El águila rodea los yagrumos
con las alas de su enorme viento...

Tu pie sube la piedra  firme y fatigado.
Tu piel se toma los sonidos del frío...

En el monte espejo soy un ciervo que salta
y va lleno de aurorales pensamientos.

Retrato la nieve. Trago y te doy mi aliento.
En el alto pico Bolívar, de camino hacia los nevados,
entre nubes    con los brazos abiertos
espera,  sin tiempo,  el símbolo cruzado
de la victoria del amor eterno!

Mariposas rodean las sombras llenándolas de colores montescos...
En el páramo; nuestro acoplamiento se yergue renovado
como la soledad de dos lagunas mirando el cielo...!

Nadie apacienta estos lares. Ni aun el sufrimiento.
Solos  montados en el reflejo,
sin vacilar, domamos la dureza del peldaño,
trazamos el duro caracol de este sendero.
Con la fatigada música de los piramidales sueños,
comenzó en la memoria el infinito goce perpetuo...
el armónico esplendor que guarda el viento.
El recogido y remendado traje con cada uno
de sus interiores agujeros...
Llenamos nuestro vacío con aceite de altura.
Con un profundo aroma; vertiginoso y labriego.
Un encantamiento! que nos salió del alma
y nos bendijo el cuerpo!

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