circunstancias, se precisa la construcción de una contrahegemonía, de un contrapoder, de un nuevo sistema de instituciones que consoliden la direccionalidad de las fuerzas antagónicas a las de la dominación, hasta darle cauce positivo a la espontaneidad y acumular y redimensionar las fuerzas definidamente revolucionarias.

Ante un capitalismo con patente de justicia y eternidad, no queda sino construir las nuevas formas para arremeter contra la injusticia, la desigualdad, el hambre, la opresión y todos los horrores que asolan a tres cuartas partes de la humanidad. Nunca como hoy se justifica un proyecto contrahegemónico que nos ayude firmemente a ponerle coto a tanto "capitalismo salvaje", desenfrenado, hegemónico, invasor.

La nueva realidad vendrá de un largo dolor y un largo trabajo. Pavese nos recordaba: "El secreto de la vida es obrar como si tuviésemos lo que más dolorosamente nos falta."37 No puede haber retorno sino medida e invención, constancia y creación, construcción del porvenir. Nuestra mayor arma, el estar vivos. Estar vivos ha de significar arrear nuestro destino. Entre flujos y reflujos, antes que el pueblo se mantenga a oscuras, redescubrir nuestra propia patria, sentirla, revivirla, hacerla; rehacerla, reorganizarla, reestructurarla, horadando las tinieblas hasta que reflorezcan la vida y la esperanza. Subvertir un orden viejo. Con el mundo entero por testigo, construir un orden nuevo en busca de una humanidad nueva.

III HACIA UNA RAZÓN POÉTICA

Tras un nuevo humanismo

Los estudios universitarios nuevos, el nuevo humanismo, se deberán proponer la creación de espacios de silencio con los cuales ayudar a los jóvenes a trazar mapas conceptuales de convivialidad, conscientes de que la persona se construye en el diálogo con las otras personas. Todo porque la universidad ha de considerarse el lugar ideal de la madurez intelectual y crítica de los jóvenes, donde las ciencias -repitámoslo- del hombre y las de la naturaleza se reencuentren, dentro de una inspiración profundamente unitaria.

En decir de Basarab Nicolescu, Presidente del Centre International de Recherches et d´Études Transdisciplinaires (CIRET): “L'Université est le lieu privilégié d'une formation adaptée aux exigences de notre temps et il est le pivot d'une éducation dirigée en amont vers les enfants et les adolescents et orientée en aval vers les adultes. L'Université pourra ainsi devenir le lieu privilégié d'apprentissage de l'attitude transculturelle, transreligieuse, transpolitique et transnationale, du dialogue entre l'art et la science, axe de la réunification entre la culture scientifique et la culture artistique. L'Université renouvelée sera le foyer d'un nouveau type d'humanisme.”38

Al referirse concretamente a la creación de “lieux de silence” y de meditación, Nicolescu advierte y subraya: “À l'image des monstrueuses mégalopoles, certaines universités sont, du point de vue architectural et de la distribution des espaces, de gigantesques hypermarchés du savoir, au mépris de tout sens esthétique et poétique, si nécessaire à une vie réelle. Dans de tels espaces l'esprit d'exclusion, de mépris, d'ignorance de l'autre, d'indifférence par rapport à tout ce qui est différent de soi-même ne peut que s'accentuer et se propager dans la vie de l'adulte actif que l'étudiant va devenir à la fin de ses études... Dans ce contexte la création de lieux destinés exclusivement au silence et à la méditation pourront jouer un rôle important dans l'engendrement de l'esprit de tolérance. Ces lieux doivent évidemment être, conformément à l'esprit laïque de l'Université, des lieux transreligieux et transculturels, où chacun pourrait communiquer avec l'autre dans le silence nourri par sa propre religion et sa propre culture. Dans la perspective transdisciplinaire, le silence met en jeu un niveau extrêmement riche d'information, à partir duquel une communication et même une communion peuvent s'établir.”39

Éstas algunas de las más sobresalientes ideas que, desde el Congreso de Locarno en 1997, ventilaron conjuntamente CIRET y UNESCO en aras de una Universidad del Futuro, en cuanto lugar de cultura, de arte, de espiritualidad y de alternativas, verdadero lien social impregnado de “concepts nouveaux comme ceux de transculture, transreligion, transpolitique ou transnationalité.”40

El encuentro es la clave

En idéntico sentido, el Dr. Alfonso López Quintás, catedrático de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, a propósito de La Formación Adecuada de la Configuración de un Nuevo Humanismo, plantea ideas claras y precisas en torno al hombre en cuanto “ser de encuentro”, cuya meta de vida no ha de ser otra que crear modos elevados de unidad a través de la relación dialógica. Ideas que López Quintás ha expuesto magistralmente en sus Cátedras así como en algunas universidades latinoamericanas, las cuales nos permitimos reproducir de seguidas in extenso.

Un individuo, una sociedad sin ideal, realmente están perdidos. A sabiendas de que el ideal del dominio, del tener, tiene que ser cambiado por el ideal de la solidaridad, del ser. Elegir entre destruir o construir. Entre amar u odiar. Elegir el ideal del servicio, la cultura del servicio antes que la del poder, en actitud de solidaridad.

El ser humano es un ser de encuentro. Vive como persona, se desarrolla, se perfecciona, creando encuentros. Encuentro con la madre, con el padre, con los hermanos, con el hogar. Con la escuela. Con la patria, con la universidad, con la sociedad. La clave es la comprensión del encuentro, de cada encuentro. Comprender bien el encuentro, a fondo.

Cada persona es un mundo, un campo de realidad, un ámbito de realidad, va y viene entre proyectos, recuerdos, talento, expectativa, desengaño, soledad, afecto. Campo de realidad que puede y debe relacionarse. Fuente de posibilidades, con experiencias no sólo lineales, sino reversibles. Así que el encuentro es un enriquecimiento mutuo, voluntad de ir juntos. Creación de un campo de juego común, un campo de libertad común. Fusión de gozos, alegrías y problemas. Mirada junta, en una misma dirección.

El encuentro es fuente de energía. Da luz, sentido, madurez. Da alegría. Fuerza para vivir. Entusiasmo. Da felicidad, plenitud. El encuentro es la clave. Todas las proezas, todos los triunfos todas las fiestas vienen siempre de un encuentro. Puesto que el encuentro es relación; como los valores, las virtudes, las capacidades y posibilidades dependen de la relación. Tal como todo el universo está interrelacionado, tal como la relación es el fundamento de la vida, así el hombre tiene que vivir la relación, en relación, creando y multiplicando esa relación.

Definitivamente, el hombre es un ser de encuentro. Vivimos como personas, nos desarrollamos y maduramos como tales creando diversos modos de encuentro. A diario nos entretejemos y enriquecemos. Entretejerse o entreverarse implica intercambiar posibilidades, expectativas y proyectos, en lo físico, afectivo - espiritual, simbólico, sociológico, político, cultural.

Hemos de crear modos elevados de realidad. Venimos del encuentro y nos sentimos llamados al encuentro. El encuentro es un entreveramiento de ámbitos y valores. El hombre vive como persona, se desarrolla, perfecciona como tal al entretejer su ámbito de vida con el de los demás, con el de otras personas. Pudiéndose decir con sobrada razón que el hombre no tiene un solo centro, como la circunferencia, sino dos, como la elipse: el yo y el tú. La vida del hombre es encuentro.

De donde se deriva y explica el carácter dialógico del ser humano, homo loquens, por antonomasia. Tener el sentido de la palabra significa vivir dialógicamente, mantenerse atento a la llamada de los valores y estar dispuestos a asumirlos activamente. Vivir en diálogo implica: ajustarnos a la condición de seres que deben realizarse en un entorno de ámbitos: vivir de forma creativa, responsable, valiosa; hallarnos siempre en camino hacia nuestro pleno desarrollo personal, prestos a las posibilidades que se nos ofrezcan en orden a realizar nuestro verdadero ideal.

La vida dialógica, relacional, fuente de paz y amparo espiritual, nos otorga una plena identidad personal, nos abre horizontes de insospechada novedad y riqueza. La vida dialógica nos permite una permanente actitud creadora, con posibilidades y horizontes inéditos, siempre nuevos. Dentro del denso tejido de actitudes, anhelos, alegrías, penas, situaciones de unidad solidaria o de soledad amarga, que forman el proceso del hombre hacia la plenitud socio-personal.

Ante la propia experiencia, áspera y arriesgada; ante el apabullante desconcierto cotidiano; ante tantas diferentes posibilidades, a menudo desgarradoras, que pugnan por imponerse, a pueblos y hombres no les queda sino el encuentro como clave de existencia, experiencia, sobrevivencia. Abrirse y crear unidad. Esta es la clave. Este el camino. Este es el futuro.41

A modo de conclusión

“Antes que una confrontación y antagonismo entre la técnica y la libertad, lo que se impone en nuestra época es una superación de semejante antítesis para lograr que ellas se fecunden mutuamente y de su conjunción nazca un nuevo destino para el hombre. Ello significaría sentar las bases y explicar el sentido de un nuevo humanismo -el auténtico humanismo de nuestros días: el humanismo técnico- donde esa técnica, como producto de la libertad humana, queda reconciliada con la propia libertad que la origina y, en lugar de destruirla, la potencia y multiplica como exponente del don más humano que distingue y caracteriza al existir del hombre. Efectivamente: así como la tecnocracia, en tanto que es producto de la ratio technica que la sustenta es orientada por una voluntad de amor, aquella tecnocracia puede ser utilizada para ayudar al hombre y a los pueblos en la difícil aunque irrenunciable tarea de ser dueños y gestores de su propio destino mediante el ejercicio de la libertad.”42

Estamos plenamente de acuerdo con el Dr. Joaquín Mª Aguirre en que “concebir la Ciencia y la Cultura como algo separado es una contradicción que afecta a la raíz misma del pensamiento humanista.” Igualmente, en que es preferible “considerar el Humanismo más como un impulso que como un depósito, más como una energía que como un cúmulo de conocimientos eruditos.”43

Con Antonio Pasquali, concluimos: “No cabe dudas: el reto que ya se yergue ante nosotros, si queremos sobrevivir y salvaguardar para nosotros y para la humanidad entera esa parcela de fecunda diversidad cultural que encarnamos, es el reto del saber; es un reto de investigación, de educación y de humanismo. Aferrarse aquí y ahora al humanismo, por otro lado, no es un proyecto de trasnochados e inadaptados a las nuevas realidades tecno-científicas; es una decisión estratégica de latinidad, de poner a valer nuestras ventajas comparativas como guardianes natos de un humanismo universal que otros vienen estragando, de conservarnos autoconscientes y alerta, de pensar a quien nos piensa, de “perseverar en nuestro propio ser” -según rezaba el supremo principio estoico- para cohabitar un futuro mundo de diversidades en pacífica coexistencia.”44

Camino de una inteligencia cósmica, planetaria -inteligencia colectiva y conectiva- "la era de la inteligencia en Red es una era de promesas. No es simplemente una red de tecnología, es una red de seres humanos por medio de la tecnología. No es una era de máquinas inteligentes, sino de seres humanos que, por las redes, combinan su inteligencia, conocimiento y creatividad para revoluciones en la producción de riqueza y de desarrollo social. No es solamente una era de conexión de computadoras entre sí, sino de la interconexión en red del ingenio humano. Es una era de nuevas y amplias promesas y de oportunidades inimaginables.”45 (Donald Tapscott).

Homo habilis, homo sapiens, homo digitalis, homo cybersapiens, el hombre, está forzado "a habitar poéticamente la tierra, porque su inteligencia es poética, poieticacreadora."46 Es decir que a través de un enfoque zetético poiesológico, de búsqueda creadora, el hombre signa cada vez más la proyección del humanismo tecnológico en una verdadera autopoiesis de realización y completitud humanas.

Razón Poética

“La palabra, nada, un poco de aire estremecido que, desde la madrugada confusa del Génesis, tiene poder de creación”
José Ortega y Gasset

Jirón de prado, nube pura, sol perfecto, casa y universo y clarinada. Jungla de sueños, jaspes arrojados. Jaula de cristal, hembra jadeante. Juego de garza, junco en la alborada. Jovial esencia. Jubiloso asombro. Hurganza sintiendo el chasquido de los pasos, el hambre, el pan, la soledad, la pena. Insomne noche rebelada. Magma imaginario. Alarido. Angustia, crispación y grito. Vacío pleno de inminencias, intersticios. Filos y fisuras del mundo y del lenguaje, hendiduras. Configuración del inacabamiento, ruptura momentánea, pasajera pregunta, ligereza de sílabas girando. Júbilo, alumbramiento, bienvenida. Ara en fulgor para el altar del tiempo, para elevarle al corazón sus bríos. Trino con que cantamos a la vida cuando la suerte nos ofrece el huerto para sembrar de estrellas el camino. Conjuro de la selva, compromiso, riesgo, desafío, soplo de aire, poder de creación. Agua clara, rayo, ciego asombro, sol, susurro de semilla, fluir inagotable del murmullo. Génesis, memoria vegetal, larga sombra de cópula y prodigio, fraternas potestades del insomnio. Apoyada sobre el puente, sola y de pie, en la larga noche insomne. Forma de vida, asombro deshojado, algún día oficio de los hombres.

