La verdad confunde

el trágico viaje de las cucharas.

En la doctrina del alambique,

la razón fue un tiralíneas

que montó al diagrama de un insectario,

todo cuanto fue el hombre,

y en esa orgía abismal del conocimiento

nacieron los sabios con sus columpios y modelos,

estableciendo en la mesa de los pobres

la ruta de sangrientos señoríos.

¡Qué grande es la verdad!

El bandido de más labia,

dueño de los arsenales;

el que escupe a otros seres en el rostro

y llora en las actuaciones del Ballet Nacional,

se transformó en el custodio de la filosofía.

Algunos técnicos en teorías,

dicen que fue elegido,

y otros,

entre las sombras, trémulos,

afirman que,

en una conspiración furtiva,

de pronto apareció en el pedestal.

¡La verdad

es indiscutible!

Y a la penumbra de estos lúcidos poderes,

otros hombres, aferrados a una palanca

tiraron en todas las direcciones

y sangraron de dolores al alma y murieron;

eyacularon sonámbulos en medio de la fatiga;

tuvieron la razón y se cortaron la nariz;

perdieron a la mujer, los ojos y la lengua;

los más aventurados,

bajo el título de las grandes ideas

establecieron una ecuación de deslindes,

y envueltos de gloria y bendiciones,

con los arpones de abstractas palabras sin sentido

metieron al centro de un círculo a la humanidad.

¡La verdad

dejó de existir!

La uva, con su delirio de diadema,

descubrió en el mojado combate de un chubasco

el misterio de las respuestas

y colgada de la ausencia

encerró su laguna en un agujero

y aisló con su océano,

sin pestañear ni desaparecer.

Por elevados principios

se levantan códigos

en la garganta de la fe.

Aquí,

el vencido no tiene verdad,

sus hechos son inconclusos

como los rastros de los desaparecidos.

La verdad de estos,

era una mentira.

Aquellos que no hicieron preguntas

y nada sabían, cuando,

bajo las lenguas del cielo estrellado

inventaron la levadura;

de acuerdo a la orden del día

cayeron muertos y fermentaron

por compartir el pan,

errados.

¡Todos los imperios son oscuros!

Por la vida, morirás;

por la vida, te vamos a matar;

por la vida, juntos sacudiremos al mundo

y por la vida, la verdad con sus normas

desmenuza la imaginación

como a un gato muerto en la autorruta.

¡No hay opción!

El estado es una flor colectiva

que elimina los sueños del individuo.

Aprendí el idioma de las luminarias

y encerrado en un espíritu sin luz,

estoy al centro de un círculo,

despreocupado de los armarios

con sus oblicuas respuestas.

No hay verdad para nosotros

y definitivamente,

yo estoy equivocado.

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