Con la más hermosa flor que jamás tuve

Fabelo,
sábado a sábado
la he visto
retirándose.
Con su pelo emperrado
y la tristeza
que tú le dibujaste.

Hoy se muere
con los ojos
caídos de silencio...

Sus alas
no pueden volar.
Porque borrados están
los trazos del aire
sobre el papel
que soplaste...

Su boca,  como en 1989,
no puede alabar
ni dar
su apretado beso
carnoso
y sensual...
Se va esfumando
el borde
de su carne...
Línea por línea,
sábado a sábado,
desaparece...

 

 

 

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