Bandera del milagro, borde de la luz, torre de paz, lágrima del mar, espuma de la noche, temblor de espuma, piel de sol enfurecido, piedra de los dioses, sueño de la piedra, piedra de los sueños, fecunda entraña de la luz. Vasto rumor de plumas, adentro en la espesura. Andadura, pasturanza, festín de sombra y llama. Plato de aromada miel. Idilio, diosa aparejada, milagro del insomnio, azul tormenta desatada, en la nochumbre, a vista del rocío amanecido. Blanca palomica en soledad herida, en uno de los ojos de pronto reclinada. Flujo y reflujo en comunión altiva. Relámpagos de sombra, adelantándose a los designios. Crepúsculos desangrados al borde del ocio. Hondas navegaciones. Lumbre de la sombra insomne, brotada de la noche un día que la luna estaba distraída. Larga quemadura, pávida voz, diadema planetaria, hecha toda de cólera y ternura.

Gira, sube, baja, se detiene; estremece, vuela y vuelve. Viene de la nada. Viene del sueño. Toca tierra. Lleva sonidos de metales, de sangre, amor, huesos, nervios; de hambre, guerra, horror, pavura. Conoce el canto de las aves, el silencio del paraguas. La melancolía del guanábano. El sitio del silencio. Las alas de la noche y de la lluvia. El gemido de las nieves. Las voces de la sangre. El paso de los días. El regreso del sueño. El rastro del celaje. Sabe el tamaño exacto de la pena. Conoce el lado oscuro de la rosa y la terrible majestad del pan. Su grito de cigarra navega en la muerte y se cuida de lo vivo. Ronda en soledad por muchas albas. Sale de su envoltura para asombrarnos.

Un querer apoderarse de los sueños de las cosas, de las luces de los pájaros. Rebelarse contra la muerte bochornosa. Poner las cosas en su lugar, los signos en su lugar, las pausas en el suyo. Asombrarse de tanto ayuntamiento cósmico entre los seres, objetos y conceptos. Ir tras la polvareda del aire, las voces de la luna o de la lluvia, la flora del variado enigma. Llegar al interior del hombre, a la mejilla curtida de la tarde. Cambiar la historia. Amar la tierra y amar al hombre. Alumbrar los montes por las noches, alumbrar los montones de hambre a la intemperie. Preguntar por la alegría. Seguir preguntando. Rescatar todas las preguntas de los otros. Preguntar por la rosa sin subvertir la rosa. Preguntar por los juegos, por los niños, por sus risas. Salvar las preguntas de los niños para que el hombre no pierda jamás su asombro. Nombrar la libertad. Inventar la vida en lo alto de los árboles para salvar los pájaros de la tierra. Encender el fuego. Morir cantando. Vencer la muerte. Sacudir asombros. Esparcir los altos sueños, la fuerza de los ríos, el color de los pájaros, las canciones, las hierbas de las tardes.

Devolverle vida a la tierra, color al arcoiris, alegría bullanguera a la lluvia. Andar rompiendo cercas y levantar en su lugar enredaderas de jazmines que convoquen el aliento del hombre hacia su destino cósmico y vegetal. Dar con nuevos alumbrajes. Participar en la fiesta de la vida. Preparar un manjar que alcance para todos.

Ver morir a la gacela bajo los tamarindos. Vaticinar, profetizar, bucear en las tinieblas de los tiempos. Clamar contra la impiedad, la opresión, la codicia, la crueldad. Arrullar, despertar, mecer, golpear, gritar, empujar. Medir, valorar. Saber bien dónde hay barro, en qué lugar hay sangre, dónde queda la razón y dónde la justicia o la injusticia.

Ir al frente. Volver con la victoria. Invitar al sol. Encender la luz. Profetizar contra los explotadores, los bribones, los embaucadores. Interpretar los remolinos. Expresar al pueblo. Reflejar cabalmente los más íntimos, sutiles y misteriosos anhelos del alma. Implorar la clemencia de los cielos. Ir sobre la cresta de las olas. Avivar el fuego. Sumar la voz al coro. Fundir los versos en acero. Amarrar el viento viejo. Seguir al viento nuevo.

Construir la nueva levadura, el nuevo pan: la paz, el lauro, la memoria. Con la primavera, caminar al mercado entre panaderías y palomas. Dar socorro a nuestros sueños, más allá de cruces, lenguas, misterios, milagros o lejuras. Despertar la nueva madrugada. Entre dioses, manglares, árboles y piedras, con las enredaderas, los torrentes, las cerbatanas y todos los azules y caminos, agregarle estrellas a los cielos, añadir, por fin, algo al mundo, despiertos con el despertar del viento, a libertad por todos los caminos.

Expresar asombros y nochuras. Enterrar la muerte. Inventar la sombra. Abrirle los postigos a la noche. Cerrar los ojos a la luna. Dar con el árbol del primer camino. Con la vereda que nos vio salir. Tomarle el pulso al hambre. Saber del diapasón del pobre. De las creencias de Dios y sus costumbres. De los rituales del viento y sus cofrades. De la imagen horrenda del futuro. De la luciérnaga y su antiguo enigma. Saber de la escritura de las piedras. De la alta transparencia de los mudos. Del colosal silencio de los grillos. Tantearle a los sueños sus luceros. Conocer las entrañas de las hojas. El corazón del bosque y sus vitrales. El páramo, sus cuitas y plegarias. Desenterrar el misterio de la rosa. Ahuyentar la sombra y sus reveses. Escapar del ladrido de la calle. Del hosco muñón del peregrino. Del puñal que en la acera nos espera. O del barco que acecha nuestras costas.

Dar con el ámbar del primer arroyo. Traspapelar la terquedad del lunes. Aullar juntos delante de los cielos. Escucharle al pobre su alarido. Compartir esperanzas con el árbol. Esperar a que baile el arco iris. Oír todos los suspiros y proteger el pueblo con palabras. Dar la mano y enseñar el camino. Expulsar el despojo mutilado. Ser libres así el fuego nos cercene. Quitar algunas comas al crepúsculo. Ver la noche sin que nadie contradiga. Eludir la risa ensangrentada. Salvar la luz, sin la cual la tierra gemiría de espanto. Dar con una migaja de soledad marina. Atravesar, siempre a la intemperie, incertidumbres, agonías, interrogantes y tragedias.

Dar forma al vacío de modo que éste sea posible; ojos al poema para que pueda cruzar la calle; alas a Dios para que pueda llegar al hombre. Robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda. Mirar el cielo solamente en el momento necesario. Cruzar, no la aurora, sino el alma en que ampara su soñar. Ventilar, aupar, asolear la eternidad cada día. Verse en el cielo gris, en la trémula víspera del júbilo. Escuchar a la soledad y dirigirle la palabra. Llegar con los ojos abiertos a la mirada final. Contar con la vigilia para el día. Con porvenir para fraguar enigmas. Defender el milagro de la vida. La fogata que lleve al alumbraje. A tiro limpio, la bondad del hombre.

Acercarnos a la vida, al parentesco que a las costas de la divina antigüedad nos ata. Pedir todo el corazón del mar para la paz. Pedirle a la luz que nos espere. Reprocharle al alba su tardanza. Correr el peligro de la vida. Abrazar el asombro de la muerte. Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. Sentir el golpe de agua dura y recogerlo en una taza eterna. Hablar consigo sin saber con quién, deshojando el silencio de la altura. De alguna manera decidir dónde plantar los árboles, de nuevo. Recibir en el alma las manos temblorosas de la lluvia a plena luz, camino de la sombra. Preguntar si la palabra sirve, si sirve para algo la alegría, si en el mundo no quieren a los tristes, si creen las espigas en el hombre, si tienen los milagros descendencia, si es cuestión de vivir contra morir.

Defender la luz del mundo. Ver los árboles. Oír los pájaros. Caminar entre la gente y saludar al sol profundo que brilla en el corazón de los humildes. Mirar el llanto oscuro que hay al fondo de todos los rincones. Verse en el que tiene más de mil años de pedir pan y sueño, en el que no tiene camino que seguir, en ese corazón asomado al espejo de sus enigmas. Detenerse a la orilla sangrante de una lágrima. Acercarse a los que sueñan o sollozan, o tienen hambre y sed bajo el cielo. Adentro de las pequeñas casas de cartón, escuchar el sonido de las lágrimas. Dar con la definitiva claridad del hombre. Saber cuándo, con qué fuerza, de qué modo asumir nuestro destino. Irse noche abajo perdido entre las piedras y las flores. entre las sombras y las nubes.

Limpiar el poder cuando corrompa. Vigilar mientras todos duermen. Unir lo posible con lo imposible. Mantener abierta la palabra. Sacar la flor de las cenizas. Llevar el infinito a cuestas. Salirle al paso a la mirada. Alentar todas las formas. Alumbrar la maravilla. Encender relámpagos. Asombrar al tiempo. Descubrir el secreto. Sentir las sombras. Fundar los sueños. Salvar al hombre. Amar al viento. Decir verdad.

Seguir puntualmente al sol. Sentarse en el lugar del hambre. Acordarse del viaje hacia la sombra. Dar tiempo al camino a que regrese. Despertar a latigazos el silencio. Mantenerse como un latido. Llevar a peso las palabras. Reinar sobre la muerte. Revivir cada día.

Salvarse juntos. Festejar la vida. Cambiar la vida. Transformar la vida. Asolear la eternidad. Hacer más vivo el vivir. Llegar vivos a la muerte. Hacer buena la palabra. Hacerla arado, paz, combate, furente, empuñada, inextinguible. Dar con la antigua trocha de la paz. Salvaguardar al hombre que florece, la lumbre lubricante de la piedra, la huella que nos lleve al alumbraje.

Sentir la muerte girando en los talones. Sentirla girando en los Guantánamos. Sentirla cagando en los hambrones. Hacernos solidarios. Morir de asombros. Descargar nuestros almácigos. Dar con los sueños que inventamos. Vivir mientras el alma nos suene. Morir cuando la hora nos llegue. Ver regresar la primavera. Pasar a tiempo la palabra. Rebelarse contra la muerte. Florecer sobre la tumba. Celebrar la soledad, la lluvia, los caminos...

Querer hacer corpórea la nada -estupor encarnado, relámpago que te ladra y se apaga, furiosa pasión por lo tangible-. Ser a través del otro. Partirse y abrirse para el otro. Desgarrarse con y para el otro, ser. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Recoger la palabra. Reverenciar el silencio. Convocar la palabra del otro. Una palabra liberada, purificada, primordial, esencial, resolutiva, signo del ser, una palabra-ser. Indagar, buscar, inventarle explosiones a la palabra. Darle rienda suelta a la palabra. Que la palabra revele el porvenir.

Palabra por palabra, decir lo que pensamos, con la seguridad del sabio, la transparencia del niño o el alarido de los locos. Reconocernos al encontrarnos con la palabra. Sacarla del baúl de nuestras vidas para empezar a compartirla, adulta, fraternal, con el soldado, la patria y la arboleda. Rasgón, terrazgo, espada, triza, tajo; cópula, ramazón o ramalazo; las palabras compiten, competen y complotan. Únicas capaces de recuperar al hombre, aventar la noche, inventar el sol o convocar al vino.

A pesar de la miseria o la grandeza humanas, cañas pensantes todavía, crédulos o incrédulos, tímidos o temerarios, ángeles o bestias, antes que confesar nuestra impotencia, hablar de una vez para mañana. Pronunciar la palabra decisiva que la vida y la historia nos vayan enseñando. Envueltos en subversiones y versiones, marchas y contramarchas, dar con la palabra necesaria. Confirmar que la civilización no es más que una injusticia armada. Que la poesía es una insurrección. Que el poeta no se ofende porque le llaman subversivo, cuando le dicen insurgente.

Decidirnos por la libertad de la palabra, hasta hacerla timón en nuestras manos, frente al vendaval, la noche y los dioses que nos cruzan, confusos y ominosos. Enseñar la palabra al hombre que llora, hambriento, cabizbajo, en su bravura. Lugar por excelencia de lo humano, en la palabra vivimos, nos movemos y somos. Como la patria, en desdicha, en hechura o en deshonra, en ella gime, vive o sobrevive.

Hacer buena la palabra. Hacerla voz, viveza, arado; lengua, paz y pueblo; combate, libertad, salario; amor, vida y arte. Arte subversivo. Violación de límites y paciencia represiva. Rebasar lo permisible. Transgredir lo decible. Asumir la razón poética, en creación, asombro y maravilla. Concebir la magia de la estirpe o raza, su visión real, irreductible, ineludiblemente misteriosa, amarga, mortal o vengativa. Palabra en alto. Y la victoria crecerá despacio como siempre han crecido las victorias.

Videntes, alucinados, intermediar la fuerza oculta. Jugar a la paz con el soldado o con el niño que nos reta, vagabundo. Recobrar, antes que la pólvora, la palabra, su encanto germinal, su magma, su hermosura, su historia, su legendaria esquina, donde espera, acurrucada, el hambre, en miseria cobijada. Asistir al combatiente, en cárcel, en rincón, enfurecido. Hacerle conciencia conflictiva, desgarrada.

Empuñarla, fulgurante, solar y duradera. A favor de la apuesta, la batalla y la final victoria. Palabra en mano, volear la pródiga semilla sobre el campo, el hermano y la pradera, en sincera alianza, tras un despuntar de claras madrugadas, de gracia, paz y vida nueva. Palabras y más palabras, cataratas de palabras. En la distancia del futuro, el vuelo de las palabras, rebeldes en el tiempo y al olvido refractarias. Cuesta arriba, cuesta abajo, las cosechas de palabras, buidas y aceradas, por las sendas urticantes.

