VAMOS,

abriendo nuestros pechos,

a recibir el calor

que tenemos para el otro.

Uniendo nuestras manos

a entregarnos las luces

de los ojos

y la sublime ternura

que llena el corazón.

Vamos  a compartir

nuestra agua interior

y sus tibiezas...

olvidando el pulso y los talones,

el aire y los que ahora matan

por embarrilar petróleo

a sus bolsillos.

Vamos a extender palomas,

a volar

de Guaynabo a Luquillo

            mirando el mar...

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