La partitura de una lágrima

delinea las fracturas de un faro

y confunde el embarcadero de mis sueños.

Algo está muriendo aquí.

He recorrido mundos difusos,

habitaciones cerradas por el tiempo;

en un vahído, he sido juez de la nostalgia,

pero sobre todas las cosas,

algo ha muerto

en los aposentos de mi capitolio.

La guardia se llevó al último pájaro,

sin lengua y sin alas.

Se lo llevaron para siempre

y nunca volverá.

¡Gritó y gritó!

Todavía,

lo veo pasar frente a mí

y sus gritos se resbalan en las paredes

como aceite y alambres enroscados

en una misma resina de desesperación.

¡No hay nadie más!

Ahora,

definitivamente,

no hay nada.

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