¿Hasta cuándo la calificación de las palabras? Alma arriba, alma abajo, meridiano esclarecido de nuestras ansias refulgentes. Lejos de tantas patochadas; lejos de perlas, monjes, molinos o castillos; de confundir caballo y hombre, pueblo y pólvora; lejos de diferenciar fusil de patria, vino, oficio, trago y trigo; vida, misterio, alma y poesía; dar palabra, corazón y mano; empeñarlos, cruzarlos con el hombre, sus asuntos y sus sueños, manteniéndolos en pie de guerra por la paz o el pan que hagan falta.

Frente a una palabra enmascarada, fantasiosa, una clave, articulada, lujuriosa, pertinente; una palabra activa, digna, apasionada, certera, cruda, furente, fehaciente, empuñada, insomne, verdadera. Una palabra que golpee al mundo y acompañe al hombre. Urgida, llameante, inextinguible. Adecuada al enigma universal y al majestuoso corazón del hombre. ¡A pulso de vinagre, vino y júbilo!

El corazón, los ojos de los hombres se llenaron de letras, de mensajes, de palabras. Letras que caminaron y encendieron, que navegaron y vencieron, que despertaron y subieron, letras que libertaron, letras en forma de paloma que volaron. Y el hombre fue otro y otra fue su palabra. El canto, el himno ardiente que reúne a los pueblos de una letra agregada a otra letra y a otra de pueblo a pueblo fue sobrellevando su autoridad sonora y creció en la garganta de los hombres hasta imponer la claridad del canto.

La palabra sólo es. Tenemos que fluir con ella. Entregarnos al momento. Dejar que como el vino ocurra. Escuchemos los relinchos de la noche, conozcamos las lluvias subterráneas y sepamos para lo que sirve una flor, una hamaca, una colina. Atisbemos un poco la rendija para ver cómo se asoma el hombre. Abramos la trocha que nos lleve al hombre, al mundo, a la muerte o a la vida. A proteger al pueblo con palabras. A presenciar todas las agonías. A ser labriegos de nuestra propia voz.

Somos la palabra que está naciendo, la misma que se detiene y volcará como campana su acero y su sonido hacia todas las mañanas. Basta un lucero para que haya noche. Basta un quejido para que haya día. Construyamos el porvenir y el amor telúrico desenfadado y sin banderas. Demos forma a lo invisible. Palabra sola, labra nuestra paz. Ordena el espesor de la tardanza. Amartilla tú sola nuestra espera. Sacando cuentas y después de todo, tú sola y para siempre la palabra. ¡Y si después de tantas palabras, no sobrevive la palabra! Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra! (Poesía, Sociedad Anónima).

NOTAS

[1] MORA, Pablo. Proyección del humanismo tecnológicoEn. Revista Divulga. Asociación de Profesores U.N.E.T. San Cristóbal - Táchira - Venezuela. Año 2. No. 9. Marzo, 1979. pp. 10-11.

[2] DAVARA, Miguel Ángel. El humanismo tecnológico.
http://www.comadrid.es/comun/datospersonales/0,3126,457237_458340_460419_12038602_0,00.html

[3] BENÍTEZ, Luna. La especialización mata la inquietud humanísticaEn: Verbigracia. Diario El Universal. Caracas, sábado 15 de enero de 2000. p. 1. http://www.edu.com/verbigracia

[4] WISOTZKI, Rubén. Josu Landa desinfla el humanismoEn: Diario el Nacional. Caracas, domingo 14 de julio de 2002. p. c/2.

[5] Ídem.

[6] AGUERRONDO, Inés. El Nuevo Paradigma de la educación para el siglo.
http://www.campus-oei.org/administracion/aguerrondo.htm

[7] Ídem.

[8] ABBAGNANO, Nicola. L ‘ uomo progetto duemila. Roma, Dino Editori, 1980. p. 124.

[9] Ibídem. p. 148.

[10] Ibídem. p. 190.

[11] Ibídem. p. 203.

[12] SIMON, Herbert. A. Las Ciencias de lo Artificial. Barcelona, A.T.E., 1979. pp. 9-19.

[13] Ibídem. p. 90.

[14] SCHRÓDINGER, Erwin. Ciencia y Humanismo. Barcelona, Tusquets Editores, 1985. p. 15.

[15] Ibídem. p. 17.

[16] ABBAGNANO, Nicola. Diccionario de Filosofía. México, Fondo de Cultura Económica, 1963. p. 919.

[17] USLAR PIETRI, Arturo. El disparateEn: Diario El nacional, Caracas, 18 de octubre de 1987. p. A-4.

[18] STOLOVICH, L. N. Naturaleza de la Valoración Estética. Buenos Aires, Ediciones Pueblos Unidos, 1975, pp. 218-223.

[19] Ibídem. pp. 231-233.

[20] MARCH, Robert H. Física para poetas. México, Siglo Veintiuno Editores, 1977, p. 12.

[21] STOLOVICH, L. N. op. cit. 235-236.

[22] Ibídem. Pp. 244 y ss.

[23] LEÓN DEL RÍO, Yohanka. ¿Por qué utopía?
http://www.lainsignia.org/2002/septiembre/dial_002.htm
http://www.nodulo.org/ec/2002/n007p05.htm

[24] LEÓN DEL RÍO, Yohanka. Una mirada escrutadora hacia la utopía... o una visión de la utopía para América Latinahttp://www.hottopos.com/vdletras3/yohanka.htm

[25] MARTÍNEZ MÍGUELEZ, Miguel. La Educación Humanista en la Universidad. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Caracas, 1999.

[26] PASH, Grete. Educación Virtual y Experiencia en Guatemala. Entrevista al Dr. Florentino Sanz.
http://www.newmedia.ufm.edu.gt/pagina.asp?nom=sanz

[27] MAYZ VALLENILLA, Ernesto. Crítica de la Razón Técnica. Caracas, Equinoccio, Ediciones de la Universidad Simón Bolívar, 1974. pp. 87 y 163.

[28] Ibídem. p. 87.

[29] Ibídem. p.145.

[30] Ídem.

[31] Ibídem. pp. 196-202-216.

[32] CÁRDENAS BECERRA, Horacio. ¿Tienen sentido en Latinoamérica los estudios clásicos? Editorial Arte. Segunda edición. Caracas, 1963. pp. 13-15.

[33] Ibídem. p. 29.

[24] Ibídem. p. 30.

[35] PICÓN SALAS, Mariano. Viejos y nuevos mundos. Biblioteca Ayacucho. No. 101. Caracas, Editorial Arte, 1983. pp. 469-472.

[36] PANCERA, Mario. Tra fede e rivoluzione. Il caso Girardi. Milano, Rusconi Libri, 1981. pp. 13-24.

[37] PAVESE, Cesare. El oficio de vivir. El oficio de poeta. Barcelona, España, Editorial Bruguera, 1980. p.283.

[38] NICOLESCU, Basarab: PROJET CIRET-UNESCO. Évolution transdisciplinaire de l'Université. [document de synthèse] Congrès international QUELLE UNIVERSITÉ POUR DEMAIN ? VERS UNE ÉVOLUTION TRANSDISCIPLINAIRE DE L'UNIVERSITÉ (Locarno, Suisse, 30 avril - 2 mai 1997)
http://www.tinet.ch/videoart/va18/evolution.Nicolescu.html

[39] Ídem.

[40] Ídem.

[41] LÓPEZ QUINTÁS, Alfonso: Literatura, Creatividad y Formación Ética.
http://www.cnice.mecd.es/tematicas/etica/index.html
__________________________ La Formación Adecuada a la Configuración de un Nuevo Humanismo. Conferencia, en dos partes, en la asignatura Filosofía de la Educación II de la Faculdade de Educação da Universidade de São Paulo, el 26 -11- 99, para los alumnos del segundo año de Ciencias de la Educación y para numerosos profesores y doctorandos de la FEUSP y de otras universidades de São Paulo- Edición: L. Jean Lauand.
http://www.hottopos.com.br/mirand9/quintas.htm

[42] MAYZ VALLENILLA, Ernesto. El sueño del futuro. Editorial Ateneo de Caracas. Caracas, 1984. pp. 258-259.

[43] AGUIRRE, Joaquín Mª . Ciencia, humanismo, Humanidades y Tecnología. En: Revista Espéculo. Número 19.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/humanism.html

[44] PASQUALI, Antonio. Guardián nato de un humanismo universal. En: Verbigracia. Diario El Universal. Caracas, sábado 11 de mayo de 2002. p. 4.

[45] PETRISSANS AGUILAR, Ricardo. El Futuro y la Sociedad Tecnológica. La necesidad de una reflexión. Serie Estudios. Versión 1.1. Montevideo, Uruguay, Diciembre 2000.
http://www.alfa-redi.org/upload/revista/102401--22-44-sociedad.doc

[46] ARGENTE, Tirso de Andrés. Homo CybersapiensLa inteligencia artificial y la humana.

© Pablo Mora 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

Del poeta que escriba en menguante. Del sol que caliente la miseria. De la antigua procesión de hojas marchitas. Del virginal destierro sin regreso. Del zorro tiempo que cosió el silencio. De las vergüenzas, los odios, los bisiestos años. De los millones, billones o trillones de justos. De sus escombros, sus heces, sus herbajes. De los hombres buenos, fraternos o pendejos. De las rojas calificaciones del rocío. De la criptografía de los espías. Del aurinegro estiércol de los diablos. De los fatídicos cálculos arábigos.

¡Librémonos!

De los escupitajos. De los mortecinos ecos de una infancia hueca. De lunas distraídas, putrefactas, con psoriasis. De la antigua costumbre de ir por las laderas del hocico de algún pan sin nombre y apellido. De los cimientos, aleros o gargantas donde los helechos ocultan las crecientes y clinejas. De alguna vez sin sombra. De esos ojos que se van poniendo chinos de puro sentimiento muerto.

¡Librémonos!

De la brisa muda, confundida, agazapada. De la herida lágrima del beso de la puerta. Del llanto aguacero del payaso de los pájaros. De las simas infernales de la hormiga. De algún día sin noche. Del eterno aprendiz de pordiosero, de poeta. De ser tan sólo trapo viejo de cocina esenia. De la marginalidad de la mordaza. De la ciudadanía de la maleza. De la confusión de los espíritus. De las malas tintas, trinitarias, con pereza azul marina. Del alegre gasto de hojllas, saludos, palabras y regresos.

¡Librémonos!

De los relojes de los largos sueños. De los gestos, los cantos, cuernos, cuentos y coros de la tarde. De las viejas arenas del río. De las azules piedras del mar, sus costados y quebrantos. De mirar sin miedo a maltratar al ciego. Del hórrido graznido de un auricular espía. Del sol, la luna y las estrellas. De la luz que fue hecha. Del desorden sacrosantamente público. De los orinocos de la angustia básica. De la andanza de los cristos encarnados, truculentos.

¡Librémonos!

Del pavoroso tesoro del hambriento, el eterno basural de los sinsontes. Del hueso gustero. Del mañanero pedazo de candela. De la saneada policía embrutecida, envenenada. De la santidad de las semanas. De la conjunta mortandad de los calvarios. De la muda orfandad de los samanes. De los apócrifos pensamientos. De su vigencia escandalosamente moribunda. De tanto malandrín contemporáneo tan lleno de sabor latino.

¡Librémonos!

De alguna lupanaria invasión de los marines. De posesiones, transmisiones, misiones, sumisiones. De agresiones, regresiones, transacciones, conciliaciones o casinos. De la ginecocracia de la mujer. De las angélicas pasionarias arenas de las flores y las algas. De quienes juntan casa a casa y añaden heredad hasta ocuparlo todo. De maquinaciones, de coyundas y de yugos. Del monte sin bramido de ganado. De la economía sin fronteras. De las firmes retiradas. De las mentiras, de las granadas, de las carcajadas.

¡Librémonos!

De los amparos, los desamparos, los roperos, los preparos y reparos De los trabajos, los dioses y los días. De los bravos, de los buenos, de los feos, de los malos. De los barcos juguetes de garbanzos o gabazos. De las gaviotas de cada día. De la luz eléctrica desinfectante y puta. De quien nos siga, nos hurgue, espere y desespere. Del Eclesiastés. Del Eclesiástico. De los Excelentísimos Señores Superviajeros. De los pasajeros. De los proverbios, los refranes y los eros. De los cinco o cinco mil panes. De los cinco puntos cardinales de los canastos engrifados por el llanto.

¡Librémonos!

De los canarios, los gallos, los grillos, los cristianos y los trompos tuertos. De cualquier unión patriótica. De cualquier estado hideputa unido, supremo, checo, eslovaco, ecuménico o romano. Del nostradámico naufragio del planeta. Del enfermo pobre. Del remedio caro. Del tramposo viejo. De la hornilla muerta. Del acecho de la sierpe. De la estatua del silencio. Del complejo azucarero del diabético. De las impúdicas raíces cuadradas, literarias. De las impunes rimas estridentes, procelosas, desnudas o atenuadas. Del pus supremo de los viudos y los solos. De la ponzoña, la maleza y la cizaña.

¡Librémonos!

De las Constituciones, los Constituidos y las Constituyentes. De las vulvas quebradas del quebranto. De los suspiros lustrales del torrente. Del delirio augusto en torrencial plegaria. De la sinérgica vacuidad del cosmos. Del lirio y la vagina a la intemperie. Del cante jondo de Dionisio en galla misa. De los Smith, de sus deudas indeseadas, inmorales, indexadas. De los Truman vagabundos de la guerra.

¡Librémonos!

De los racimos del hambre y la miseria. De los ridículos seguros poderosos previsores. De las bárbaras sedes de los deltas del silencio en alta mares crines de arrechera encabritada. De la ansiedad de las pedradas. De virtudes, peines, arañas, alacranes y pañales. De la solemne soledad de los agostos. De la tristeza, esa mierda, compañera insoportablemente legañosa, tiernamente oscura.

¡Librémonos!

De tropezar con un martes trece. Con un caballo loco o un león insomne en fuego. De una madrugada acacia hambrienta. De la corneja al lado adverso del destino. De alguna tristeza ultramarina. Del aullido de la hiena. De la salvaje cabra, del chacal y del hurón. De la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra.

¡Librémonos!

Del canto del gallo en aguacero. De la abismal oquedad de la renuncia. Del carcomido silencio en increíble soledad deshabitada. De los toreros muertos, de los huérfanos teteros. De la zocacola, las anhedonias, los pericos. De los fantasmas de Canterville. De los sobrevivientes. De Chernobyl. De las intelectuales escrituras patriarcales pendulares.

¡Librémonos!

Del rap de las hormigas. Del carrousel de las Eduvinas, las Adelas y las Adelitas. De los enanitos verdes. De los traviesos gusanitos. De los políticos paralíticos, sifilíticos. De la escasez del tiempo para el ocio, el vicio y el fornicio. De las mezclas con efectos especiales. De los bebedizos, menjurjes, barbechos y barbascos. De los puercos y los porchettos.

¡Librémonos!

De los contagios del alma. De los rituales. Del limbo y los reptiles. De los cristianos, cristales y vitrales. De los juanes, los mordiscos, las trompadas, estallidos y luceros. De los venenosos invidentes. De las tuercas, tutecas, lagartijas y cangrejos. De la tara, las lesiones, sus corotos, tormentos y lecciones. De las guerrillas, las calabazas, los velorios. De las ocurrencias de la muerte. De los ojos abiertos de los ciegos.

¡Librémonos!

Del medio camino de la vida. Del azufre, del agüero, del aojo. De la desnuda mariposa salamandra. De la amapola en luna descubierta. Del tísico pañuelo de la guerra. De consejas, sinagogas, conjuros y consejos. De argucias, fraudes, hurtos, dolos y asechanzas. De echar dado falso, de cargarlo. De caer en el señuelo o en el lazo. Del necio, sus celadas y sandeces. De confundirnos alguna vez de mano, de palabra, de noche o de locura. De lluvia, de casa o de garganta. Del canalla y sus vilezas. De la sangre colorada en desamparo permanente. De acampar algún día en ensangrentado llanto. De tener que cargar con la rosa agusanada sobre el opaco lomo del que nunca fuera.

¡Librémonos!

De la matadura de la memoria voraz que atiza los relámpagos. Del desbocado potro que golpea en el pecho sus chispeantes cascos herrados por el viento. Del vórtice abierto que engulla nuestra esperanza desolada. De la desolladura del barro que seremos. Del errante diluvio de los párpados insomnes. Del estridente relincho del rayo de los pájaros.

¡Librémonos!

De tener que mear sangre en los hocicos de los gusanos o pagar peaje con vinagre de Mahfud. De tener que presenciar el duelo de una telaraña con la lluvia. O el de un colibrí con el sueño de una cerbatana. De tener que oírle a la lluvia un cante jondo. O asistir al entierro de una hormiga virgen. De tener que andar en puntillas sobre un silencio o liberar una estrella de una luz alpina.

¡Librémonos!

De tener que regresarnos de la muerte u oírle al mar sus coruscantes sinfonías de agua. De tener que cambiar de aldea. De que se desteja el encaje del sol enfurecido. De que se desgaje el transido corazón del hombre. De que se desate la noche de la guerra o se zafe el curricán del mar.

¡Librémonos!

De que nos sorprenda el aplauso de un pájaro salvaje o la madre del caracol huyéndole a la pena. De aquél que no conozca la tristeza. De las indómitas fieras de la guerra. De tener que ver los mil cielos sin estrellas. De que el sueño sea el camino de la muerte. De querer en alguna madrugada abrirse una vena o un ojo que nos dé la libertad eterna.

¡Librémonos!

De la culebra amarilla de la acera en donde guiñan nuestra vida los goznes de los miedos menguados de unos asnos escondidos en los postigos del tiempo, amarrados al fulgor de la garita quejumbrosamente polvorienta de la lluvia en suerte.

¡Librémonos!

De las sombrillas del corazón. Del desierto de las bolsas. De las zapatillas de las brujas. De las gusaneras del Palacio. Del abrazo de un ogro purulento. De un Judas vivo o un Vallejo muerto. Del hambre, digo, del hombre decente, parte de la Religión, ese viejo escondite, guarida de dioses, infiernos y demonios. Del corazón, ese tercer cojón del hombre. Del sidoso divino providente. De los cojones de la Divina Providencia.

¡Librémonos!

Leer es pasar la vista por o a lo largo de, pasar lista o revista, ver, observar, ojear, mirar, admirar, recorrer con la mirada, contemplar, otear, examinar, considerar, discernir, descifrar, analizar, razonar, reunir, relacionar, entresacar, reconocer, clasificar, distinguir, interpretar, juzgar, comprender, asimilar, explicar, tomar, coger, recoger, escoger, seleccionar, nombrar, apropiarse, seguir, amainar, devanar, costear, levar anclas, hacerse a la vela, cargar las velas, amainar las velas, recorrer, construir, reconstruir, aproximarse, rastrear, explorar, penetrar, interrogar, investigar, escuchar, enterarse, estudiar, profundizar, descubrir, percibir, acertar, atinar, adivinar, transmitir, discutir, crecer, rebelarse, crear, re-crear, inventar, gustar, saborear, cultivarse, ilustrarse, asombrarse, entusiasmarse, interactuar, vivir, legar, delegar... es decir, captar, asir, prender, aprender, aprehender, pensar, entender (intellegere = intus-legere), elegir (legere) y elegir lo mejor (intellegentia - elegantia).

Leer es pensar

Entre las operaciones que se cumplen en el acto de leer tenemos: la percepción, el reconocimiento, la organización y la retención del material leído. Se trata de percibir unos elementos y relacionarlos hasta dar con el significado o los significados que hagan posible su comprensión.

El desarrollo del pensamiento, según Hilda Traba, se correlaciona con los niveles de comprensión en la lectura. Progresivamente, la formación de conceptos discurre a través de las funciones de diferenciación, abstracción y ordenamiento, pasando por la inferencia y la generalización que, a su vez, incluyen la identificación, la comparación, la síntesis y la interpretación.1

Leer es pensar. La lectura equivale al proceso del pensamiento. Sin el pensamiento, la lectura no sería sino una simple actividad mecánica de reconocimiento de palabras y no la posibilidad de interpretación de símbolos, captación de significados y evaluación de mensajes.2

La lectura implica, al menos, cuatro operaciones: reconocer, organizar, elaborar y evaluar. Alcanzar el significado de los símbolos gráficos empleados en el texto; combinar el significado de las palabras en la oración, frase, párrafo o capítulo de marras; por último, evaluar o cotejar los contenidos con los ideales, las concepciones y sentimientos propios para aceptar o rechazar las supuestas verdades o afirmaciones vertidas en el texto.3

Para Goodman, la lectura se compone de cuatro ciclos: un ciclo óptico, que va hacia un ciclo perceptual, de allí a uno gramatical, terminando finalmente con un ciclo de significado.

Diríamos con Piaget que el ejercicio de la lectura gira entre la continuidad y la novedad, entre la estabilidad y el cambio, entre la asimilación y la acomodación, con miras a un equilibrio que progresa a medida del desarrollo intelectual del hombre, de su maduración, experiencias físicas e interacciones sociales.4

Por otra parte, si “el objetivo principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que han hecho otras generaciones: hombres que sean creativos, descubridores”5, nos correspondería apuntar permanentemente a una lectura crítica, a una evaluación de nuestro devenir personal, histórico, donde, haciéndole caso a Russell, participen por igual factores actitudinales, cognoscitivos y evaluativos, en función del examen, del juicio, sobre nuestro acontecer diario.6

Pero ¿qué mayor acontecer diario que el de nosotros mismos? Antes que cualquier lectura horizontal, vertical o selectiva, exploratoria, informativa o de estudio, el hombre requiere permanentemente una lectura evaluativa de sí mismo en función de una co-lectura.

Él, a quien gratuitamente como a San Agustín se le diera el libro de la naturaleza bajo el imperativo de tolle, lege -toma, lee-, ha de hacerlo suyo, mirarlo, ojearlo y hojearlo, pulsarlo, vivirlo, analizarlo, interpelarlo -olerlo como hace García Márquez con todo libro nuevo- hasta que habiéndolo leído de tomo a lomo sea capaz de legar la mejor lectura a la posteridad como relevo existencial de su presencia, peregrinaje y acción en el mundo. Él que vio, anduvo y leyó, posesionado del tesoro del espíritu universal, deberá -testigo en mano-, traspasarlo a las generaciones de relevo que lo esperan en el camino.7

La palabra -la lectura- es acto de fe, profesión de fe, búsqueda de luz, fototropismo ascendente positivo - zetesis poiesológica-, extensión de la conciencia. Toma, lee, se nos dijo. Hecha nuestra lectura, un día delegamos nuestro asombro, nuestra cosecha, nuestra poesía -creación- y así al infinito, todos, lectores, creadores, recreadores, poetas en plan de permanente elección, hijos del mañana con nostalgia de paz y de futuro, en sueño eterno, en teleescritura - teleliteratura eternas.

La vida, ejercicio de lectura

Arquitecto de su propio destino -artifex vitae artifex sui- artífice de sí mismo, de su destino ( A. Nervo, B. Brecht) tal como la arquitectura un ejercicio de lectura (G. Legórburu), el hombre, mientras va siendo, en vida, no debería estar sino en permanente función de lectura, de vigilancia, de lección, de elección. Empezando por la lectura de su madre: Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem. Comenzando, tierno niño, a conocerla por su sonrisa como lo soñara el pastoril Virgilio. Y, así, camino adelante, camino arriba, lluvia, noche, sol arriba, en su “largo rodeo” -nocte dieque incubando-, dándole vueltas al alma, siguiendo, prosiguiendo la lectura de su experiencia vital o erlebnis. Con la lectura de su tiempo, hilvanando sus mejores Hojas de Vida.

De lectura en lectura, entre sucesivas lecturas, entre primeras y segundas lecturas, fenomenológicamente hablando, entre nuevas lecturas; leyendo entre líneas; entre la lectura geológica, floral, paisajística, ecológica, ambiental, antropométrica; prosiguiendo con la lectura biopsicosocial, política, económica, laboral, recreacional, poética, cultural, mística, espiritual; va configurando la lectura arquitectónica del mundo, del espacio -físico y espiritual- y del tiempo histórico, la territorialidad en la que le correspondió vivir, leer, edificar, hasta dar con la mejor lectura individual inserta en la grupal, colectiva -glocal - que le permitirá la lectura de sus capacidades de aprehensión, codificación y decodificación, las que a su vez le irán revelando sus experiencias, en una palabra, los carriles, los durmientes, los cimientos o fundaciones por los que ha de fluir el hormigón de su conciencia social, de su obrar colectivo, de su impulso creador, co-creador, socio-creador, re-creador.

Buen capeador de tempestades, entre el mar turbulento de la vida, irá leyendo los signos, el espíritu del tiempo, los presagios de los días como otrora el guerrero los leyera en el vuelo de la corneja izquierda agazapada en los árboles del camino.

Dejando sus propias lecturas al vuelo de los días, haciéndose más legible para sí y para los suyos, irá descifrando las huellas de sus antepasados: sus testimonios, herencias, mensajes; sus lecturas, bibliotecas, acopios, enciclopedias o reservas. Igual hará con las partituras de los himnos de los pájaros y su gente; con los herbajes, papiros y rastrojos de sus campos, urbanizaciones y barriadas, hasta ir fraguando, haciendo más legibles su morada, su bagaje, su pueblo, su mirada; su aldea, su ciudad, sus lugares, sus parajes,

A poco andar, entre sus años, insomnios, rebeldías, el cúmulo de lecturas efectuadas le permitirá trazarse su Proyecto de Vida, su Proyecto Creador, su Vocación para la Vida como testimonio irreversible de la solución que dio al problema de los problemas, a ese conflicto o ese centro de un conflicto que es el hombre. (Dubuffet).

Con nuestro propio lápiz, apenas reparemos, habremos escrito nuestra historia en las Hojas de Vida de nuestro propio Libro de Vida. El tiempo y quienes nos sucedan se encargarán de evaluar finalmente nuestros escritos o legados.

Allí quedarán referencias de ese campo espiritual, de ese espacio cultural, de esa tonalidad de humor que coloreó las experiencias anímico-espirituales de nuestra época junto a nuestro “yo”. Allí retumbará la entonación que dimos a nuestro aliento, a nuestro élan vital, a nuestra energía creadora, a nuestro impulso creador o energía espiritual, resonancia acumulada que acompañó nuestros trasnochos mientras de madrugada, en penumbra vigilante, a coro en el asombro, cabeceábamos, sobre nuestras mesas de diseño, nuestra sed de sueño, nuestras ansias de vivir.8

Saber elegir

Lo cierto es que a pesar de toda escritura, antes que confiarnos a lo mero escrito, hemos de grabar el recuerdo vivo en nuestras propias almas, si queremos cultivar un verdadero saber y transferirlo, ya que “la verdadera escritura es la que se graba en el alma del que aprende”, del que lee.9

Y ¿de qué saber se trata? Sólo la frónesis nos dice cuáles son los bienes verdaderos y cuáles los falsos y por cuáles de ellos debemos optar. Cuáles, como los libros, son dignos de ser amados. Se trata precisamente de saber elegir, de saber leer. A partir del “conocimiento filosófico de las ideas que nace de la reflexión del espíritu sobre su propio cosmos interior”10. El saber reposa en la “concentración” del alma en búsqueda de “la más perfecta visión (teoría) del cosmos de las fuerzas humanas y demoníacas”.11

A pesar de la fuerza divina que apenas el hombre puede resistir, la que hace inseguros sus esfuerzos, con la que a veces los dioses ciegan a quienes quieren perder12, a pesar de la moira griega, de la tragedia, el hombre puede y debe ser autor, co-autor de su destino a través de la libertad de opción, de su decisión interior vital, de su selección, de su elección, de su lección, de su lectura vital, de “la mirada espiritual del hombre”.13

En fin de cuentas, “la responsabilidad es del que elige su suerte”, su vida, su aliento, su lectura, su “mayor lección”, su “lección fundamental” o comprensión del bien, el obrar y el trascender14. Desde el fondo de la caverna platónica, encadenados, de espaldas a la luz del sol ideal, frente al difícil pero no imposible “trabajo de romper las cadenas para poder tornar el torso desnudo hacia la entrada de la caverna, y mirar de frente, sin enceguecer, el mundo radiante de las ideas que pasan”.15

Duro y peligroso para todos elegir el destino de vida, leer su propia vida, su forma de vida, su ideal de vida, en marcha adelante, siempre hacia arriba16. Por eso, sólo agudeza, facilidad de comprensión y tenacidad17, harán posible al hombre la dialéctica sinopsis, la definición global, sintética, de sus virtudes, de la virtud, esa esencia común del espíritu, ese órgano ecuménico, cósmico, ese fuego o logos propio-universal del hombre.18

Leer es elegir

Conscientes de “la problemática que supone la plasmación del pensamiento por medio de la palabra escrita”, reconociendo sus límites, hemos de confiar en el “mundo del alma humana, en todas sus emociones y en todas sus fuerzas”19, en volvernos hacia la luz “con toda el alma”, en hacer girar “toda el alma” hacia la luz de la idea del bien, origen de todo, convencidos de que “el alma del hombre es como el ojo, el más solar de nuestros sentidos, el más noble”.20

Hemos de reconocer también que, a partir de la percepción, suma selectiva de sensaciones, por ensayo y error, por tanteo, el hombre va desde una sensibilidad externa a una interna, alcanzando una genérica-sintética, gracias a su tacto personal, tacto seguro (aiestesis) del que depende que podamos fijar la sensación de nuestra existencia, la radiografía de nuestra humanidad, en búsqueda de estrategias vitales de auto-realización, dentro del mejor auto-diagnóstico existencial, en comunión con los demás hombres21. En pro del llamado personal, vocacional, sociogénico, con miras a un sinérgico desarrollo societal específico.

Sin pretender fundamentar nuestra vida en el solo pensamiento, en sus limitaciones, pensamos con San Agustín que, antes que acudir al ámbito meramente social, hemos de regresar a nosotros mismos, pues, sin tener que ir fuera, es en el interior del hombre donde habita, reside la verdad: Noli foras ire, in te redi, in interiore homine habitat veritas (Aurelius Augustinus: De Vera Religione)22. En verdad, “todas las rutas van hacia la morada de los hombres”. Nos lo dice Horacio: Est modus in rebus, sunt certi denique fines, quos ultra citraque nequit consistere rectum. (Hay en las cosas medida y ciertos límites prescriptos, de los cuales jamás puede la virtud ir atrás ni ir adelante.) “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Lo más importante es invisible.”23

Antes que leer por leer, Gibbon nos recuerda que debemos ejercitarnos en pensar y, mejor, en saber elegir. Por ello, nos complace sobre manera coincidir plenamente con J. Guitton en que “leer es escoger, o, si preferís, con una palabra que se grabará: leer es elegir... y es elegir en todos los grados”, formas y sentidos.24

Lectura de la patria

Si importante es volver a la infancia, con ojos de niños, reconstruir lecturas, encontrarse con la niebla de vuelta a las primeras madrugadas, preguntar a la neblina por la primera plana de la escuela, por el cafetal y por su aldea, su soledad, su musgo, su vereda; por el sueño y su colina azul, cabalgando risueños por el cielo; tornar al fuego interior de la morada humana, al hombre que con nosotros va, a nosotros mismos, más importante y difícil elegir el destino colectivo: leer el mundo, configurar el destino de la propia patria, su mejor proyecto o porvenir.

Leer el mundo, saber leer el mundo es impostergable, indispensable, una necesidad. A partir de la lectura de nuestra aldea, de nuestra localidad, alcanzaremos la del mundo. Desde el cimiento de nuestra propia lectura y la de nuestras circunstancias, lograremos leer el mundo, el que nos correspondió, contribuyendo así a entender y salvar a la humanidad misma.

Es Ernesto Sábato quien lo recuerda: “No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y el aquí.”25 En otra ocasión nos convencía de que sólo universaliza quien ahonda en su aldea.

Apenas ojeado el panorama de violencia permanente, de incertidumbre y pre-revolución, de turbulencia, atrocidad y angustia, pudiera sostenerse que, hoy, entre nosotros, en nuestra patria, nadie lee, nadie estudia y menos, investiga. Ni está en condiciones de hacerlo. Nadie puede leer, ni estudiar, ni investigar holgada, cómoda, sistemática, metódicamente, como convendría, debido al clima reinante de zozobra, desasosiego e intranquilidad, con las concomitantes secuelas negativas para nuestro desarrollo intelectual, técnico y científico.

Difícil, entonces, adelantar una lectura crítica, interpretativa, de la patria -científica- como otrora la hicieran, ejemplarmente, en Latinoamérica, un Mariátegui, un O’Higgins, un Allende, un Bolívar, un Vallejo, un Guevara, un Zea, un Rama, un Rodó, un Freyre, Asturias, Martí, Picón Salas, Betancourt o Carpentier.

En un como secuestro histórico cotidiano, nuestra identidad aparece descaradamente incautada, retenida, confiscada. Ante el vacío de la norma y los valores, las alternativas para definir una ubicación, un despegue, se oscurecen. Somos más capaces de identificarnos con una estación radial o televisiva, nacional o local, con un órgano periodístico o una ventana virtual, que con nosotros mismos y con nuestra propia patria, sus intereses, aspiraciones, utopías.

Menos, somos capaces de dar con la entonación, el humor, con la tendencia, con el perfil que pudiera determinar una salida definitiva para nuestro entorno personal-social-colectivo, glocalizante. Enrarecido, nublado, congestionado el palacio y, con él, el parlamento, la capilla, los altares, la banca, la callejuela, los bares, las cantinas, los burdeles y sus guarichas, no somos más que “barcos ebrios” en permanente tempestad que no atinamos a dar con mejores amaneceres.

Y menos con un Estado Social Naciente en cuanto auténtica transición social fincada en una solidaridad alternativa y en una exploración de lo posible y lo factible dentro de los rieles de la presente hora histórica; en cuanto nuevo paso evolutivo nacional, amparado en una lealtad social, fundada en el valor universal de la persona en su doble dimensión individual y social, dispuesto a resolver los problemas sociales, en la amplia perspectiva de un mundo glocalizado, dentro de los fraternos lindes geopolíticos, mediante nueva visión, nuevos instrumentos, nuevas leyes, nuevos métodos, nuevas creaciones. (F. Alberoni). Mediante otro modo de ver el mundo, de leerlo, de vivir o sobrevivir, en cuanto construcción histórica, donde la verdad y el saber social sean normas de ser en concomitancia con una real praxis liberadora, razón de ser de nuestra más legítima elección

Difícil, desde luego, convencerse de que la paz pasa a través de la revolución; de la realidad de un orden nuevo mediante la acción solidaria, colectiva. De la hora de la creación, la esperanza y el riesgo. La de asumir personal, comunitaria y nacionalmente el riesgo de la aventura humana y afrontar con fortaleza la eventualidad del fracaso. De que sólo una tierra -una democracia- distinta hará menos imposible el cielo. (G. Girardi).

Urge “rescatar, leer los signos que dejan las constelaciones y los solsticios para que trabajemos como esforzados segadores en dirección a la luz, esté donde esté, en los territorios de la democracia o la subversión, en aquellos que apunten hacia la consagración de la justicia, la belleza y el amor.” (Mery Sananes).

Lectura de América, del mundo

Alargando la lectura patria, más difícil todavía pretender una lectura de América o del mundo. En medio de la larga letanía del cósmico dolor humano, en esta hora de guerra planetaria, en esta hora incierta de los hombres, “entre la herida universal” del orbe, en esta suprema encrucijada de historia y liderazgos, mientras cada quien quiere su imagen agigantar, cuando “la luna canjeó su puesto con la muerte”, entre nosotros, medianamente imposible distinguir el rumbo, el ritmo, el viraje, el aire que nos falta, el necesario para leer en alta mar, para estudiar y cultivarse, mientras esperamos, atrincherados en luz, al enemigo, cual contrafuertes de justicia y esperanza.

Ojalá leyésemos a tiempo a América que sería como leernos a nosotros mismos, a nuestros primeros jeroglíficos, entre tanta vorágine mundial. Ojalá una Cruzada Nacional-Continental le saliera al paso a tanto apabullante desconcierto, aturdimiento audiovisual, transnacional, capaz de reparar por los fundamentos psicosociales, sobre todo socio-geopolíticos del fenómeno de la lectura, donde al tiempo que se estudie y considere la naturaleza de la misma como proceso de enriquecimiento evolutivo humano, se la entienda como posibilidad real de comprensión de nuestra trágica dependencia y como alternativa válida para la formación del Proyecto Nacional Continental Necesario.

Mientras a las puertas marinas de nuestro Continente, encima de nuestras patrias, cerca de los hombros de esta América, sin que nadie sepa de aquel hombre, aquella gesta, se yergue, orondo, el invasor con sus últimos alaridos de dominación y violencia, como nunca nuestra orgánica y subterránea unidad vital ha de afianzarse en nuestra Lengua, en nuestras ideas, nuestros enunciados, nuestros principios, canciones, minas, siembras, soledades, graneros, horizontes, tinieblas, clarores, llagaduras, signos, señas, para retomar el discurso de nuestra Liberación Continental mediante una auténtica lectura selectiva, analítica, evaluativa, nacional-continental-científica, convencidos de que nuestra mejor defensa es el conocimiento de nuestro propio idioma, nuestros propios textos, que es como decir de nuestros propios sueños, creaciones, trasnochos, vigilias o esperanzas.

Nuevas Bienaventuranzas

¡Ay del hombre que tenga que recordar: aprendí de niño a disparar con la pistola de mi padre! Bienaventurado, en cambio, quien confirme que aprendió a leer en el seno de su madre y, mejor aún, quien empezó a conocerla por su sonrisa.

Venturado quien aprendió “a leer en los ojos de su maestra bajo el cielo siempre azul de su mirada: la palabra aurora en su alegría trasnochada; mar, laguna, estero, cuando dejaba pasar su voz de agua serena”. Dichoso porque aprendió “a leer espiga de sólo ver el viento trillando en sus cabellos”.26

Feliz el que proclama con nostalgia alegre: “La maestra que me enseñó a leer tenía en sus ojos un mar que a veces viene a refrescar mi soledad.” Felices los que descifren las “preguntas sin respuesta esperando en los caminos.”27

Bienandante quien en el exilio sienta todavía a su patria en “la piel, esa memoria de los días” mientras “pasan cielos después de la lluvia buscando azules que ahora languidecen en los jazmines de su llanto.”28

Bienhadado quien aprendió el color tostado de la guerra en los ojos enloquecidamente tiernos de su Cristo o quien leyó los grandes peligros de su patria en el crujido terrible de sus goznes.

Afortunado aquél que hubiere habitado en “El Techo de la Ballena” porque ése si sabe de “Las hogueras más altas”. También quien hubiere estado en las entrañas del monstruo porque supo como nadie de sus horrendísimos secretos, maquinaciones y asechanzas.

Agraciado aquél que no esquiva la mirada ante la ruin miseria porque sabe del hormigón de las vocales, lejos del dominio de los perros vivos.

Conténtese quien haya conocido la Libertad en el regazo de una nodriza negra, soñando a la sombra de sus pechos amasar la paz para su gente.

Enorgullézcase el que atine a leer la historia de los pájaros y el viento en la música arbolada de la sombra mañanera.

Florézcale la vida a quien en todo acordeón palpe la lágrima del hambre escondida en la garganta de un hombre o en un fusil o ametralladora mercenaria, ajena.

Confórmese quien detecte tantas muertes anunciadas lejos de Macondo, entre su aldea, cerca de su casa o en su propia cena.

Bienafortunado el hombre que lea los grises secretos del camino en los augurios de las aves, laderando sueños detrás de alguna barricada.

Feliz quien, a primera leída, lo asombren los relámpagos del pobre, “los rostros de las palabras” vida, muerte, sobrevida o tiempo o pan o luna o rabia.

Venturoso el hombre que acostumbre leerle a las horas sus celadas; a los sueños, sus celadas y a los hombres, sus celadas.

Bienaventurado quien conozca el sigilo misterioso de las Cuevas donde yacen o se esconden las palabras, botines y maldades de los dioses, los demonios y los bosques.

Dichoso quien lea el aplauso de los pájaros.

Conténtese quien haya oído decir que “la palabra es la casa del ser”, que “saber es saber a qué atenerse” y que “pensar es, en última instancia, saborear.”29

Bienaventurado quien conozca “las razones del mundo, los problemas del tiempo, del espacio, de la inmortalidad.” De igual modo quien sienta llorar un libro, nostálgico y dolido, “sobre la ruina de los sueños y los amores, sobre la vanidad, inanidad y futileza de las cosas.”30

Confórmense quienes “ante una página escrita no se olvidan de ser hombres y que un hombre les habla”, pues reconocen que aunque “los libros no son los hombres, son medios para llegar a ellos.”31

Antes que anochezcan nuestros ojos ¿a qué engañarnos? La verdad es que nunca hemos sabido leer. Nos lo dice Hsiang, el custodio de los libros. Ahí están en los altos anaqueles, cercanos y lejanos a un tiempo, secretos y visibles como los astros. Ahí están los jardines y los templos32. Las trágicas comedias de los hombres y sus dioses.

Mientras “la noche gastada se quede en los ojos de los ciegos, piensa que de algún modo ya estás muerto.” Pregúntate, con Borges, “si no te espera el mármol que no leerás... si entre los libros de tu biblioteca no hay alguno que ya nunca abrirás y si ¿no es acaso tu irreversible tiempo el de aquel río en cuyo espejo Heráclito vio el símbolo de su fugacidad?”33

Pregúntate si ¿no es acaso hombre quien aprende a leer y a descifrar a tiempo el vientre de su “noche larga y oscura en la cual la luna canjeó su puesto con la muerte?34



II Hacia una lectura audiovisiva

Pedagogía de la lectura audiovisiva

Debe pensarse seriamente en el fomento de una actitud crítica ante los medios de comunicación social imperantes en nuestra sociedad moderna, a través de los pilares fundamentales de la familia, el hogar y los propios grupos comunitarios. Propicia la ocasión para que la denominada “antiescuela” de los extramuros escolares traspase sus linderos y coparticipe con los educadores en un análisis formal de la producción audiovisiva que nos circunda.

Se trata de que se establezca un flujo de experiencias, donde se enriquezcan tanto las comunidades de base como las educativas, propiamente dichas, a través del diálogo que pueda suscitarse a partir de los mensajes provenientes de los distintos medios de comunicación social. Esta tarea de aprendizaje mutuo, recíproco, fortalecería el espíritu de nuestros jóvenes para afrontar las tantas alienaciones a las que se ven expuestos diariamente.

Valiéndonos de una actitud “apocalíptica”, en lugar de dejarnos llevar por los medios en sí, estaríamos en acecho permanente frente a lo que nos brindan, buscando siempre una problermatización de nuestros intereses y propósitos que apuntale una auténtica pedagogía o educación de la libertad tal como lo pregona insistentemente Paulo Freire.

Antes que mera evasión, buscaríamos la cuota de responsabilidad social que debe caracterizar a los mejores mensajes comunicacionales, en esa incidencia o compromiso con nuestra propia responsabilidad mediata e inmediata.

Un acercamiento a la producción y al fenómeno audiovisivo equivale a proponernos una alternativa educacional para la escuela activa que todos anhelamos.

Tal actitud crítica consiste precisamente en caer en cuenta que el comunicador transmitió su mensaje a través de un proceso de escogencia entre varias hipótesis, que el espectador debe comprender, decodificar y valorar, es decir, leer mediante una auténtica, racional, crítica lectura audiovisiva.

En una palabra, frente a la creciente plusvalía ideológica de permanente alienación, padres, familia y escuela, tienen una ardua tarea que cumplir, de manera de desalienar a tiempo las mentes de las actuales generaciones más que nunca urgidas de libertad para pensar en su respuesta personal y social, en su proyecto individual y societario.

En pro de una real lectura audiovisiva, aupamos una verdadera pedagogía audiovisiva, que considere la presencia de la actual era de las comunicaciones como un hábitat normal y expedito, en el que sustente sus objetivos, su logística.

A tiempo debemos intercambiar programaciones y experiencias que sean capaces de salirle al paso a las fuerzas transnacionales sustentadoras del monopolio ideológico de los medios de comunicación social.

Creemos firmemente que sólo el establecimiento de un diálogo permanente de jóvenes entre sí y entre los jóvenes y las viejas generaciones será capaz de cumplir con el relevo del patrimonio de nuestros mejores valores morales, artísticos e intelectuales. Diálogo en algunos instantes ocasional; en otros, permanente; pero que en todo caso conviene programar cuando las circunstancias lo ameriten, en función de nuestra formación comunitaria, de nuestro crecimiento ciudadano.

Educación para un hombre audiovisivo

En el campo educativo, los medios de comunicación han suscitado todo un trastrocamiento en los métodos y en los valores. La educación tradicional se basaba en criterios lógicos y sistemáticos que influían sobre el sujeto de la educación, creando convicciones profundas y estables. Con la llegada de los mass media un nuevo factor se insertó prepotentemente en el sistema educativo, constituido por las nuevas influencias que los medios de comunicación ejercen.

“La existencia de los hombres se sitúa siempre más sobre el plano visual” en decir de J. M. Peters. Es común oír hablar del hombre audiovisivo -homo ciberneticus-. De modo que se hace necesario que una nueva forma de educación intervenga para trazar un puente entre la vida real de los jóvenes y la irreal que asimilan en el “segundo mundo” de los medios.

Respecto a la mayor o menor influencia de los mass media, parecen oponerse las defensas señaladas por J. T. Klapper. Es decir, que frente a los contenidos de los medios, cada individuo esgrime una serie de defensas, por lo que lee y oye sólo aquello que concuerda con sus gustos (exposición selectiva), asimila y entiende sólo las nociones que coinciden con sus ideas (percepción selectiva) y acomoda toda recepción de manera de hacerla corresponder con sus opiniones primarias (memoria selectiva).

Estando así las cosas, muchos pedagogos hablan insistentemente de la actitud crítica del destinatario de los mensajes audiovisuales y expresan algunas ideas acerca de una futura pedagogía ante los medios, a desarrollarse sea en la familia, sea en la escuela. Hablan de una educación que se adapte a las concretas condiciones de vida, capaz de ayudar a los jóvenes, atraídos por una masa de información, a no acumular sin distinguir, a comparar noticias, a retener los valores auténticos, a ordenar las múltiples impresiones, sensaciones e ideas, y a investigar sobre el verdadero significado de los acontecimientos. De manera de eludir los tatuajes de tanto apabullamiento ideológico.35

El papel de la familia

El joven audiovisivo precisa de la familia como el más válido instituto para adquirir criterios orientadores en relación con los mass media. Así, en referencia a la TV, una educación frente a este instrumento, válida para el cine y para todos los otros medios, puede desarrollarse en tres momentos: el de la selección, el de la co-visión y co-audición y el del diálogo.

Es necesario ayudar al joven a escoger aquello que conviene para el desarrollo de su personalidad. Esta selección él no puede hacerla solo. En este campo, como en todo aquello que refiérese a la educación, hasta tanto el joven no haya alcanzado un grado de madurez intelectual y moral que le permita asumir sus propias responsabilidades, corresponde a la familia defender y orientar su personalidad todavía frágil.

Después viene el momento de la co-visión y co-audición. Es conveniente que también los padres asistan a la transmisión televisiva para ayudar a los hijos a desmitificar, a corregir y puntualizar actitudes y expresiones. Se trata de enseñarles a ser maestros de sí mismos y de sus juicios. Es bien sabido que de cien mensajes que recibe el joven, sólo treinta provienen de los padres o de la escuela; los otros setenta provienen de los medios de comunicación social. Hoy, la educación o deseducación, en gran parte, débese a los medios.

Una sana pedagogía familiar debe escoger el momento del diálogo ocasional para guiar gradualmente al niño y al joven, sin imposición, a la selección del espectáculo, a la crítica de las visiones del mundo propuestas y sobrentendidas en las transmisiones. Este papel educativo se puede cumplir instaurando un diálogo permanente y programado, ya sea con los responsables de los medios de comunicación social, ya sea con los propios hijos. Un acceso o nexo es indispensable: la familia debe hacer conocer los deseos, expectativas y críticas hacia aquellos que presentan diariamente tantos elementos de cultura y evasión; a su vez, los productores deberían conocer y respetar las exigencias de la familia.

Tal como se sostuviera en las Semanas Sociales de Francia, en 1955: “Es necesario formar cuidadosamente el sentido crítico de los jóvenes, en la edad en la cual éstos se abren a la vida civil y social, no para alimentar el gusto por la crítica, al cual tal edad es propensa, sino para enseñarles a vivir y a pensar como hombres en una sociedad en la cual los medios de comunicación social y de difusión de las noticias y de las ideas han alcanzado una irresistible fuerza de persuasión: saber leer un periódico, juzgar un film, criticar un espectáculo; saber conservar la autonomía del propio juicio y de los sentimientos contra todo aquello que tienda a despersonalizar al hombre, ha llegado a ser una de las necesidades más apremiantes de nuestro tiempo.”

El papel de la escuela

La educación ante los medios que en la familia tiene un carácter de protección, defensa, ayuda, debe continuar e intensificarse en la escuela. Por lo tanto, la cinta magnetofónica, la cámara fotográfica, los discos, los discos compactos interactivos (CD - I), la grabadora, la filmadora, los televisores; el acceso a los ordenadores y a los otros tantos medios de comunicación y programas informáticos educativos que suponen novedad tecnológica, deben entrar activamente en la escuela, como elementos de continuidad a la obra formativa de la familia y como una nueva dimensión de la educación audiovisiva.

Bien se sabe que el profesor y el libro no son los únicos docentes; también la radio, la televisión, el cine, el computador, de diversos modos, enseñan. El joven de hoy es distinto de aquel de las generaciones precedentes. El desarrollo de las comunicaciones, el advenimiento de Internet, han multiplicado su experiencia visiva, han ejercitado su inteligencia y propuesto un nuevo orden de valores. El uso de los medios cambia profundamente la enseñanza. Estamos ante un total viraje en la historia de la educación.

La complejidad de la Red, de los multimedia en general, constituye un hecho cultural y educativo que exige una formación muy peculiar. Con esos instrumentos ha nacido un neolenguaje hecho de palabras, de imágenes y de sonidos. Igualmente, una neolectura apenas por nominarse y definirse: la lectura hipertextual.

La función de la escuela en relación con los mass media es la de una educación del sentido crítico, que debe ser provocado y desarrollado en los alumnos máxime cuando fenómenos como la ubicuidad y la simultaneidad son tan patentes en los medios, dentro de esta aldea global, dentro de esta glocalización en la que descansa el pavor cósmico en que vivimos. Dentro de esa capacidad de Internet de expandir el mundo social del usuario con gente distante, pero al mismo tiempo fortalecer los lazos en el lugar donde vive. Glocalización que viene a cubrir el vacío en la relación Internet-Comunidad Local. Capacidad de localización que fortalece los vínculos entre personas que comparten un lugar físico cercano y que, aunque no se conocen, terminan armando un proyecto mutuo, abriendo aún más el círculo social (la red social) a lugares remotos, trabajando juntos, con inteligencia colectiva, en colectiva lectura y colectiva creación, en verdadera Sociedad Anónima, sintiéndose parte del mundo de una forma interactiva, sin los consabidos mediadores o poderes fácticos establecidos.

La función de la nueva escuela -máxime de la nueva universidad- ha de enrolarse, enmarcarse, circunscribirse dentro de la convivencia de procesos de comunicación global y procesos de comunicación local, multiplicando simultáneamente los espacios globales y los espacios locales, convergiendo o manifestándose paralelamente en creciente sinergia funcional creadora.

Urge, entonces, propiciar el mayor acercamiento, la mayor promoción de la pedagogía audiovisiva junto con su correspondiente lectura audiovisiva, tan requeridas por nuestro momento, que al tiempo que le salgan al paso al circuito descomunicacional presente, apuntalen ideológicamente una más auténtica visión del mundo a partir de asuntos o propuestas como los implícitos en la glocalización.

Urge un enfoque cibernético de la pedagogía, un docente cibernetizado, una convivialidad virtual. El modelo curricular cibernético propuesto por Marcelo Careaga Butter, “sustentado básicamente en el concepto del control comunicacional presente de manera cada vez más masiva en los sistemas educacionales, entendido este control como el conjunto de modalidades automatizadas de acceso a las fuentes de información, incorporando todas las modalidades tecnológicamente eficientes de transferencia de conocimiento... Esta nueva dimensión se sustenta en el desarrollo creciente de una conciencia cibernética intuitiva que se vislumbra como nuevo patrón cultural presente en las nuevas generaciones, quienes a través del uso cada vez más versátil y fluido de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTIC ) desarrollan habilidades tecnológicas y comunicacionales que redundan en nuevas modalidades de resolución de problemas, procesos que terminan siendo intelectuales, operando las NTIC como formas de extensión de la inteligencia humana.”

Ante las implicaciones de la neolengua y del neolenguaje, dentro de la actual simbiosis de los multimedia, surgen la videológica, la videopolítica, la videocracia. No sólo saber cómo leemos sino cómo pensamos, cómo vemos y nos vemos. Permanentemente inmerso en la pantalla, adscrito y absorto en su videológica, el homo audiovisualis contemporáneo, partícipe de una omnicontemporaneidad histórica, dispone de una descomunal omnicomprensividad a modo de motivación glocalizada o “conciencia cibernética intuitiva” en la que el nuevo "sistema nervioso" comunicacional, sumido en una apabullante videocracia, a gritos reclama prestar atención a las líneas maestras, claves, para el futuro ecuménico planetario: interactividad, movilidad, convertibilidad, conectabilidad, omnipresencia y mundialización. (A. Toffler).



III Aventura del saber

Lectura poética, lectura científica


Existe tanto la lectura poética como la científica, afianzadas en la creación artística y en la científica, respectivamente.

Tratando de entender la poesía, Leopoldo María Panero, afirma: “La poesía, es verdad, no es nada en sí misma; muchas veces lo he dicho: no es nada sin la lectura. Es por eso que el gnomo hispánico se siente en la necesidad de descifrar la poesía, rebuscando en ella la presencia de un contenido objetivo. Olvida, sin embargo, que la lectura poética debe ser subjetiva: y como descubriera Chomsky, el alma está antes que las palabras, lo que de paso nos libra de otra lectura científica, que sería la lectura estructural.”36

Según sea el perfil cerebral dominante, cada lector opta por diversos tipos de información, da prioridad a un tipo particular de información. Analiza lo escrito de manera muy precisa o ve el conjunto, aunque no los detalles. El lector “doble cerebro” utiliza una estrategia interactiva, entendiendo que leer es pre-ver; estar mejor preparado “para apreciar puntos de contacto entre lo conocido como científico y la creación artística y literaria, que pudieran constituirse como una vía útil al conocimiento de ambas manifestaciones culturales.” En efecto, para Mata Sandoval “hay una dimensión estética en la ciencia que fascina al escritor: habrá una parte de la creación científica que tiene una antesala poética y otra de la presentación formal que se apoya en una estrategia retórica.”37

Para Víctor O. García, la poesía como método para el conocimiento de la realidad, aunque parece diferenciarse del método científico, utiliza las mismas teorías científicas para explicarlo. Lo que nos lleva a caracterizar al conocimiento por la poesía como un conocimiento integral, que lleva a una visión integral de la realidad dentro de una simbiosis omnicomprensiva de la lectura poética con la lectura científica.38

La lectura en la sociedad de la información

“La escritura y la lectura se han constituido en parámetros que miden el desarrollo cultural y económico de un pueblo. La comunicación y la información han sido elementos constitutivos de la sociedad. Siempre han estado presentes de una manera implícita o explícita en el desarrollo de la humanidad. Representan un verdadero recurso estratégico para el desarrollo económico-cultural de las naciones.”39 Esto piensa Elsa Margarita Ramírez Leyva, al estudiar la lectura en la sociedad contemporánea.

Siguiendo el pensamiento de Alvin Toffler, corroboramos que el saber del Estado ha descansado siempre en su control de la fuerza, la riqueza y el conocimiento, definiéndose la naturaleza del poder sobre todo en términos de la distribución de la información, llegando a ser el conocimiento, en nuestro siglo XXI, la más básica de todas las materias primas.

Inherente el poder a todos los sistemas sociales y a todas las relaciones humanas, lo que importa en nuestro caso es preguntarnos ¿cuán importante, entonces, el precio de la lectura en tiempo de conocimiento, saber, desarrollo, información, desinformación? De la lectura depende en verdad la libertad del hombre. Así, el mucho, real o poco desarrollo humano. El hombre es libre en tanto lee.

“El progreso consiste en que la gente pueda leer y lea.” (.J. L. Perlado) Poder leer y leer. He ahí el dilema: No poder. No poder leer. No saber leer. No leer. No poder, porque el libro está sellado o no saber por no saber leer. Impotencia: No saber, desconocer las letras (Nescio literas).

Lege, quaeso. Read this: “Et erit vobis visio omnium sicut verba libri signati, quem cum dederint scienti litteras, dicent: lege istum: et respondebit: Non possum, signatus est enim. Et dabitur liber nescienti litteras, diceturque ei: Lege et respondebit: Nescio litteras.” (Is. 29. 11-12).

El que sabe leer, responde: No puedo, el libro está sellado. I cannot, for it is sealed. El que no sabe leer, sólo una respuesta: I am not learned. No sé leer.

Scienti o nescienti, las letras, la lectura: el misterio, la incógnita, el enigma; el costo, el valor, el tanto, el precio o sobreprecio; el pago, la comisión, la recompensa. Éste, el problema, el asunto, el caso. That is the question. Opresión, sumisión, dominación, hegemonía, soberanía, libertad. El hombre vale lo que sabe. El hombre vale lo que lee.

En crisis la lectura, en parte por la propia Internet, en vista de la notable disminución en las aptitudes y el gusto por leer, plena razón tiene Ramírez Leyva cuando rotundamente afirma: “A mayor calidad y cantidad de cultura de la información, más se espera avanzar en el proceso (infinito) civilizatorio al servicio de los valores y derechos universales. De lo contrario la civilización puede ponerse al servicio de la agresión y al autoaniquilamiento.”40

Ante las evidentes, notorias dificultades afrontadas por la sociedad de la información, “las capacidades de la lectura deberán superar los obstáculos que la reducen a ser un mero reconocimiento de signos y una actividad banalizada por las ofertas impresas, audiovisuales y digitales que empobrecen los contenidos, a la vez que deterioran los procesos cognitivos.”41

El desarrollo de la sociedad de la información en cuanto realidad creciente nos confirma que la información es poder, ojalá compartido. De donde, urge avanzar en los procesos de digitalización y liberación de los respectivos recursos. El uso de la telemática en la Universidad ha de ser objetivo prioritario. El valor de la Red ha de verse como sistema de difusión del conocimiento y como espacio de encuentro capaz de localizar investigadores con intereses comunes para el desarrollo de objetivos específicos. Dándole la razón a la inminente ad-hocracia planteada por Alvin Toffler en cuanto “organización veloz, dinámica y rica en información del futuro, llena de células efímeras y de individuos extraordinariamente móviles (...) transitoriedad, gran movilidad entre organizaciones en su interior y una constante generación y extinción de grupos de trabajo temporales (...) sistemas temporales adaptables y rápidamente variables.”42

Lectura de goce

Dentro de la gama conocida de lecturas, entre ellas: la recreativa, la discursiva, la ambiental, la profunda o analítica; la de estudios, escolar, crítica, formativa; además de la científica y artística; aparece la creativa, lúdica o la lectura de goce como actitud inicial e indispensable de acercamiento a un texto literario.

Lejos de todo imperativo pedagógico, leer no debe entenderse como deber, sino como placer , diferenciando tajantemente entre lectura por gusto o por disgusto. Éste uno de los más graves daños infringidos por los sistemas pedagógicos: darle preferencia a la lectura formal, escolar, crítica antes que a la lectura voluntaria, placentera, de evasión, poética, de goce -como acto gozoso-. Ya hablaba R. Barthes del placer del texto como San Agustín diferenciaba entre el uso y el goce. Llégase a sostener que “el libro ideal es el que puede ser leído por placer.” De acuerdo a la lógica kantiana-nos lo recuerda Héctor Rojas- “para que se produzca el goce, la lectura de un libro debe producir un efecto inmediato que active la sensibilidad o esa capacidad receptiva que nos permite recibir la representación de los objetos. La sensibilidad es entonces la que nos ofrece las intuiciones y el placer.”43

Lectura hipertextual

Ana Calvo Revilla, desde el Número 22 de Espéculo, es quien mejor nos aclara esta lectura hipertextual, a quien citamos in extenso.

“El hipertexto tiene dos elementos estructuradores: el texto estructurado por el autor tiene como elemento base el texton, mientras que el que estructura el lector-usuario tiene como unidad base el escripton. Así pues, tenemos unidades de escritura (texton, significante) y unidades de lectura (escripton, significado)44.” Previamente nos había hablado del texton como el material escrito y del escripton como la trayectoria textual elegida.

Citando a G.P. Landow, Calvo Revilla nos recuerda que “una de las características fundamentales del hipertexto es estar compuesto de cuerpos de textos conectados, aunque sin eje primario de organización”, enfatizando en que “será el lector quien marque su eje de lectura textual.”45

A modo de conclusión, en referencia a la que hemos dado en llamar lectura hipertextual, la autora de marras nos recuerda lo subrayado por Landow, cuando éste afirma que “el hipertexto cambia radicalmente las experiencias que leer, escribir y texto suponen (...)” Experiencias que pueden llevar al lector a convertirse en lector-autor, ante lo cual concluye nuestra autora: “Esta posibilidad de que cada lector pueda agregar, alterar, editar el texto, abre la puerta a la creación colectiva; a medida que otros lectores accedan a él, el texto queda abierto como tierra fértil para que broten nuevas y mejores ideas.”46

En esta lectura hipertextual, el lector se convierte “en creador de significados (...) ampliando, construyendo, un nuevo conocimiento (...) el hipertexto fomenta un tipo de conocimiento autodidacta, desarrollando estrategias cognitivas particulares y habilidades de pensamiento propias. La lectura que genera el hipertexto viene definida como un proceso en el que el lector esencialmente construye y reestructura su propio conocimiento de un modo autónomo.”47

En definitiva, los nuevos medios en tanto productores de conocimiento obligan a estudiar y garantizar el nuevo aprendizaje humano, la nueva lectura hipertextual. Nos hallamos delante del nacimiento de un nuevo espacio de elaboración de conocimiento con la particular participación del cerebro-computador, desembocando todo en un aprendizaje cooperativo signado por modalidades cognitivas estructurantes del nuevo acto de la lectura. Lo que obliga a ir definiendo la nueva inteligencia colectiva derivada de las recientes tecnologías, de los tantos multimedios o complementos educativos, de los novedosos procesos cognitivos, de las múltiples interconexiones de nodos multimediales.

En cuanto real constructo textual, el hipertexto supone un nuevo rol en el lector hipertextual a partir de la plurivocidad de la experiencia gozosa o fruitiva: la nueva exploración, el nuevo tanteo, descubrimiento, que hacen de la navegación virtual un efectivo encuentro dispuesto a fundamentar al máximo el Proyecto Cultural del siglo que comienza. (Gianfranco Bettetini).

Aventura del saber

Siendo la lectura sinónimo de encuentro, en ella escritor y lector - compañeros de viaje- concurren a la mejor aventura humana, desde la madrugada primigenia cuando tuvo la palabra poder de creación (J. Ortega y Gasset). “Si la lectura no es una aventura del saber, en la cual se ponen en cuestión todos los saberes anteriores, pues no es una lectura.”48

A partir de la lectura y la escritura, elementos fundamentales en la vida de toda persona, cada quien “queda inscrito en la humanidad de manera plena”, sostiene Noé Jitrik, quien recalca: “Aprender a leer y a escribir es el verdadero destete. Es el momento en el que alguien empieza a ser individuo, rompe realmente el cordón umbilical y debe valerse por sí mismo. La lectura y la escritura son los aprendizajes que nos permiten tener conciencia de lo que somos en el universo, tanto en lo individual como en lo colectivo”.49

Motores de la humanidad, lectura y escritura obligan al hombre a insertarse en el hormigón histórico-colectivo-cósmico-personal. Es cuando se habla de la enciclopedia del lector, el background o bagaje cultural, intelectual, en el que confluye toda resonancia humana -poética- a partir del eterno tolle, lege.

En Conversación sostenida en La Habana, José Saramago le respondía a Noé Jitrik: “Yo digo a veces que nosotros somos seres de papel; la verdad es que yo no puedo imaginarme ni imaginar a nadie fuera de lo que ha leído y de lo que ha quedado de lo que ha leído; sin mencionar la memoria que en muchos casos es memoria de lo leído.”50

Definitivamente, somos producto de la lectura. Con ella creamos y re-creamos. Nos creamos y nos re-creamos. Ojalá con ella diéramos cumplimiento a lo que para Joaquín M. Aguirre Romero habría de ser el único objetivo de cualquier disciplina humanística: “la comprensión del mundo y, a través de esto, la comprensión de nosotros mismos.”51

Gabriel García Márquez, quien todavía hoy ni el mismo sabe quién es, a quien le costó mucho aprender a leer, quien tenía el arraigado vicio de leer todo lo que le cayera en sus manos, acostumbrado a leer en sus reservados habituales hasta que le espante el sol, alguna vez insaciable lector sin ninguna formación sistemática, sí sabe -Gran Lector entre la soledad de sus insomnios- qué es leer: sabe que sólo deberían leerse los libros que nos fuerzan a releerlos; que uno de los secretos más útiles para escribir es aprender a leer los jeroglíficos de la realidad sin tocar una puerta para preguntar nada, mientras la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.52



Addenda

Bis repetita placent

Ante el homo ciberneticus


Leer es captar, asir, prender, aprender, aprehender, pensar, entender (intellegere = intus-legere), elegir (legere) y elegir lo mejor (intellegentia - elegantia). Es saber elegir. Elegir en todos los grados, formas y sentidos. Es la capacidad de asombro del homo sapiens. Logro fantástico en el mundo antiguo. Forma de alentar el espíritu y llevar el alma de paseo. Desarrollo, energía espiritual, resonancia acumulada. Diferenciación, abstracción y ordenamiento. Inferencia, generalización. Identificación, comparación, síntesis, interpretación. Novedad, continuidad. Estabilidad, cambio. Asimilación, acomodación. Maduración, experiencia, interacción. Es empezar a conocer a la madre por su sonrisa. Lluvia, noche, sol arriba -nocte dieque incubando- dándole vueltas al alma, oír el aplauso de los pájaros. Descifrar a tiempo el vientre de la noche larga y oscura en la que la luna canjeó su puesto con la muerte. La vida, ejercicio de lectura. El hombre requiere una lectura evaluativa de sí mismo. Hemos de leer la patria. Indispensable, una necesidad, leer el mundo. Urge una lectura de América. De nuestra América. Como nunca nuestra orgánica y subterránea unidad vital ha de afianzarse en nuestras ideas, enunciados, principios, graneros, horizontes, clarores, llagaduras, siembras, signos, señas para retomar el discurso de nuestra Liberación Continental, conscientes de que nuestra mejor defensa, el conocimiento de nuestros propios sueños, creaciones y vigilias. Indefensos ante el cotidiano bombardeamiento visual, televisivo, hemos de dar con el perfil que pueda determinar una salida definitiva para nuestro entorno personal, social, colectivo, glocalizante. Dar con un Estado Social Naciente. Convencidos de que la paz pasa a través de la revolución. De que sólo una tierra, una democracia distintas hará menos imposible el cielo.

Telever, en cambio, es cegarse, oscurecer, nublarse, ofuscarse, atrofiar, ponerse telarañas, desconocer, desinteresarse, doblar la cabeza, claudicar, plegarse, fingir, burlar, mentir, desfigurar, estar en manos de, pender, apocarse, someterse, deteriorarse, debilitarse, alienarse, enajenarse. Telever es el acto que ha provocado un cambio en la naturaleza del hombre: el homo sapiens se apaga y aparece, prevalece el homo videns. Destronada la palabra, sometida a la primacía de la imagen, la sociedad está condenada a "ver sin entender", a ver sin analizar ni comprender, sustituyendo el lenguaje conceptual (abstracto) por el perceptivo (concreto), prevaleciendo lo visible sobre lo inteligible. El telever deteriora nuestro capital intelectual humano, nuestra capacidad de manejar conceptos, abstracciones, ideas no visibles. El hombre que se alimenta de telever -el homo videns- deja de pensar bien. Los niños crecen en el universo del telever y se convierten en video-niños camino a su etapa de video-adultos, siempre dependientes de la imagen, con una particular videológica que no les permite entender, expresándose en un lenguaje insustancial, inconexo, que los llevará a un yo desintegrado, que puede ser explicado mediante una videopaideia. (Giovanni Sartori.).

Incapaz el homo insipiens de sostener el mundo creado por el homo sapiens, dentro de una videocracia en la que aparece aminorada la capacidad de gestionar la vida en sociedad; debilitado el ciudadano y la democracia, resulta imposible entender lo que ocurre alrededor. El pensamiento insípido lo promueve una televisión que premia la extravagancia, la insensatez, el absurdo. Esta revolución multimedia con el común denominador: el telever, nos confirma que video-vivimos en una sociedad teledirigida con una marcada influencia de la televisión y de la cibernética, donde predomina una “multitud solitaria”, incomunicada, dentro de una “soledad electrónica”, con escasa formación, resultando la televisión creadora de las diferentes corrientes de opinión, induciendo. teledirigiendo la opinión pública. Mediante una “subinformación”, en tanto que los mensajes son extremadamente resumidos, simplistas, insuficientes; y una “desinformación” amañada en función de quienes ostentan el poder (videopolítica). A la larga, la televisión fragmenta, multiplica la estupidez y mata la capacidad de abstracción, los procesos racionales. El homo videns no ve cosas concretas sino imágenes de la realidad fabricadas por la televisión. Ésta muestra al pobre desocupado que tiene hambre, pero no explica por qué está desocupado o cómo se resuelve el problema. Siendo así, aun las cosas que se ven no las puede comprender. La información se nos da descontextualizada. (G. Sartori).

Frente a las limitaciones del analfabetismo gráfico, el analfabetismo audiovisual deja al telespectador en una precaria situación de indefensión ante los mensajes televisivos. La falta de conciencia de los consumidores sobre los intereses y mecanismos de seducción y manipulación de los mensajes audiovisuales facilita esta tarea. Saber leer los medios y escribir, realizar producciones audiovisuales, utilizar los propios medios, constituye el punto de partida de la práctica pedagógica que tiene como objetivo conseguir un receptor / emisor crítico, una alfabetización audiovisual capaz de decodificar, analizar, evaluar y comunicarse en una variedad apropiada de formas. (Marisol Yánez et alii).

El papel hegemónico incontestable de la tv, la indefensión ante los mensajes, el analfabetismo audiovisual, la manipulación social de los medios, el imperio del plano o la violencia visual, demandan, entonces, una respectiva alfabetización, un rescate de la cultura escrita, una pedagogía de la lectura audiovisiva, que atienda al nuevo homo ciberneticus, al neolenguaje y neolectura: la hipertextual. Pedagogía que ha de contar con un enfoque cibernético, con un docente cibernetizado al interior de una convivialidad virtual. Sería referirse al modelo curricular cibernético propuesto por Marcelo Careaga Butter, sustentado en el desarrollo creciente de una conciencia cibernética intuitiva.

Sin embargo, el homo audiovisualis contemporáneo, paradójicamente partícipe de una audiovisualidad traducida en omnicontemporaneidad histórica, instantaneidad y ubiquidad, dispone de una omnicomprensividad a modo de motivación glocalizada, en la que el nuevo “sistema nervioso” comunicacional, sumido en un como agabillamiento videocrático, a gritos reclama prestar atención a las líneas maestras para el futuro ecuménico planetario: interactividad, movilidad, convertibilidad, conectabilidad.

Llegando a ser el conocimiento, en nuestro siglo XXI, la más básica de todas las materias primas; constituyendo la escritura y la lectura parámetros que miden el desarrollo cultural y económico de un pueblo; siendo que de la lectura depende la libertad del hombre y que el progreso consiste en que la gente pueda leer y lea, he aquí el dilema: Poder leer y leer. O no poder, no saber leer. No leer. Impotencia, indefensión suprema, indefensos quienes no saben o desconocen las letras (Nescio litteras). Las letras, la lectura: el misterio, la incógnita, el enigma; el costo, el valor, el tanto, el precio o sobreprecio; el pago, la comisión, la recompensa. Éste, el problema, el asunto, el caso. That is the question. Opresión, sumisión, dominación, hegemonía, soberanía, libertad. El hombre vale lo que sabe. El hombre vale lo que lee. Importa emplear el pensamiento -la lectura- para cambiar el mundo, respetando, valorizando la naturaleza del hombre.

“Las capacidades de la lectura deberán superar los obstáculos que la reducen a ser un mero reconocimiento de signos y una actividad banalizada por las ofertas impresas, audiovisuales y digitales que empobrecen los contenidos, a la vez que deterioran los procesos cognitivos.” ( Elsa M. Ramírez Leyva).

En definitiva, los nuevos medios en tanto productores de conocimiento obligan a estudiar y garantizar el nuevo aprendizaje humano, la nueva lectura hipertextual. Nos hallamos delante del nacimiento de un nuevo espacio de elaboración de conocimiento con la particular participación del cerebro-computador, desembocando todo en un aprendizaje cooperativo signado por modalidades cognitivas estructurantes del nuevo acto de la lectura. Lo que obliga a ir definiendo la nueva inteligencia colectiva derivada de las recientes tecnologías, de los tantos multimedios o complementos educativos, de los novedosos procesos cognitivos, de las múltiples interconexiones de nodos multimediales.

En cuanto real constructo textual, el hipertexto supone un nuevo rol en el lector hipertextual a partir de la plurivocidad de la experiencia gozosa o fruitiva: la nueva exploración, el nuevo tanteo, descubrimiento, que hacen de la navegación virtual un efectivo encuentro dispuesto a fundamentar al máximo el Proyecto Cultural del siglo que comienza. (Gianfranco Bettetini).

“Leer, leer, leer. Escribir, amar, leer, fumar, leer. Escribir, amar, amar, leer, fumar, leer. Escribir, amar y luego morir”. (Ednodio Quintero).

“Piensa que de algún modo ya estás muerto”. (Jorge Luis Borges).



Notas:

[1] BERBIN, J. L. Consideraciones críticas sobre la lectura en los programas de educación primaria. Ediciones de la facultad de Humanidades y Educación. U. C. V. Caracas, 1982. pp. 36-37.

[2] Ídem.

[3] LASSO DE LA VEGA, J. El trabajo intelectual (Normas técnicas y ejercicios de documentación). Fondo Educativo Interamericano. México, 1986. pp. 36-46.

[4] LABINOWICZ, E. Introducción a Piaget. Pensamiento. Aprendizaje. Enseñanza. Fondo Educativo Interamericano. México, 1986. pp. 36-46.

[5] Ibídem. p. 265.

[6] BERBIN, l. J. op. cit. P. 37.

[7] FOULQUIE, P. Diccionario de Pedagogía. Oikos-Tau, S. A. Barcelona (España), 1976. p. 272.

[8] POUILLON, J. et alii. Problemas del estructuralismo. Siglo Veintiuno Editores. México. 1971. p.173.

[9] JAEGER, W. Paideia. Fondo de Cultura Económica. México. 1985. p. 997.

[10] Ibídem. p. 563.

[11] Ibídem. p. 564.

[12] Ibídem. pp. 60-145-610.

[13] Ibídem. pp. 775-776.

[14] Ibídem. pp. 776-678-688.

[15] SILVA, L. Ensayos temporales. Poesía y teoría social. Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1983. p. 247.

[16] JAEGER, W. op. cit. pp. 777-778.

[17] Ibídem. p. 716.

[18] Ibídem. pp. 10 y ss.

[19] Ibídem. pp. 994-996.

[20] Ibídem. pp. 696-682.

[21] Ibídem. p. 800.

[22] BALZA, J. Lectura transitoria. Colección de la Revista “En Negro”. Cantaura, Venezuela. 1973. p. 19.

[23] DE SAINT-EXUPERY, A. El principito. Alianza Editorial. Madrid. 1974. pp. 78-87-93.

[24] FOULQUIE, P. op. cit. idem.

[25] SÁBATO, Ernesto. La resistencia. Bogotá. Seix Barral, 2000. p. 17.

[26] VARAS, I. Todo camino orillas. Ediciones La espada Rota. Caracas. 1985. p. 17.

[27] Ibídem. p. 56.

[28] Ibídem. pp. 44-72.

[29] FERRATER MORA, J. Modos de hacer filosofía. Editorial Crítica. Barcelona (España). 1985. pp. 106-146-170.

[30] CARRANZA, E. La vida secreta de los libros. En: Antología de la rosa. Antonio M. Díaz. ULA, Mérida. 1983. Contraportada.

[31] PAVESE, C. Leer (Oficio de vivir). En: Magazín Dominical. El espectador. No. 361. Marzo 25 de 1990. p. 3.

[32] BORGES, J. L. Obra poética. Alianza Editorial. Madrid. 1972. p. 342.

[33] Ibídem. pp. 38. 240-300.

[34] HERRERA, J. Dolor y poesía en Manizales. En: El espectador, Bogotá. Domingo. 25 de marzo de 1990. p. 10-A.

[35] IANUZZI, V. I mass media e i loro segreti. Roma. Edizioni Paoline. 1980. pp. 91-110.

[36] PANERO, L. P. Entender la poesía. En: ABC (26.03.88). Fuente: Pedro Provencio, Poéticas españolas contemporáneas, II, Hiperión, 1988. Artes Poéticas:
http://librodenotas.com/poeticas/Archivos/001830.html

[37] BLANCO SÁNCHEZ, R. La creación científica y la creación artística. Revista Médico Moderno.. Julio, 2002.
. http://www.percano.com.mx/medicomoderno/2002/julio/creacion%20cientifica.htm

[38] GARCÍA, V. El conocimiento a través de la ascesis poética.
http://www.monografias.com/trabajos2/elconoc/elconoc.shtml

[39] RAMÍREZ LEYVA, E. M. La lectura: un problema para la sociedad de la información.
http://www.ejournal.unam.mx/iibiblio/vol15-31/IBI03109.pdf

[40] Ídem.

[41] Ídem.

[42] TOFFLER, A. El cambio del poder. Barcelona. Plaza & Janes Editores, S. A. 1990. pp. 372-384.
___________ El “shock” del futuro. Barcelona. Plaza & Janes Editores, S.A. 1988. pp. 181-183.

[43] ROJAS, N. ¿Qué libros merecen ser amados por sí mismos? En: Verbigracia. El Universal. Caracas.
http://www.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N1/contenido01.htm

[44] CALVO REVILLA, A. Lectura y escritura en el hipertexto. En: Espéculo, Número 22.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/hipertex.html

[45] Ídem.

[46] Ídem.

[47] Ídem.

[48] VARGAS, A. Lectura y escritura, motores de la humanidad. En: La Jornada. México, lunes 18 de junio de 2002.
http://www.jornada.unam.mx/2001/jun01/010618/04an1cul.html

[49] Ídem.

[50] JITRIK, N. SARAMAGO, J. Conversación en La Habana.
http://www.geocities.com/gregorovivs/saramagoii.htm

[51] AGUIRRE ROMERO, J. M. La enseñanza de la Literatura y las Nuevas Tecnologías de la Información. En: Revista Espéculo. Número 21.
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